En el invierno todo nos incita a vacacionar

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¡A vacacionar, que llegó la etapa invernal de hacerlo! ¿Vacacionar? Hasta hace poco esa expresión era, desde el punto de vista gramatical, un barbarismo, una expresión incorrecta.
Pero hace unos años, la Real Academia Española decidió aceptar esa palabra como «un americanismo» que designa «pasar las vacaciones». Los países de América latina tal vez encontraron en ese neologismo una forma de expresión para el auge del turismo mundial. Y acaso el término se ha ido imponiendo por la necesidad de poner en acción, de transformar en verbo el sustantivo vacación, y convertir las vacaciones en algo que tiene
-como todo verbo- variaciones de número, de persona, de tiempo y de modo.
Lanzados a «vacacionar», las vacaciones por excelencia, para el común de la gente, son las del verano, que suelen tener destinos habituales marcados por el hábito, la tradición, las relaciones comerciales, amistosas o familiares. Más allá de los emblemáticos veraneos, ha crecido año a año la necesidad de vacacionar en invierno. Una «necesidad» que cuenta con sus atractivos, explicaciones y divertidas justificaciones.
Muchos relacionan, obviamente, esta etapa con el receso escolar, un recreo extendido otorgado a los estudiantes para que «recuperen fuerzas». Y si los padres se toman esos días es sólo por la «necesidad de acompañar a sus descendientes».
La incitación más frecuente parte de considerar que «suspender asuntos y negocios por algún tiempo hace tener mayor claridad sobre los mismos y luego tomarlos con ímpetu».
Otros, presuntamente ecologistas o que buscan no dejar que este período sea una exclusividad estudiantil, suelen recordar que «otras especies animales se dedican a invernar, y muestran una conducta necesaria al humano», indicándole algo que debe hacer.
Hay exhortaciones de tipo médico-psicológicas como «hay que tomar vacaciones, aunque sean cortas, porque si no se baja el nivel de adrenalina, tarde o temprano el cuerpo protesta», o que recuerdan, dramáticamente, los padecimientos de los workalcohólicos, que viven en constante estrés y terminan sufriendo «síndrome de fatiga crónica», para concluir que «no hay excusa para acumular vacaciones, y que un poco de holganza bien programada le hace bien a nuestra autoestima».
Los más deportistas, agregan que «hay deportes que sólo se pueden hacer en invierno, como esquí, snowboard y biatlón».
En esta edición especial de Ambito del Placer abrimos un abanico de propuestas: de las más populares a las más selectivas, de las más sobrias a las más lujosas, de las más cercanas a las más distantes.
El gusto de muchos argentinos por conocer su país ha impulsado de forma inédita el turismo interno, y la calidad de los servicios que se ofrecen. Privilegiamos ese sector, teniendo en cuenta la brevedad de la etapa vacacional. Y, para quienes deciden convertir esta etapa en un tratamiento rejuvenecedor, entregamos una investigación sobre los spas del país.
Recordar a Uruguay como destino es reiterar el más clásico, el mas proverbial, el que no deja de renovar sus atractivos.
«Last but not least», para los más selectivos, los más exigentes, prósperos o acaudalados, la imprescindible Nueva York, y las imperdibles aventuras de visitar Australia y/o Shanghai.
Al entregar los vouchers, un operador español suele decir palabras que hacemos nuestras: ¡hala, ahora a pasarla bien!

Máximo Soto

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