Charlas de quincho

Secciones Especiales

El final del viaje de Alberto Fernández a Europa y el comienzo del de Cristina a Cuba alimentaron charlas de fin de semana. Un cumpleaños femenino deportivo aportó datos sobre el futuro del macrismo. Expectativas por la grilla de funcionarios que no termina de completarse. Quejas en el agro a la orden del día y el impacto por el comienzo del año impositivo.

Primera experiencia de esta administración con Presidente y vice en el exterior tras dos meses del Gobierno de Alberto Ángel Fernández. También, la muerte del juez Claudio Bonadio en medio de una ola de calor y fuertes tormentas sacudieron el tablero de las reuniones sociales, pero más aún de la producción, en más de un caso jaqueada por el clima, aunque parece haberse cortado ahora la sequía que afectaba buena parte del país. También la inédita irrupción de Horacio Verbitsky en temas energéticos que podrían complicar más aún al titular de YPF, Guillermo Nielsen, generó muchas suspicacias. Y si bien las temperaturas extremas no impidieron la cantidad de quinchos que siguen sucediéndose en ambas costas (la bonaerense y la oriental), el termómetro que, en Buenos Aires llegó a superar los 40° C de térmica, siguió recalentando algunos ambientes como el docente, que ya comenzó las negociaciones para el nuevo año lectivo 2020, o el campo, que sigue en estado de alerta y con asambleas en varios puntos del país. Veamos.

Si bien las lluvias en gran parte de la Pampa Húmeda sirvieron para descomprimir parte del malhumor de los productores, igual se mantiene el estado de alerta y las asambleas por la fuerte carga fiscal, que incluye las últimas medidas que en esa materia vienen tomando varias provincias (además de la Nación). Así se sintió este fin de semana, por ejemplo, en San Nicolás, donde se realizó un nuevo tractorazo en protesta tanto por el incremento de las retenciones, como por la falta de respuesta a problemas concretos de parte de las autoridades nacionales, en especial, en cabeza del titular de Agricultura, el chaqueño-formoseño Luis Basterra, quien ni siquiera puede aún completar su gabinete, y menos todavía, incidir en algo de la política económica hoy prácticamente circunscripta a los problemas de la deuda (Guzmán) y con el poco espacio que queda cooptado por Matías Kulfas (Producción). El temor de los principales dirigentes nacionales (también con muchas diferencias entre ellos) es la escalada totalmente inmanejable (por parte de ellos) que se daría si se concreta la suba de los otros 3 puntos en las retenciones, que el Gobierno ya tiene autorizados, y que se rumorea en todos los rincones agrícolas, llevando a la soja otra vez a 33%, nivel que tenía antes de que asumiera Mauricio Macri en diciembre de 2015, con 15% para el trigo y el maíz. El otro rumor del fin de semana, que no desmiente a este, habla de algún “recorte” para productos de economías extrapampeanas, seguramente más propiciado por los gobernadores, en especial los norteños, que por los propios funcionarios nacionales, pero con la suba para los principales rubros para compensar.

También los agroindustriales están inquietos, en especial las alimentarias, que tuvieron un encuentro catártico la semana pasada en Copal, presidida por Daniel Funes de Rioja. El caso es que las empresas formales enfrentan, además de la competencia por la fuerte irregularidad fiscal, los mayores costos inflacionarios, con fuertes restricciones operativas para exportar, y con un mercado interno que sigue sin mostrar mayores síntomas de recuperación, a pesar de los “esfuerzos” del ministro Daniel Arroyo para darle a la tarjeta social una entidad de reactivación económica que no manifiesta hasta ahora. Lo que si es “trend topic” son las formas que ya se habrían encontrado para burlar el sistema de la tarjeta, y hacerse con el dinero “cash”, repartido entre beneficiarios y comerciantes minoristas, un clásico argentino.

En todos los quinchos se esperaba que con el retorno de Alberto Fernández esta semana a la presidencia, muchas cosas comiencen a ordenarse y, en especial, se completen las grillas de funcionarios faltantes en distintos despachos y reparticiones. Además de los ministerios, donde varias secretarías están sin aprobar (en la mayoría están elegidos los funcionarios, pero falta el OK), otros organismos corren la misma suerte. En el sector bancario, por caso, recién estos días se conoció el directorio del BICE con Miguel Peirano, Ignacio De Mendiguren, o Carlos Brown, entre otros, pero no corre la misma suerte el Bapro que, aunque ya tiene designado presidente (Juan Cuattromo), falta completar los sillones de directores, incluyendo los 3 sitios de la oposición, además del lugar que ocupaba el ahora ministro de Transporte, Mario Meoni, por lo que toda la parte decisoria está sensiblemente atrasada. Tampoco la ministra de Vivienda y Hábitat, María Eugenia Bielsa, parece tenerlas toda consigo. Es que además de los nombramientos que tiene en “lista de espera” para oficializar, tendría que aceptar la imposición para que el controvertido dirigente Juan Grabois se haga cargo también de otra de las secretarías de su estratégica cartera, después de haber logrado la designación en otros dos cargos para gente de su equipo.

