Charlas de quincho

Secciones Especiales

Expectativa de uno y otro lado del río por el camino que tendrá la renegociación de la deuda. Cumbre del albertismo más cerrado en Olivos para despedir a amigos y festejar cumpleaños santificado. En la city porteña un almuerzo reservado hizo cuentas sobre lo que le cuesta al país el coronavirus chino y cómo vendrá el segundo round en jubilaciones. Fiesta en Leones.

Igual que el clima, los humores se siguen recalentando en días cada vez más vertiginosos, y sin tiempo para el respiro, a pesar de que algunos sectores de la ciudad ahora aparecen casi más vacíos que en enero. Pero las idas y vueltas siguen a la orden del día, y con las indefiniciones políticas el cada vez más complicado sector empresario no atina siquiera a reaccionar. Una inflación oficial bastante más baja que la prevista generando suspicacias; sectores de la oposición casi en pie de guerra tras los cambios impuestos a la clase pasiva; las protestas otra vez en la calle de la izquierda vernácula contra el FMI, solo sumaron al desconcierto y a la sensación de inmovilidad que rodea al área oficial. Hasta lo que sale bien, como la distendida reunión en Brasilia entre el presidente brasileño Jair Bolsonaro, con el canciller argentino Felipe Solá, en la que el mandatario aceptó finalmente reunirse con Alberto Fernández el próximo 1 de marzo en Montevideo, durante la asunción ahí de Lacalle Pou, solo agregó desasosiego al trascender que Fernández, que ese día debe dar el discurso más estratégico desde que asumió, al inaugurar las sesiones Ordinarias del Congreso, pareció no dispuesto a “apretar” su agenda para reunirse en Uruguay, aunque sea a la tarde, con los otros presidentes de la región. Todo en medio de recambios quincenales, turistas que van y vienen, y asados varios también alentados por las muy altas temperaturas de este segundo mes del año. Uno de ellos fue en la Residencia de Olivos, donde Alberto Fernández volvió a juntar a sus amigos íntimos, como se llama a ese grupo más cerrado del albertismo, con doble finalidad: despedir a dos que parten como embajadores y festejarle por anticipado (algo que las brujas dicen que no se debe hacer) el cumpleaños a otro.

Asado de doble propósito en la Residencia de Olivos. Alberto Fernández sigue cultivando el grupo de 10 amigos íntimos que recibe cada tanto en Olivos y que son, por devenir histórico y por práctica política actual, lo más cercano a la definición pura del albertismo. Quienes se sientan allí pueden ver al Alberto F. más distendido, sin pose alguna. El sábado a la noche se prendió la parrilla de Olivos para cumplir con el rito de despedir a Jorge Argüello que parte a Washington y a Alberto Iribarne que tiene destino en Uruguay. Ambos embajadores integran ese círculo cerrado que también se dedicó el sábado a festejarle por anticipado, hacia las 12 de avanzó con brindis, el cumpleaños a Eduardo Valdés, uno de los más cercanos a Cristina de Kirchner dentro de ese grupo. En esas reuniones, todos coinciden, los temas de discusión cada vez se centran más en cuestiones diplomáticas. No es para menos: los dos embajadores están en funciones y Valdés funge como si lo fuera en relación a temas sacros. Hubo asado y vino salvo para el Presidente que está tomando casi como una obsesión el gusto por una gaseosa light con gusto a limón. Como le cuidan la dieta todos le respetan la elección, pero el resto no se priva del alcohol. Allí se habló de la oferta de Jair Bolsonaro a un encuentro en Montevideo durante la asunción de Luis Lacalle Pou. Alberto F. tuvo la excusa perfecta para mantenerse lejos de ambos eventos que al argentino no lo subyugaban: el mensaje ante la Asamblea Legislativa en su primer apertura de sesiones ordinarias. Podría haber cruzado el río a la tarde, pero la excusa está. Se afirmó también allí que eso no implica que más adelante vaya a haber seguramente una cumbre (tanto con Bolsonaro como con Lacalle Pou) pero no tan rápido como se habló cuando Felipe Solá visitó Brasilia. Entre mollejas también se habló de números y de las condiciones con las que Martín Guzmán negocia la deuda ahora, por ejemplo, sin intereses acumulados como sucedió en reestructuraciones de deuda en el pasado y sin el peligro (por definición ya de la Corte Suprema de EE.UU.) que los fondos activos y reservas de la Argentina puedan ser embargados, como sucedió en la pelea con los holdouts. Alberto F. está bastante obsesionado también con el tema tasas de interés. A Miguel Pesce, amigo cercano del Presidente sentado en esa mesa el sábado por la noche, le machaca continuamente que debe presionar a los bancos para que bajen las tasas de interés que cobran por financiar saldos con los plásticos. Prometió que en breve, no se sabe si antes o después de su viaje a Riad donde Pesce debe participar de una cumbre del G-20, habrá noticias. La mesa se complicó con el jefe del bloque de legisladores porteños, Claudio Ferreño, el secretario de Culto Guillermo Olivieri; el secretario general de Presidencia, Julio Vitobello, el síndico general de la Nación, Carlos Montero y el director del Banco Nación, Raúl Garre.

