El linaje de nuestros caballos más admirados

Secciones Especiales

En el Corán se lo considera una «bendición suprema», que «trae alegría al mundo, ricos botines y recompensa eterna»; las tribus beduinas del norte lo estimaban un «don del cielo» y, especialmente, una condición sine qua non para sobrevivir al crudo desierto.
Hoy en día, creencias remozadas y necesidades renovadas mediante, el caballo árabe sigue cautivando a quienes montan su elegante figura y experimentan -a trote, galope o carrera- la adrenalina, libertad y fuerza que transmite su linaje supremo. Y no es para menos: mejorador de razas por excelencia, este ejemplar es célebre por su belleza -se distingue por su cabeza exquisita y su porte de cola en alto-, por su vigor -que le permite recorrer hasta 2.500 kilómetros por las zonas más áridas del planeta- y por su velocidad y respuesta r-de la que depend¡a la vida del jinete en los conflictos blicos

Genealogia de nobleza

Cuenta una leyenda que todos los caballos árabes descendían de la yegua que pertenece a Baz, hijo del bisnieto de Noé o, lo que es igual, un descendiente de Adán y Eva. Así, el caballo de raza pura es el más antiguo, y su sangre corre con fuerza por las venas de la gran mayoría de las razas modernas del caballo y el pony. El detalle de su genealogía sentencia que Arabia lo vio nacer, más precisamente en el desierto de Nedjed, hace miles de años. Allí su casta se conservó inmaculada, gracias a los cuidados de los pueblos nómades que habitaban la península arábiga. La arena y el viento hicieron de Él un caballo adaptable a distintos climas y condiciones, su relativo aislamiento en el desierto preservó la raza pura. La invasión musulmana promovió su emigración a España -entre los siglos VIII y XV-, y legó una descendencia notable, en la que se destaca el pura sangre inglés.

Argentino de carrera

A la Argentina, los primeros sementales llegaron en 1892, provenientes de Siria e Inglaterra. Además han sido la base del sangre pura de carrera, los percherones, los anglo normandos, el cuarto de milla, Morgan, lipizzanos e incluso del caballo criollo argentino.
Siglos de convivencia han hecho del caballo árabe un amigo del hombre, a quien no temen. Al momento de la doma, su mansedumbre y docilidad simplifican el trabajo, evitando la palenqueada o el repetido uso del rebenque. Su perfil revela una línea cóncava, frente convexa y orejas pequeñas con una curvatura característica en la punta, hacia el interior. La nariz es pequeña y los ollares amplios, que se dilatan considerablemente y lo convierten en un animal de gran resistencia y capacidad de recuperación debido a que, a diferencia de otros caballos, en carrera respiran por su nariz. Su cabeza refinada, delgada y estilizada, aloja unos ojos grandes y se continúa en un cuello largo, flexible y clásico. De estructura ósea destacada, los árabes lucen un porte de cola personal, elevado, con pelo delicado y sedoso, al igual que las crines. Su pelaje es aterciopelado al tacto; tal es la finura de la piel que, a simple vista, pueden verse sus marcas y las venas. La escasez de pelo alrededor de los ojos y hocico les da el aspecto de llevar maquillaje.
El galope es suave, con una notable libertad de movimientos: el caballo se mueve con ligereza y facilidad sobre el terreno gracias a una buena flexión de sus articulaciones. Sus enormes fortaleza, temperamento, velocidad, robustez e inteligencia lo convierten en un caballo ideal para todo tipo de competiciones, si bien ello requiere una preparación por demás exhaustiva y un cuidado exquisito. Un punto crucial es la alimentación: la ingesta promedio incluye tres kilos de avena y un kilo de cebada diarios, a los que hay que agregar un complejo vitamÍnico si se encuentran en Época de competición; un semental engulle, además, un kilo de cebada, y a esta dieta hay que añadir lo que los animales comen en el prado.
La gracia, dignidad, armonía y forma equilibrada del caballo árabe encarnan una verdadera obra de arte equina, motivo de alabanzas, estrofas, coplas y obras de brocha desde que el mundo los vio nacer.
Nota de Natalia Iscaro, periodista de «El Patio», publicación de Alto Palermo S.A. (APSA). Fotos: Cecilia Lutufyan.

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