Las tensiones, obviamente, no son patrimonio exclusivo de la Nación. De hecho, en la provincia de Buenos Aires son un secreto a voces las diferencias que estaría teniendo el otra vez intendente de la populosa La Matanza, Fernando Espinoza, con distintos miembros de “las fuerzas vivas” locales, mientras que en CABA, el reelecto jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, sigue con la “ingeniería” (¿2023?) de reunirse con distintos representantes políticos fuera del PRO, mientras debe absorber forzadamente parte de la tropa desperdigada por los fracasos a nivel nacional y bonaerense. Esto mismo está complicando a la flamante titular del partido, la exministra Patricia Bullrich, quien enfrenta una tarea para nada menor ya que, por un lado, intenta neutralizar el “salto en garrocha” de dirigentes del Pro de distintos distritos que intentan desembarcar en la Capital, pero también, necesita evitar la aparición de nuevas expresiones moderadas que no están mostrando hasta ahora ninguna vocación de alineamiento con el macrismo (además de Juan José Gómez Centurión, José Luis Espert, etc. que ya se habían alejado antes de las elecciones del año pasado), y que ahora sostienen que no es posible “alinearse al fracaso”…

El macrismo boquense más íntimo, algún que otro agregado y el mundo partidario se dejó ver el fin de semana en el Tattersall para celebrar el cumpleaños de María Inés Belloni, esposa de Daniel Angelici. La dama en cuestión no extraña al fútbol para nada; de hecho, además de presidir una ONG ha trabajado en Boca. Por eso algunos presentes no estuvieron sólo por su marido. Así ficharon en el Tattersall los presidentes de Lanús, Nicolás Russo; Racing, Víctor Blanco; y el vice de Estudiantes, Pascual Caiella, en el mismo lugar que Christian Gribaudo, excandidato a presidente de Boca y varios representantes de jugadores como Adrián Ruocco, y el campeón mundial Jorge Burruchaga junto a Guillermo Coppola. De la política compartieron la noche Cristian Ritondo, Francisco Quintana, Fernando Rovello y Martín Ocampo, entre otros. Allí se habló bastante del futuro de Mauricio Macri que no preside el PRO, cargo que asumió la semana pasada Patricia Bullrich, pero que pretende, sin garantías de éxito, mantener liderazgo. Ese ejercicio que en el verano practicó desde la intimidad de Villa La Angostura (con los errores de ese video ante nequinos macristas que terminó revelando esa frase rotunda sobre su preocupación por el final del crédito para la Argentina que desató la crisis) y continuará ahora en sus oficinas de Olivos tiene varios frentes de batalla. Los radicales protagonizan uno. El mendocino Alfredo Cornejo se sinceró más de lo habitual esta semana al pedir la jefatura de Cambiemos: “El radicalismo tiene que conducir el frente. Sólo nosotros en la oposición podemos conducir”, Sacudió a la alianza de partidos con ese pedido imposible que en realidad hoy más que apuntado a Macri, está dirigido a Horacio Rodríguez Larreta, que tiene en sus manos más chances de futuro que el expresidente. Todo eso pasaba entre las mesas mientras circulaban salmón, cordero y luego se preparaba la mesa dulce y el cotillón.

La semana política que se viene estará teñida de economía por donde se la mire. Por eso los quinchos del fin de semana estuvieron ocupados, por donde se revisara, por discusiones y cálculos sobre la licitación de los tres títulos que el Gobierno saca al mercado para recaudar los fondos que necesita para cancelar el jueves el AF20 y las chances de que eso se logre o no. Se argumentó en medio de asados que si el Ministerio de Economía hubiera habilitado ingresar a la licitación de los tres bonos del Tesoro nacional ajustados por CER, Badlar y dólar que se hará hoy directamente con el AF20, el mercado y el Gobierno se hubieran evitado un dolor de cabeza. Está claro que el margen de maniobra de Martín Guzmán en esto es bastante mayor que el que tuvo Axel Kicillof con el vencimiento de u$s250 millones que al final terminó pagando: en ese caso se trató de una emisión bajo legislación de Nueva York y en el AF20, estamos hablando de ley local. Ese dato que aporta un ingrediente que intranquiliza, debe sumarse a una información clave que dio Ámbito Financiero el viernes pasado: el Banco Central no recibió pedido alguno de asistencia al Tesoro para afrontar el pago de los casi $100.000 millones por el vencimiento del jueves del AF20. Por lo tanto, la plata debe buscarla el Gobierno en otro lado y no existe caja disponible en Estado para semejante disponibilidad. Esos pensamientos fueron acompañados de números sobre la pérdida que significa no poder entrar a esa licitación con el AF20 uno a uno, como pedía el mercado. La realidad, como explica hoy este diario, es que la suerte del bono que vence estará atada a la licitación de hoy. De lo contrario el Gobierno amenaza hasta con un reperfilamiento al juez, pero siempre en la estrategia de Guzmán de no caer en la misma situación que vivió Kicillof cuando debió pagar.