Mientras la “alta política” mantiene en vilo a los principales funcionarios, al punto que aún no logran destrabar cantidad de nombramientos que, según algunos, es la causa que impide mostrar resultados más rápidos (dicen que la vicepresidente Cristina de Kirchner “escanea” a cada uno de los candidatos); para la gente las novedades de la semana se centraron en prácticamente dos temas: por un lado, el nuevo esquema de aumentos de las jubilaciones que transfiere recursos de los que más cobran (y más aportaron), hacia los ingresos más bajos, y la inflación oficial de enero que con su 2,3 % se ubicó por debajo de las expectativas que tenía el sector privado. Tal fue la controversia que hasta tuvo que salir el nuevo titular del organismo, Marco Lavagna, para explicar que la estimación se había hecho con la misma metodología y hasta el mismo equipo de su antecesor, Jorge Todesca, que está sindicado como quien logró recuperar la vapuleada credibilidad del INDEC. Igual en los quinchos seguían las discusiones, de un lado y de otro. Sin embargo, uno de los argumentos menos escuchado para justificar el bajo nivel del índice pasaba, llamativamente, por la caída de la actividad económica, la pronunciada baja de la demanda de consumo y la cantidad de ofertas (2 X 1; 3 X2; Black Friday, etc., etc.) que perforan cualquier cálculo lineal ortodoxo. Igualmente, contra los que sostienen que los datos de este febrero van a volver a rebotar, se ubican los que argumentan que el acuerdo de precios total que se suscribió con la secretaria de Comercio Interior, Paula Español, recién se completó en enero avanzado, por lo que el impacto positivo completo dará a partir de este mes, y el alcance, en varios rubros con harinas, llega hasta abril.

En un muy discreto almuerzo en plena City porteña, gazpacho de palta y pepino, y ojo de bife mediante, un grupo de empresarios muy ligados a la exportación discutían días atrás sobre los problemas de la caída del mercado interno, pero también sobre las limitaciones que siguen teniendo para exportar, a las que se suma el crecimiento del problema que sigue irradiando desde China por el coronavirus, que aún no se sabe cuándo ni cómo termina, pero que además de los temas de salud pública, ya está pegando fuerte en varios mercados con caídas de demanda y precios. No solo ahí, los hombres de negocios decían que China ocultó durante casi un mes la cuestión, y otro tanto hizo luego la OMS (Organización Mundial de Salud) durante otras 3 semanas, lo que ya está siendo fuertemente cuestionado desde distintas partes del mundo por la irresponsabilidad en la pérdida de tiempo para atacar el mal. Ahí se supo, además, que por ejemplo los asiáticos toman muy poca leche en sus casas, pero sí lo hacen y en cantidad, cuando salen (desayunos, helados, etc.), pero como ahora deben quedarse en sus domicilios para evitar expandir el contagio, la demanda de lácteos cayó en forma marcada y con ello los precios de exportación que retrocedieron entre u$s300 y u$s350 por tonelada. Respecto a cuestiones más locales, también comentaban que el nuevo decreto “congelando” por 180 días los nombramientos públicos va a impedir completar las grillas de funcionarios que, en algunas áreas, aunque los funcionarios están propuestos, no tienen aún aceptación oficial y, por ende, están sin nombramiento ni firma, lo que viene atrasando cantidad de gestiones operativas.

