14 de marzo 2008 - 00:00

''Cuando me gusta una ciudad, elijo volver''

Cuando me gusta una ciudad, elijo volver
La Argentina es un país hermoso. Tuve la suerte de recorrerla bastante. Hay una sola provincia que no conozco: La Rioja. Y de todas, la que me encanta es Santiago del Estero. Allí estoy cómodo y feliz», dice el reconocido actor Rodolfo Ranni, protagonista de éxitos de la televisión, el cine y el teatro. Lo que más le gusta de la mencionada provincia no son las Termas de Río Hondo, tal vez el destino turístico santiagueño más posicionado, sino Santiago capital: «Viajé mucho durante todo el año pasado -ofrecía shows musicales-, y tengo excelentes amigos. Allí me siento como en casa. Creo que, en el fondo, soy un poco santiagueño. Será porque los santiagueños y yo tenemos el mismo ritmo y porque nos encanta dormir la siesta...»

Periodista: Ahora que prota-goniza una tira de tevé diaria
-«Por amor a vos»- y trabaja en teatro -«El tenor»-, ¿extraña la siesta?

Rodolfo Ranni: No, porque duermo siesta todos los días. No puedo vivir sin la siesta. Tengo mucha actividad, pero el nivel de trabajo no es terrible. Acomodamos los horarios y me queda tiempo libre. Siempre me las ingenio para acostarme al menos media hora. Si puedo volver a casa, bárbaro. Si no, me recuesto en el camarín antes de empezar la función.
P.: ¿Es una costumbre que adquirió de chico, cuando vivía en Trieste, Italia, su ciudad natal?
R.R.: Nooo, como todos los chicos, odiaba la siesta.
P.: ¿Tiene buenos recuerdos de sus primeros años de vida? ¿Tuvo posibilidades en esa época de conocer algunos países vecinos?
R.R.: De mi infancia tengo los mejores recuerdos. Me acuerdo de todo y todo el tiempo. Además, me gusta recordar. Creo que una de las mejores cosas que tiene el ser humano es poder recordar. A pesar de que mi infancia fue en época de guerra, fui feliz. Vivíamos en Trieste, al nordeste de Italia, con mis abuelos, mi mamá y mi papá, mis hermanos. En esos años uno no pensaba en irse de vacaciones. Pero yo vivía enfrente del mar (Adriático) y en verano íbamos a la playa todos los días. Durante el invierno nevaba y también la pasábamos muy bien. Sentía que me iba de vacaciones cuando visitábamos el campo de mi abuelo. Tenía 10 años cuando nos mudamos a la Argentina.
P.: Vivió algunos años en España, ¿cómo fue la experiencia?
R.R.: Mientras conducía el programa de cocina -«Rodolfo Ranni en su salsa»- pude concretar el viejo proyecto familiar de vivir en el exterior. Venía por algunos días a Buenos Aires, grababa varios programas y volvía a Madrid. Fue una experiencia maravillosa que se prolongó por cuatro años.
P.: ¿Por qué eligió España?
R.R.: Por el idioma. Porque mis hijas tenían que seguir estudiando. La idea era tener la experiencia de vivir en otro país. Creo que es bueno mantener otra perspectiva del mundo. Vivíamos en Majadahonda, un lugar hermoso ubicado cerca de La Moncloa, en Madrid. Allí estuvimos con mi mujer Silvia y mis hijas Victoria y Carolina durante cuatro años. Carolina, la menor, que empezaba el secundario, fue a la que más le costó adaptarse. Pero fue bueno para todos. De viaje de egresados, Caro se fue a Florencia, y actualmente está allá visitando a sus amigos. Fue una buena época, con muchos viajes. Nos fuimos en abril de 2001 y las chicas empezaban el colegio cerca de fin de año, es decir que tenían seis meses de vacaciones. Durante ese tiempo recorrimos muchísimos lugares. Después seguíamos viajando los fines de semana. Ibamos a Venecia vía Francfort, como si fuéramos a Mendoza vía Rosario. He viajado mucho y, por suerte, mis hijas también. Con mi mujer hicimos sólo un viaje sin ellas. Recorrimos Nueva York, Roma y París.
P.: ¿Suele repetir destinos? ¿Conoce, por ejemplo, algo de Asia o Africa?
R.R.: De chico viajé a Dakar, Senegal. Pero en general no elijo países de esos continentes. La verdad es que siento que el mundo es muy grande, y cuando me gusta un lugar, elijo volver.
P.: ¿Por qué vuelve?
R.R.: Cada uno vuelve por cosas distintas. A mí me atrae, por ejemplo, regresar a los restoranes en los que comí bien. Cuando llego a Nueva York, lo primero que hago es irme a la pequeña Italia, para almorzar en Sorrento. Si tengo posibilidades, soy capaz de irme a Italia, a Roma, aunque sea por cuatro días para comer en la Nocetta, en donde soy amigo de los cocineros. También me gusta recorrer los mercados, donde compra la gente. En Roma los levantan en la calle y después del mediodía baldean y todo queda perfecto. Voy a ver qué comen y qué compran los italianos. Camino mucho, me encanta estar en contacto con la gente. Me gusta mucho la Venecia del pueblo, con sus bodegones. Y veo mucho teatro. Una de las obras que más me gustó fue «El Rey León», la versión que dieron en Broadway. Estábamos sentados cerca del pasillo y, de repente, desde atrás, aparecieron los elefantes. Los actores tenían disfraces hechos de alambre. Uno se olvidaba de los actores, veía elefantes, leones, animales.
Ranni habla italiano y se defiende en inglés. Dice que en Marruecos los guías de turismo hablan entre cinco y seis idiomas, y que le impactó especialmente un hotel de altísima gama de Marrakech, el hotel La Maumonia, porque además de ser absolutamente lujoso, todas las mañanas cambian 2.500 rosas rojas que recolectan de sus propios viveros. Reconoce a Madrid en Buenos Aires, especialmente en la Avenida de Mayo; a Francia, en la Recoleta; a Italia, en algunos palacios porteños; y a Inglaterra, en Belgrano residencial. Ahora vive en San Isidro y tiene una chacra cerca de Escobar. Añora los viajes, pero sabe disfrutar el verano en la ciudad.
Entrevista de Silvia Montenegro

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