El arte contemporáneo, sensible a los cambios económicos

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Escribe Ignacio Smith 

El mercado del arte no ha sido ajeno a los complejos cambios del mundo económico como consecuencia de la incorporación de nuevos protagonistas de peso (China, Rusia, la India, Medio Oriente). Algunos, por la dimensión de sus economías y sus tasas de crecimiento, y otros, por ser productores de los recursos que las nuevas circunstancias necesitan. Ello generó una importante relocalización de los centros de acumulación de capital. Así es como comienza a migrar el stock de arte, siguiendo el flujo de las nuevas sendas del poder económico. El más beneficiado por el fenómeno ha sido el arte contemporáneo, por una legislación más libre sobre la circulación internacional de las obras que la que rige para los «Old Masters» y ello se ha visto reflejado en sus precios. Así, una obra de Warhol vale siete veces más que una de Rembrandt, ya que ésta no dispone tan fácilmente de los papeles para viajar.
Esta tendencia se nota en la venta del Rothko de Rockefeller a la familia real de Qatar (previo desembolso de 73 millones de dólares), que ya había comprado obras de Bacon y Damien Hirst. Otro ejemplo es la venta del popular desnudo del pintor Lucian Freud, en 35 millones de dólares, y de «Triptych» de Bacon, perteneciente a la familia Moueix (dueña de la bodega Château Pétrus), por 86 millones. Ambas obras las compró Roman Abramovich, millonario ruso ligado originalmente al negocio del petróleo en su país y considerado hoy el residente más rico del Reino Unido, dueño, además, del club Chelsea de fútbol. Este fenómeno ha generado una demanda sustituta, y al contrario de lo sucedido en la crisis de 1990, cuando el precio del arte bajó 65%, ha permitido una reasignación de las obras sin que por ello se vean afectados los precios, que siguen sólidos.
Mientras algunas ferias del mundo cierran (Düsseldorf Contemporary, Fine Art Frankfurt, Photo London y Flow Art Fair), otras, como Volta en Nueva York, abren enfocadas a stands de artistas individuales. Los nuevos protagonistas desarrollan infraestructuras para contener no sólo el arte internacional, sino su propio y exitoso arte contemporáneo. Esto sucede en China, en el ex distrito fabril 798 de Pekín, un lugar de fábricas abandonadas donde vivían los artistas, convertido hoy en una activa atracción mundial con más de 200 galerías y centros de arte. Es la historia del Soho de Nueva York, que expulsó a los artistas debido a los altos precios inmobiliarios.
China ha desplazado en la actualidad a Francia del tercer lugar en ventas de arte. Dubai se ha vuelto muy importante en los remates, sobre todo para un mercado en pleno crecimiento como es el arte contemporáneo de Medio Oriente. Lo mismo sucede con la India y con Rusia, y Brasil se vislumbra como uno de los futuros protagonistas del mercado por sus condiciones objetivas (economía y petróleo) y subjetivas (la vinculación de su clase dirigente con el arte). Vienen tiempos de cambio, que, como toda transición, generan un conflicto de valores, como el que se está empezando a dar cuando se intenta sustituir la crítica del arte por el precio, para la validación y valorización de las obras. Todo un tema.

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