No solo de deuda habla el mundo económico, sino también de agendas. Alberto Fernández cumple hoy 60 días en la Presidencia y ya comienzan a computarle el ritmo de cumplimiento de su agenda. Por ejemplo, se supo esta semana que se apura el Consejo de Seguridad, órgano que, más allá de la función de coordinación en esa materia para el que se lo pensó, deberá actuar como nivelador de las internas que existen en el Gobierno entre las posiciones de los ministerios nacionales, el bonaerense y los ruidos que provocaron las declaraciones de Sergio Berni sobre las que el propio Alberto Fernandez tuvo que involucrarse. No son temas que parece que esperarán hasta abril. De hecho antes que esa fecha pueden desembarcar en el Congreso la reforma judicial que Comodoro Py (ahora sin Claudio Bonadio) mira de reojo desde diciembre y los posibles cambios al Código Penal y desde la semana pasada las leyes (porque no habrá un solo proyecto) sobre legalización y despenalización del aborto. En estos puntos Alberto F, tras el anuncio desde París, se cerró en el nucleo de más confianza de su Gobierno y por eso le encargó la tarea de redacción a su secretaria Legal y Técnica, Vilma Ibarra. Alberto Fernández no quiere repetir errores recientes: la posición del Presidente en este tema no es la misma que tuvo Mauricio Macri, quien hizo la convocatoria al debate y luego dejó que la mitad de su gobierno militara con los pañuelos celestes en la mano. Como estrategia política, esa decisión de Macri de habilitar el debate sobre el aborto fue un desastre. No solo porque el presidente terminó no involucrándose en el proceso, sino que quedó claro que lo hizo por la conveniencia de lanzar ese debate, sin convencimiento personal y mucho menos con la falta de colaboración de casi todo el PRO, que en lugar de entender la necesidad política de su jefe prefirió abrazarse a sus compromisos con la Iglesia y el conservadurismo mas cerrado. Para muestra sobra el papelón de Gabriela Michetti en el Senado cuando festejó sin cuidarse siquiera de cerrar el micrófono el haberle puesto el cierre a la posibilidad de legislar sobre el aborto. Ni Michetti, ni muchos otros integrantes del PRO entendieron nunca el costo político que estaban pagando frente a amplios sectores de la clase media que, más tarde también decepcionada por la economía abandonó a Juntos para el Cambio. Michetti, de todas formas, tuvo suerte y más allá del abandono evidente que le hizo el PRO por los errores cometidos durante su viajera gestión como vicepresidenta, no tuvo que pagar costos extra. Tampoco judiciales, por lo menos por ahora, mientras los secretarios de cada area de Cristina de Kirchner en el Senado continuan investigando unos 1000 nombramientos y concursos de todo tipo que se hicieron en los últimos meses de la era Michetti. En ese número se incluye lo que el Senado conoció como el “Grupo Hijos”, que reúne a los vástagos, novias, exnovias, de funcionarios que pasaron por distintas áreas, (como la mega Dirección de Prensa del Senado que hasta tiene un canal de televisión propio) y de otros que aun están y conviven con sus familiares a los que lograron introducir en las nóminas salariales del Senado durante la administración de Cambiemos. Sobre todo eso se investiga ahora.

Vamos a terminar con un cuento de animalitos habilidosos:

Un alemán, un francés y un argentino participan en un concurso de aves. El alemán lleva un halcón, le saca su capucha y lo suelta a volar. Cuando el halcón alcanza la altura suficiente, el alemán saca del bolsillo una pajita del bolsillo y la tira al aire. El halcón baja en picada alcanzando una velocidad de 120 km/h y recoge la pajita antes de que ésta caiga al suelo. Le dan un puntaje de 8 puntos. El francés lleva un águila real, le quita la capucha, la suelta a volar y, cuando está bien alto, saca una pajita, la parte en dos y arroja los dos pedazos al aire. El águila baja en picada a 160 km/h y logra recoger los dos pedazos antes de que toquen el piso. Le otorgan 9 puntos. Le toca el turno al argentino, que llevó un lorito. Le quita la capucha, lo suelta a volar y, luego de que alcanza una altura impresionante, baja en picada alcanzando la vertiginosa velocidad de 220 km/h. El argentino se entusiasma, saca una pajita, la parte en tres y arroja al aire los pedazos. Entonces el loro, a 20 metros del suelo y desesperado, le grita: “¿Qué hacés, boludo? ¡Poné un fardo entero que me mato!”.

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