16 de noviembre 2003 - 00:00

El delito como ornamento

Mesitas de Karina El Azem, con la novedosa técnica de perlas de plástico, madera y vidrio.
Mesitas de Karina El Azem, con la novedosa técnica de perlas de plástico, madera y vidrio.
Como en el film «Arsénico y encaje antiguo» (Frank Capra, 1944), donde unas viejitas de inocente apariencia se revelan como criminales, en la muestra que Karina El Azem inauguró la semana pasada, «Delito, orden y ornamento», la violencia aparece retratada con las líneas más puras del diseño, disfrazada bajo un aspecto decorativo. Las imágenes de revólveres, un desfile militar, una familia que huye, las escenas de un robo o de un suicidio, las siluetas de un asesino y una mujer batiendo la cacerola ostentan las formas esquemáticas de los diseños utilizados para la identificación institucional o de los carteles que comunican mensajes para la percepción inmediata, como ésas que de repente nos orientan en la ruta indicando la cercanía de un bar o de una curva peligrosa.
Sin embargo, a la simplificada claridad de estas figuras esquemáticas se contrapone un elaborado trabajo manual. Con la paciencia de los artesanos, El Azem utiliza balas o perlas como si fueran cuentas de colores para configurar las formas. Y el resultado es que la violencia pierde su connotación agresiva. Hasta el año pasado, la artista seleccionaba antiquísimos motivos ornamentales y diseñaba dibujos en radiante mostacilla, obras cuyo sentido se consumaba en su propia belleza. Ahora, su intención es la misma. Con cinismo y un humor en cierto modo macabro, manipula perlas, balas servidas e imágenes de situaciones de riesgo hasta desmontarlas del drama y vaciarlas de contenido, hasta convertir todo ese material en un componente más del ornamento que se aviene a cumplir con su función decorativa.

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