Del álbum familiar de Andrés Toro

Secciones Especiales

Escribe Fernando Brizuela

El próximo miércoles 1 de agosto se inaugura una exposición de Andrés Toro en la flamante galería Catena, compuesta por un conjunto de siete fotografías color provenientes de su propio álbum familiar, que en una primera mirada rápida y desatenta parecieran ser simplemente un registro fotográfico de un hogar ordenado y feliz, una desteñida ciudad de Nueva York o un bosque nevado en Michigan protagonizado por una luz inexplicable y antigua.
Sin embargo, al detenernos y observar el conjunto, comprendemos que fueron tomadas en los años 70 por el padre del artista como testimonio del bienestar y los sueños de prosperidad de su familia. Al copiar estos negativos olvidados, Andrés Toro se limita a apropiarse de su historia personal como si todas las imágenes ya hubieran sido creadas y no hubiese nada por hacer, burlándose de este modo de las ideas de originalidad y autoría que durante mucho tiempo determinaron la condición de artista. Pero, al copiarlas treinta años después, Andrés Toro no solamente proporciona una dimensión pública a esta memoria fotográfica de su vida privada sino que muestra precisamente todo lo que las diferencia del momento en que fueron tomadas, como toda historia que al contarla pierde su significado original, en una distorsión que enfatiza el desencanto de lo que ya no está.
Al mismo tiempo, como sucede en todo acto de memoria, estas pocas imágenes producidas para vivir eternamente en un álbum familiar, como registro de un momento irrepetible, nos llevan a preguntarnos cómo y cuándo se desvanecieron estas ilusiones para ellos.
Es allí donde radica uno de los aspectos más poderosos del trabajo, porque al mirarlo la pregunta que nos asalta es cómo y cuándo se desvanecieron nuestros propios sueños de prosperidad y realización, de todo aquello que pudimos ser y que no fuimos.

Dejá tu comentario