4 de octubre 2012 - 00:00

Discursos del Siglo XX: "Sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas"

Discursos del Siglo XX: Sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas
Con esta entrega, VIERNES inicia una serie de los discursos más emblemáticos del siglo pasado. En esta ocasión, una pieza oratoria insoslayable de Winston Churchill.



"El pasado viernes por la tarde recibí de Su Majestad la misión de formar un nuevo Gobierno.

Era la voluntad evidente del Parlamento y la nación que ello pudiera concebirse sobre la base más amplia posible y que incluyera a todos los partidos.

Ya he completado la parte más importante de esa tarea. Se ha formado un gabinete de guerra de cinco miembros que representa, con el laborismo, la oposición y los liberales, la unidad de la nación.

Resultaba necesario que ello se hiciera en un día en razón de la extrema urgencia y el rigor de los acontecimientos. Otros puestos claves se ocuparon ayer. Voy a someter una nueva lista al rey esta noche. Espero completar el nombramiento de los principales ministros a lo largo del día de mañana.



URGENCIA

El nombramiento de otros ministros suele durar un poco más. Confío en que cuando el Parlamento se reúna de nuevo esta parte de mi tarea se haya completado y que el Gobierno quede completo en todos los aspectos.

He considerado que era de interés público que el presidente de la Cámara sea convocado hoy. Al final de la sesión de hoy, se propondrá suspender las sesiones de la Cámara hasta el 21 de mayo con posibilidad de volver a reunirse en caso de necesidad. Los temas que tratar en dicha ocasión se notificarán cuanto antes a los miembros del Parlamento.

Invito ahora a la Cámara a manifestar por medio de una resolución su aprobación de los pasos emprendidos y declarar su confianza en el nuevo Gobierno. La resolución:

'Esta Cámara saluda la formación de un Gobierno que representa la determinación unida e inflexible de la nación de continuar la guerra contra Alemania hasta alcanzar una conclusión victoriosa'.

La formación de un Gobierno de esta escala y complejidad es una empresa seria en sí misma. Sin embargo, estamos en la fase preliminar de una de las mayores batallas de la historia. Nos encontramos en acción en muchos otros lugares -en Noruega y en Holanda- y tenemos que estar preparados en el Mediterráneo. La batalla aérea continúa y en el ámbito nacional deben hacerse todavía muchos preparativos.

En esta crisis creo que se me perdonará que no me dirija hoy extensamente a esta Cámara, y espero que cualquiera de mis amigos y colegas o antiguos colegas afectados por la reconstrucción política sean indulgentes con la falta de ceremonia con que ha sido necesario actuar.



LUCHA

Digo a la Cámara, como he dicho a los ministros que se han unido a este Gobierno: no puedo ofrecer otra cosa más que sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas. Tenemos ante nosotros una prueba de la especie más dolorosa. Tenemos ante nosotros muchos, muchos meses de lucha y sufrimiento.

Se me pregunta: ¿cuál es nuestra política? Respondo que es librar la guerra por tierra, mar y aire. La guerra con toda nuestra voluntad y toda la fuerza que Dios nos ha dado, y librar la guerra contra una monstruosa tiranía sin igual en el oscuro y lamentable catálogo del crimen humano. Ésta es nuestra política.

Se me pregunta: ¿cuál es nuestro objetivo? Puedo contestar con una palabra. Es la victoria. La victoria a toda costa -la victoria a pesar de todos los terrores-, la victoria, por largo y duro que pueda ser el camino, porque sin victoria no hay supervivencia.

Téngase por seguro. No hay supervivencia para el imperio británico, no hay supervivencia para todo aquello que ha representado el imperio británico, no hay supervivencia para el estímulo, el impulso de las épocas, que la humanidad debe avanzar hacia su objetivo.

Emprendo mi tarea con optimismo y esperanza. Estoy seguro de que nuestra causa no sufrirá el fracaso entre los hombres.

Me considero con derecho en esta coyuntura, en este momento, a reclamar la ayuda de todos y decir: 'Vamos, avancemos juntos con nuestra fuerza unida'.

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