El campo también abre sus puertas en Luján

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Luján (enviado especial) - Cada rincón de la zona tiene historias para descubrir. Hay sitios en los que las sensaciones se entremezclan y lo más extraordinario de la naturaleza se vislumbra en ese sector único, ubicado a sólo una hora de Capital Federal, que, como muchos otros lugares de la provincia, gracias al turismo extranjero ha vuelto a renacer para mostrar sus bellezas. Hugo Carlos Dematey fue una de las tantas personas que descubrió los placeres del aire puro y de la buena cocina casera y decidió unirlos hace seis meses en un restorán y casa de campo llamado Don Carlos.
La idea nació de sus experiencias durante los veranos en los balnearios de Pinamar.
Y hace tiempo tuvo la posibilidad de comprar un campo sobre la Ruta Nacional 5, en Olivera, partido de Luján, casi en el límite con Mercedes, donde decidió levantar un emprendimiento gastronómico. Así fueron los inicios de Don Carlos, llamado así en honor a su padre.
Dematey propone pasar en este lugar el día en familia, o también en pareja, disfrutando de una jornada diferente. Sorprende al llegar la amplitud y el colorido, propio de la primavera, que ya comienza a vislumbrarse en la zona.
El verde impacta a primera vista. Ya desde la entrada se invita al descanso. En el acceso principal se encuentra una gran piscina (con jacuzzi incluido). Los animales en crianza (caballos, ovejas, vacas y cerdos) llaman tanto la atención como la cancha de tenis, la de fútbol y los juegos para chicos repartidos por el campo.

Sapo y carpincho
Son múltiples las delicias que Don Carlos tiene para ofrecer en el momento del almuerzo. Marcadas las 13, Hugo ya tiene preparada una entrada a base de salame, como también jamón crudo y empanadas de carne. Es llamativo el plato principal: un carpincho cocinado a fuego lento, para después seguir con el asado, todo un ritual de una comida propia del campo, con horno de barro (que llega a una temperatura de 240°, logrando cocinar un lechón en tan sólo 45 minutos). También, para quien prefiera degustar otra cosa, hay pastas elaboradas artesanalmente. Al llegar la tarde, la tradición criolla vuelve a hacer de las suyas: se ofrecen pastelitos y pastaflora con mate.
Y entre comida y comida, quien quiera relajarse tiene muchas opciones: tomar sol en la piscina, caminar, jugar al ping pong o al metegol, o intentar embocar las monedas en el sapo.
Hay que resaltar algo muy particular del lugar, unas cabañas, diseñadas con un toque de buen gusto, que se pueden alquilar para pasar un fin de semana a puro campo. Están fabricadas en su totalidad en madera, con una capacidad de 70 m², un hogar a leña, dos habitaciones, baño, cable, teléfono y cocina comedor, totalmente equipadas y dan la oportunidad de extender la estadía y seguir respirando el fresco aire de Luján.

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