Elijo ir tras los pasos de los grandes artistas

Secciones Especiales

Escribe Silvia Montenegro

He viajado bastante. En general cuando llego a una ciudad me precipito siempre hacia los museos. Recuerdo especialmente un viaje que hicimos con mi marido a Reggio Calabria. Es un lugar sorprendente por muchos motivos pero, en esa oportunidad, se produjo un atractivo inesperado. Habían encontrado recientemente los Bronzis de Riace en el fondo del mar. Un señor que estaba nadando vio una mano saliendo de la arena y, creyendo que era un ahogado, aviso a la Prefectura. Se trataba de dos piezas de bronce, muy antiguas, más grande que el tamaño del ser humano, y que representan a dos personajes de la mitología griega. Los habitantes del Riace se negaron a que se lo llevaran de su ciudad, convencidos que resultarían benéficos para su pueblo, y allí están, en el museo.
Esto sucedió hace alrededor de quince años y, cuando lo recuerdo, aún siento escalofríos por lo lindos que eran». Reconstruida después del terremoto de 1908, Reggio Calabria fue la ciudad más antigua que los griegos fundaron en Italia y, por eso mismo, aún está repleta de huellas prehistóricas y magnogriegas, que la pareja disfrutó genuinamente. El, Clorindo Testa, el genial arquitecto y artista plástico reconocido en el mundo entero por sus increíbles obras, entre ellas, la Biblioteca Nacional, el Banco de Londres o el de la Nación en Córdoba. Ella, Teresa Testa, artista plástica y su esposa desde 1962. «Visitamos Italia varias veces, especialmente Nápoles, lugar de nacimiento de Clorindo y donde tiene muchos amigos. ¿Qué otros lugares me impresionaron? Y debería mencionar un lugar común: Las Pirámides. Frente a ellas, uno se queda absolutamente conmovido. Una obra de arte que siempre vuelvo a ver es La Marquesa de la Solana, de Goya, expuesta en el Museo Nacional del Louvre. Cada vez que voy a París, visito la sala en donde está este cuadro, que queda tan trasmano, sólo para saludar. Está pintada con gracia, ligereza, transparencia de los trazos. Para mí es de los retratos más lindos que existen y de las mujeres más feas...», dice sobre la protagonista del óleo, María Rita Barrenechea, condesa del Carpio y marquesa de La Solana, retratada por el artista español poco antes de morir. Pero Teresa Testa explica que cuando viaja, además del arte, disfruta de otras cosas: «Me gusta ir de compras y elegir recuerdos. Y también observar la naturaleza. La Argentina tiene unos lugares increíbles. Me encantan las cataratas del Iguazú, la Quebrada de Humahuaca, los paisajes que rodean a Esquel». Del mundo, en cuanto a naturaleza, destaca a China: «En el arte oriental uno ve las pinturas y piensa que esas montañas sólo pueden ser inventadas, que nada en el planeta puede tener esas formas y esos colores, sin embargo, en China el turista las encuentra a cada rato».

Paisajes en las paredes

Toda persona que ingresa a su taller, una casona antigua de Villa Crespo, también se enfrenta con dosis de naturaleza. «Este es el único lugar en la Ciudad de Buenos Aires donde veo verde», dice la entrevistada. Plantas de hojas brillantes de todos los tamaños crecen desordenadas en el patio; flores de colores soñados decoran algunas de las piezas de cerámica ubicadas en decenas de estantes que van del piso al alto techo; murales selváticos pintados sobre relieves están justo allí donde la pared debido al paso del tiempo decidió caerse. Uno de estos trabajos creados para decorar una pileta donde se apilan pinceles y frascos de pintura recuerda al mural de Clorindo Testa, «Manzana en una cerámica», que se está exponiendo ahora en Arteclásica 2007, y que fue realizado por Taller 3, integrado por Teresa Testa, Inés Balbi y Betty Sívori. Se trata de una gran pieza horizontal armada a partir de mosaicos cerámicos irregulares. Una enorme manzana colorada domina el centro de la escena, y a su alrededor un paisaje que remite tanto a una selva exuberante como al fondo del mar cobra vida hasta completar los 10 metros de largo y los 2,20 de alto. Teresa Testa explica cómo fue el proceso de creación: «Clorindo hizo los dibujos, lo mandamos ampliar y a partir de ahí comenzamos a crear las piezas. Tratamos de respetar los tonos, pero la cerámica es difícil porque algunos colores, como el rojo o el naranja, se modifican al hornearlos. Otra de las cosas que suele suceder es que las piezas se rompan. Una vez que el mural se completó, lo armamos en el piso.
Por su gran dimensión, tuvimos que desarmar el taller entero. Nos llevó como un año terminarlo»
. Por suerte, uno de los hobbies preferidos de la esposa de Clorindo Testa es armar rompecabezas, y se especializa en los que no incluyen la lámina orientadora: «Eso fue lo que me dio la idea de trabajar siguiendo la forma de los dibujos. Con Taller 3 empezamos en 1968, y realizamos gran cantidad de piezas de cerámica. En general son obras para decorar, y también se utilizan para revestir baños, cocinas o, incluso, piscinas. Trabajamos para particulares, arquitectos o decoradores. Tuvimos la posibilidad de realizar algunos murales, como el del Hospital Naval, que es enorme», dice.
Los Testa viven en el centro de la ciudad, y cada mañana Teresa llega hasta Córdoba al 4000 para trabajar hasta el mediodía. En el taller otros artistas realizan sus creaciones. El día que Ambito del Placer hizo la nota, una señora muy arreglada moldeaba una vasija oscura y un artista con delantal dividía su tiempo entre fabricar piezas de cerámica y atender a varios bonsái. También estaba su amiga y socia, Inés Balbi. «Este año, esta casa que compró Clorindo para transformarla en taller, cumple 100 años. Vamos a festejarlo». ¿Cómo es su relación profesional con su marido?, pregunta la cronista. «Clorindo siempre ha sido muy solidario y ha apoyado cada uno de nuestros proyectos. Muchas veces lo consultamos. El nos da muy buenas ideas», explica y, en tono más íntimo, agrega: «A veces no le hacemos caso...».

Dejá tu comentario