7 de enero 2011 - 17:16

En el pico más alto

Inmensos piletones de arena de un lado y del otro.
Inmensos piletones de arena de un lado y del otro.
La noche anterior dos luces que se encendieron en la cima del cerro alrededor de la medianoche, alargaron nuestra ida a la cama. Eran dos camiones que a esa hora, intentaban bajar una altísima montaña que la oscuridad no les permitía ver. Otro espectáculo que regaló este Rally Dakar 2011.

Ambos camiones se juntaron y bajaron en zigzag, muy lentamente, iluminándose el camino uno al otro. Con gran paciencia lograron sortear el obstáculo y llegar al vivac de Iquique, el más lindo hasta el momento.

A las 6.30, cuando todavía no había amanecido y el mar seguía con su oleaje tranquilo y acogedor, empezaron a desfilar las motos. La temperatura era la ideal, la etapa Iquique-Arica estaba en marcha.

Unos pocos madrugadores despedían a los pilotos con mucha calidez, entre banderas argentinas, chilenas y aplausos. Previo paso por la ciudad de Iquique, con mayoría de casas bajas, muchos chilenos saludando por las calles y los últimos pilotos de Motos y los primeros de Cuatriciclos (Alejandro Patronelli entre ellos) pasando los autos de los ciudadanos, la ruta 5 nos devolvió a la aridez del desierto.

Pero no fue monótono el paisaje. Los primeros kilómetros fueron entre arena y piedras distribuidas en un terreno liso y llano, pero infinito, al costado de la ruta.

Luego comenzaron a verse cerros por todos lados cuyos colores contrastaban. Unos mostraban la claridad de la arena, mientras otros que se superponían, dejaban ver la oscuridad de la tierra y las piedras. Lentamente comenzaron a aparecer y a rodear la ruta, que continuaba subiendo hasta llegar a la cima. Allí la la vista era extraordinaria.

Inmensos piletones de arena de un lado y del otro hacían del andar, una acción de riesgo y lo situaban a uno en un lugar tan alto que le daba la impresión de tocar el cielo con las manos si llegara a levantar los brazos.

Ya en la región XV del desierto de Atacama, se comprobó cómo las montañas son parte de la población. Un cerro tenía enormes figuras dibujadas por las piedras que le daban un toque distinto a una escenografía que ya empezaba, allá lejos por lo bajo, a mostrar signos de verde entre las ramas de los árboles.

A 20 kilómetros de Arica se vio la primera bandera extranjera que no fuera la de Argentina. La gente se había agolpado al costado de la ruta y una señora de unos cuarenta años flameaba la bandera colombiana entre sus manos. El cartel Arica, ciudad de la eterna primavera, además de darnos la bienvenida, nos indicaba que habíamos llegado a destino, al límite territorial chileno con Perú y Bolivia, el punto más norteño de este Dakar.

Al llegar al vivac junto al vallado que separa al público de la línea de meta, se pudo ver un puñado de alrededor de treinta bolivianos esperando el arribo de su piloto. Muy alegres saltaban y gritaban por su representante.

Al lado de ellos, un grupo menos numerosos y más silenciosos de peruanos mostraban una remera roja con el logo de la competencia y la leyenda Perú 2012, por las especulaciones de alargar el circuito del próximo Dakar por más países de Sudamérica.

El Dakar llegó a su punto más alto desde el inicio. Con pilotos cansados, caminos realmente difíciles, entre grandes cerros y peligrosas arenas, y también con la ansiedad del día de descanso, algo muy anhelado por todos los participantes de la carrera más extrema del mundo.

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