''Es como el revés de mi autobiografía''

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El relato de su visita a los feudos chilenos del millonario ecologista Douglas Tompkins es uno de los artículos más recientes -de 2005- que Mario Vargas Llosa, el gran escritor peruano constante candidato al Premio Nobel, coloca en su antológico «Diccionario del amante de América latina», que publicó Paidós, editorial que nos permitió ofrecer a nuestros lectores este adelanto.
Vargas Llosa dice de su «Diccionario» que es «una mezcolanza plural, muy parecida, aunque en formato microscópico, de lo que, creo yo, es América latina. Se compone de textos escritos desde que en mi juventud me descubrí latinoamericano, hasta la fecha, que se ocupan de todos los temas imaginables -la revolución, la fotografía, el cine, las dictaduras, el paisaje, los escritores, la historia, el humor, el fútbol, los viajes, la pintura, ciertos hábitos del lenguaje popular-, y comprenden variedad de géneros: el reportaje periodístico, el artículo, la evocación, la reseña, la nota necrológica, la crónica y hasta la ficción».
Confiesa el autor de «Travesuras de la niña mala» que fue en el París de los años 60 donde comenzó a sentirse latinoamericano, y que el paso de los años le ha hecho que «ahora entienda que lo latinoamericano no es más que una expresión de lo universal, sobre todo de lo occidental, y aunque mis ilusiones de una América latina libre, próspera, impregnada de la cultura de la libertad hayan pasado muchas veces del optimismo al pesimismo, a medida que el mundo en que nací parecía encontrar el rumbo democrático o caía una y otra vez en el autoritarismo y la violencia».
El «Diccionario del amante de América latina» fue un libro trabajado por Vargas Llosa en Londres («escarbando archivos, bibliotecas y cajones»), y tuvo su primera publicación en la parisina editorial Plon, como si esos lugares de escritura y edición le permitieran ratificar algo que el autor de «Conversación en La Catedral» ha sostenido reiteradamente: «No se puede entender América latina sin haber salido de ella».
Apasionado viajero, Vargas Llosa dedica en este libro sus impresiones «cargadas de subjetividad» de la Amazonia, los Andes, Aracataca, Arequipa, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Cuzco, Europa, Lima, Miami, Oruro, Panamá, Paraguay, París, Perú, Puerto Rico, Quito, Rio de Janeiro. Y si bien falta una nota sobre la Argentina, acerca de Buenos Aires, nuestro país está presente en referencias circunstanciales y en las apologías de Jorge Luis Borges («su cosmopolitismo, esa avidez de adueñarse de un ámbito cultural tan vasto, de inventarse un pasado propio con lo ajeno, es una manera profunda de ser argentino»), Julio Cortázar, Ernesto «Che» Guevara y Manuel Puig.
El autor de «La tía Julia y el escribidor» advierte que «la mayoría de los textos están escritos en primera persona y dan cuenta de mis experiencias y mis reacciones frente a determinados asuntos de la realidad latinoamericana. Y, por eso, de una manera un tanto accidental, este libro es también como el revés de una autobiografía, la materia prima que la haría posible».
M.S.

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