4 de abril 2008 - 00:00

''El Mundial 90 fue el viaje perfecto''

El Mundial 90 fue el viaje perfecto
Revolucionó el relato deportivo con su estilo dinámico, crítico y creativo. Relató, dicen, más de 3.000 partidos, pero su vida no pasa sólo por su tarea en una cancha de fútbol. Todos los días a través de la radio se pone en contacto con miles de fieles oyentes. En la televisión y la gráfica también se mueve cómodamente, con profesionalismo y coherencia. Una vez escribió: «De la dignidad, de la libertad, de la Justicia y de la belleza. ¿De qué debe hablarnos el periodismo si no es de esos valores?». Para él, seguramente, esos méritos hacen del periodismo una de las manifestaciones esenciales de su vida.
Víctor Hugo Morales confiesa que hace 14 años que no renueva el auto: «Ese dinero que ahorro en autos lo invierto en viajes. Ya sea por placer o por mi trabajo estoy siempre en movimiento. El mes pasado salimos al aire desde París. Estuve seis noches y vi cinco espectáculos.
El mes anterior lo hicimos desde Nueva York, y en mayo nos vamos a Miami, que no es una ciudad sumamente atractiva, pero tiene buena ópera. Después viajamos a Roma.
Periodista: ¿No está cansado con tanta labor cotidiana?
Víctor Hugo Morales: Soy activo por demás. No es cansador ni interfiere en mi vida familiar, porque disfruto de la compañía de mi familia todas las noches, de las 8 en adelante. Pero siempre tengo miedo de cansar a la gente. Son muchas horas de micrófono. Me defiendo haciendo un programa plural, donde hay muchas voces, y en el que incentivo que hablen los demás. Ni siquiera es por generosidad, sino fundamentalmente por el deseo de darle a la gente el beneficio de mi silencio, aunque sea por un rato. No quiero saturar.
P.: Y con tanta actividad profesional, cuando tiene tiempo libre, ¿logra disfrutar o de alguna manera sigue conectado con su trabajo?
V.H.M.: Soy un gran cultivador del ocio. Lo notable es que parece que me castigara en vida por ese amor que le tengo al ocio, trabajando mucho. Pero lo que más me gusta en la vida es el estado librepensador de la charla con los amigos, de subir los pies sobre la mesa y hablar de naderías. Viví de una cierta bohemia hasta los 26 años. Después llegaron las responsabilidades, los hijos, la construcción de la trayectoria. Y entonces aprendí a poner la libido en mi trabajo, y disfruto mucho de todas las actividades profesionales. En realidad, la palabra trabajo no figura realmente en mi manera de pensar porque estoy disfrutando.
P.: Cuando no trabaja, ¿qué prefiere hacer?
V.H.M.: El tiempo libre es cine, teatro, concierto, lectura, tenis. Casi todas las noches veo un espectáculo con mi familia o, por lo menos, con mi mujer. Soy un tanto compulsivo con lo artístico. En Buenos Aires la oferta es demasiado amplia, pero veo todo lo que puedo. De todas las expresiones artísticas prefiero la ópera, porque es el espectáculo más completo. Los últimos dos domingos salí corriendo de la cancha para ir a ver «La Boheme». La ópera es música, cine, canto, literatura. El director de cine y de ópera Franco Zeffirelli decía que la ópera es aquel arte en el que se juntan las musas de todas las artes y entrelazan sus manos. Creo que es así.
P.: ¿Está leyendo algún libro en estos días?
V.H.M.: Estoy terminando «El Regreso», de Bernhard Schlink. También me quedan pocas páginas de «Propaganda K» de María O'Donnell. Siempre leo varios libros en paralelo. Porque los estados de ánimos son cambiantes, a veces necesito leer algo liviano, otras, quiero mayor compromiso mental, en ocasiones prefiero una novela de amor o entibiarme el alma con una sonrisa. Leo mucho en los viajes, y también a diario, disciplinadamente, un ratito antes de dormir. Creo que nunca voy a tener el mal de Alzheimer.
P.: ¿Cómo es su teoría?
V.H.M.: Dicen que la actividad mental verdaderamente previene el deterioro de las funciones intelectuales de las personas. Si es así, me estoy vacunando en vida. Creo que es un buen mensaje para la gente que está entrando a la tercera edad. Hay que mantenerse activo. Con respecto al ejercicio físico, juego tenis dos veces por semana.
P.: ¿Cuál fue su viaje perfecto?
V.H.M.: El del Mundial de Fútbol de 1990. Si tuviera que retornar a un viaje y a un momento de mi vida, probablemente, sería éste. Estaba en Roma con toda mi familia, mis amigos más queridos, con todos los compañeros de la radio. Italia es el país que más me gusta del mundo. Es el país perfecto. Tiene ocres, amarillos y marrones en sus edificios, una vitalidad que me llega muy especialmente y un nexo con el mar y la montaña como en ningún otro país puede tenerlo. Todo está muy cerca. Vivíamos en un hotelito de monjas, y durante el mes y pico de estadía nos sentíamos parte de la ciudad, como si la estuviésemos habitando desde siempre. Otro viaje inolvidable fue el del Mundial del 98, en Francia. Vivíamos en París, que para mí es la obra de arte más perfecta de la humanidad. La ciudad que más me gusta es París, después Nueva York y Venecia. También disfruto mucho de los viajes cortos que realizamos con mi familia especialmente por Italia. Nos vamos, por ejemplo, por seis días y visitamos seis ciudades distintas, como Génova y Torino, disfrutamos de sus propuestas gastronómicas y de sus espectáculos. Son viajes entrañables.
P.: ¿Cree que hay algún país que puede sorprender a los argentinos como destino turístico?
V.H.M.: Sudáfrica. Creo que todavía no le hemos metido mano, pero tiene una oferta valiosa para el viajero.
P.: ¿Algún país le pareció poco atractivo o amigable?
V.H.M.: Tal vez Japón. La última vez que fui decidí que la iba a pasar bien. Pero culturalmente no hay muchas cosas que me interesen, ni su estética o comida. La cuestión idiomática también es compleja. Es un mito que los japoneses hablan inglés. En general no hay formas de comunicarse a menos que sea por señas. Pero los viajes son como los deportes, uno disfruta si los entiende. Uno disfruta las ciudades si puede manejarse en ellas.
P.: ¿Cómo ve el turismo argentino en la actualidad?
V.H.M.: Creo que creció muchísimo, especialmente, por el boca a boca de la gente. Y además Buenos Aires provoca como una fascinación. Los turistas no pueden creer la belleza de esta ciudad. Ahora, cuando viajo al exterior veo muy pocos argentinos, antes en cambio vivía saludando y sacándome fotos con gente que me conocía.

Entrevista de Silvia Montenegro

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