QUINCHO Elvio Laucirica, titular de Coninagro Buenos Aires, y el vicepresidente Norberto Niclis, con las reinas del Trigo en Leones.jpg

La Fiesta del Trigo en Leones, Córdoba, dio también mucha tela para cortar, entre otras cosas, porque allí se pudo palpar directamente el malestar de los chacareros por la política impositiva. “Le ingresamos divisas por un récord de 2 millones de toneladas de trigo en diciembre y más de 3,5 millones de toneladas en enero, y no logramos siquiera que nos contesten los pedidos de audiencia”, se quejaban, mientras algunos funcionarios hablaban de la “eventual” necesidad de “garantizar la seguridad alimenticia” (sic), lo que remitía a los productores a otros tiempos absolutamente olvidables y no contribuía, justamente, a calmar los ánimos recalentados, justamente en una temporada en la que la cosecha de trigo fue récord, a diferencia de otros granos. Obviamente, la debacle del Grupo Vicentin (que podría tener una definición clave el próximo 6 de marzo cuando se expida el juzgado) fue tema de múltiples corrillos, entre otras cosas, por el fuerte golpe que le da a la provincia de Santa Fe cuyo gobernador, Omar Perotti, aún no se expide al respecto a pesar de que, como adelantó el viernes este diario, el impacto directo sobre la economía de productores y acopios supera los u$s600 millones (u$s350 millones por deudas, y el resto por caída de precios ante la falta de competencia), y por los desequilibrios en la logística por los altos volúmenes que la firma ahora en problemas manejaba en plena cosecha (más de 1.000 camiones diarios), temas que podrían atenuarse en parte si se les permite trabajar a “fasón” (para terceros). Por supuesto que el floreo de algunos de los directivos santafesinos por el Cantegril de Punta del Este durante enero (seguían presentados vinos de su bodega boutique), o el hecho de que entre los activos de la firma que, dicen, no alcanzan para cubrir las deudas, no aparezcan ni la algodonera, ni el frigorífico que estarían asentados en otra sociedad, tampoco está cayendo bien entre los acreedores agrarios.

En un asado en una estancia cercana al predio de la Fiesta, también se comentaba mucho sobre el efecto dominó sobre otros eslabones, en especial de la comercialización, jaqueados por las deudas impagas y lo que se agrava la situación en épocas de plena cosecha como las que se avecinan. El caso es que el rebote va teniendo derivaciones inesperadas que en algún caso tocan a la propias internas de las entidades del campo ya que los más afectados son sus representados, en especial, en el caso de las cooperativas, una de las cuales aparece entre las principales acreedoras, detrás del Banco Nación, con más de u$s100 millones, y que a pesar de ello parece que hasta ahora no logró mayores gestiones de parte de los dirigentes cooperativitistas nacionales, lo que, dicen, también podría derivar en una nueva fractura interna a no muy largo plazo.

Vamos a terminar con un chiste de una categoría clásica.

Una rubia llamativa y exuberante, con un vestidito corto y muy ajustado, está esperando el colectivo. Cuando éste llega ella se dispone a subir pero, al tratar de hacerlo, comprueba que tan ajustada está su vestimenta que no logra poner una pierna en el primer escalón del vehículo. Entonces, tras hacerle una sonrisita tímida al chofer, lleva su mano detrás de su cuerpo para bajar un poco el cierre relámpago del vestido. Sin embargo, cuando vuelve a intentar el ascenso, advierte que tampoco puede levantar la pierna. Tras volver a sonreírle al conductor, la rubia vuelve a bajarse el cierre, pero la tentativa sigue siendo vana. Ya bastante alterada, prueba otra vez, también sin resultados, cuando inesperadamente un hombrote de un metro ochenta, que estaba detrás de ella esperando para subir, la toma por la cintura, la alza y la deposita en el interior del colectivo.

-¿Usted se volvió loco? -le grita entonces la rubia, furiosa-. ¿Cómo se atrevió a tocarme?

-Señorita, yo estaría de acuerdo con usted -le responde el hombrote-, pero después de que me bajó tres veces el cierre de la bragueta creí que ya éramos amigos.

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