''Confieso que me he divertido''

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Escribe Máximo Soto

¿A dónde mandó sus hijas a pasear el hombre más poderoso del mundo? A la Argentina. Y las chicas quisieron venir. Por algo debe de ser. Se juntó la seguridad con el charme del país. La atracción por lo pintoresco con el hecho indudable de que la Argentina está de moda», explica Gabriel Mysler.
Recordar cómo el hecho de que les robaran un celular permitió saber que las gemelas Bush estaban de vacaciones en Buenos Aires lleva a Gabriel Mysler, presidente del directorio del diario «Buenos Aires Herald», a ofrecer una versión alejada de la rutinaria de «un ejemplo más de la inseguridad que nos acosa».
A cada instante Mysler pone en evidencia su inteligencia, la creatividad y la contundencia de sus razonamientos. «Las mellizas Bush dieron la clave de lo que es hoy la Argentina a nivel turístico, anduvieron por todas partes con absoluta tranquilidad, como hubieran podido hacerlo en Barcelona o en alguna ciudad de Estados Unidos, pero no en la ciudad de México, ni en Rio, ni en Bogotá. Pasearon por Puerto Madero, por San Telmo, por La Boca, compraron cosas en Palermo Soho y se fueron a vivir a Palermo Hollywood, sin problemas. Si un ratero de cuarta pudo acercarse y robarle el bolso a Jenna, el problema es para los muchachos de la CIA o el FBI que parecían muy entretenidos viendo pasar porteñas rutilantes. ¿Adónde fue de vacaciones el príncipe Harry? A la Argentina. A la mayoría no le roban el celular y por tanto no sabemos que están en la Argentina. Vienen a pescar truchas, a cazar, a jugar al polo, como Tommy Lee Jones, o Bill Gates a la Antártida. Tipos como Luciano Benetton o Ted Turner -con o sin Jane Fonda- descubrieron las virtudes turísticas del país mucho antes que nosotros.»

REFLEXIONES
A Gabriel Mysler se lo puede identificar con lo que proclama como esencia del diario que conduce, «ve la Argentina en un contexto mundial». Eso le permite reflexionar sobre el pasado, el presente y el futuro del turismo en nuestro país, hacer elogios y críticas, cuestionamientos y estimulantes propuestas. «El boom del turismo en la Argentina no es casualidad. Es la consecuencia de ser la única área en la que, en los últimos diez años, se trabajó como política de Estado más allá de cualquier cambio. De Hernán Lombardi a Enrique Meyer, pasando por Daniel Scioli, nadie salió a cuestionar 'la herencia recibida' y a descartar lo realizado. Así fue como se logró posicionar a la Argentina como destino.»
Para el ingeniero Mysler, «la devaluación ayudó, pero no fue todo. Si bien los hoteles ya están a precios internacionales, sigue siendo más barato que en otros lados comer o hacer shopping, pero los turistas no vienen por eso, vienen por lo distinto, porque -por más que haya que resolver problemas de seguridad- éste es un país tranquilo, donde no van a sentir los miedos que sentirían en ciudades de Europa y Estados Unidos, que no tiene la criminalidad de otros países de Latinoamérica. De cualquier modo, estamos ante un cuello de botella complicado. No se está invirtiendo en infraestructura. Se están haciendo hoteles, pero no hay manera de llegar a ellos, faltan aviones, vuelos que conecten, y las locadoras de autos aún no tienen la fuerza que deberían tener, y las autopistas y los lugares de peaje no tienen indicaciones en otros idiomas, como debería ser. Sin ir más lejos, me gustaría que esas indicaciones estuvieran en Buenos Aires por todas partes, en las calles, en los locales, en los taxis, para que los visitantes extranjeros pudieran manejarse sin problemas. Que se sienta que la ciudad es 'turism friendly', amistosa con el turismo».

LA GRAN INGENIERIA
Gabriel Mysler tiene una forma de hablar suelta, abierta, que hace del diálogo una fiesta. «Siempre busqué divertirme con lo que hago, y cuando me aburro me voy», sostiene, y da como ejemplo cuando fue publisher de «El Gráfico» y propuso que se convirtiera en un diario, como sería mucho después «Olé». Como no interesó su propuesta, saludó a Constancio Vigil y renunció a Atlántida. Antes había dirigido revistas de informática, de hotelería, de computación, y esa vez puso una consultora, «donde sumé como clientes a IBM, Toshiba, Bonafide, entre otros». Siguió en eso hasta que se enfrentó a la propuesta del «Buenos Aires Herald».
«Por primera vez se buscaba a alguien que no fuera anglo, debo ser el primer gerente general del 'Herald' cuya madre y cuyo padre, como lo confirman mis apellidos, lo más cerca que nacieron de Inglaterra fueron unos cinco mil kilómetros». Mysler no tendrá ancestros ingleses, pero cultiva un humor muy británico, una ironía que va de lo reticente a lo cáustico, sin dejar de lado los condimentos sarcásticos criollos y la mordacidad proveniente de sus antepasados centroeuropeos.
Los ingenieros, explica, aprenden a hacer modelos, «eso les permite adaptarse a los cambios de la realidad, a los paradigmas nuevos; por esto no es casual que haya ingenieros como gerentes generales de empresas en la Argentina», sostiene y de pronto salta a la humorada: «Aunque acaso esto se deba a que, como dicen Pinky y Cerebro, ¿qué vamos a hacer?, vamos a dominar el mundo».
«Mi tarea en el 'Herald' -explica con la displicencia de quien ha cumplido con los objetivos- es hacer que funcione, que crezca, que se adapte a los nuevos tiempos, que siga atendiendo a su lector tradicional y agregue otros, nuevos. Estamos apuntando a la próxima generación que puede leer el 'Herald', que hoy tiene treintipico y cuando llegue a los cuarenta estará inserta en el mundo internacional.»
Según Mysler, en los últimos tiempos se ha extendido en el país la conciencia en la ciudadanía en general de que el turismo es una industria fabulosa. «Habría que ser muy ciego para no darse cuenta. Llego en un viaje a Ezeiza y hay tres filas. Una para argentinos, otra para el Mercosur y otra para extranjeros. Yo paso como por un tubo, somos pocos. En cambio, la fila de extranjeros es larguísima. Darnos cuenta de esto que está ocurriendo nos impone un gran desafío. Hay que corregir iniquidades, como que los extranjeros paguen más por los mismos servicios. Si cuidamos a cada turista que llega nos recomendará a veinte. Hay que tentarlos para que vuelvan. Mostrarles que somos mucho más que vinos, carne, tango, que nuestros paisajes no se terminan de ver en una visita, ni en dos, ni en tres. Tenemos la oportunidad de hacer del turismo nuestra primera industria. Si el boom deja de ser un boom y se ratifica como una política de Estado podremos superar los cuellos de botella, decidir cuáles son los puntos estratégicos y no dejar de avanzar.»

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