Es muy difícil no hacerse de amigos en la ciudad de Goya

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Escribe Leandro Ferreyra Enviado especial

Hay lugares que indudablemente superan todas las expectativas. Uno espera encontrar poco y termina descubriendo mucho. De pronto surge un programa salido de contexto, la visita a un lugar que no figuraba en la agenda, o una charla simplemente con quien hasta ese momento era un desconocido y termina siendo el mejor recuerdo. Viví esa experiencia en Goya, ciudad que fue el último refugio del trágico romance entre la aristócrata niña Camila O'Gorman (Susú Pecoraro en la famosa película de María Luisa Bemberg) y el sacerdote tucumano Ladislao Gutiérrez (Imanol Arias) ambos fusilados por orden de Juan Manuel de Rosas.
El avión privado Cessna Caravan aterrizó en el aeropuerto de Goya a media tarde. Nos habían advertido que debíamos llegar con luz natural porque la pista no tenía iluminación. Así fue que llegamos a un lugar para muchos desconocido. Otros, apenas teníamos alguna referencias. Veníamos de recorrer los esteros del Iberá y se hacía difícil imaginar que Goya pudiera opacar los recuerdos de aquel paseo.
Nos recibió el intendente Ignacio Osella. «Hoy cenamos pescado en la quinta del amigo», dice señalando a un hombre que se encontraba a su lado. Era Luis «Pato» Cavallieri, gerente de Goya Visión Multimedios. «Después es la elección de la reina, y cantan Los Tipitos, que no los conozco, pero aseguran que son muy buenos», dijo, al referirse a uno de los grupos de rock de moda.
Esa noche entendí que la distancia entre Corrientes y Capital Federal no debería expresarse en miles de kilómetros, doce horas en ómnibus, o noventa minutos en avión. La distancia en estos casos es sinónimo de idiosincrasia y de devociones populares que denotan una identidad única.
En la quinta fuimos recibidos por amigos y familiares de nuestro anfitrión. Al rato parecía que nos conocíamos de toda la vida. Risas y anécdotas entre folclore y chamamé, a cargo de una pareja de jóvenes músicos locales. Me distraigo a conversar con Sol, una niña santafesina de 9 años, sobre las travesías de pesca de su abuelo «Pato» Cavallieri, pero el jefe comunal, Osella, interrumpe para dar la noticia de último momento: «Logramos un nuevo récord; se acaba de cerrar la inscripción de hoy y hasta el momento hay confirmadas 515 embarcaciones. Esperamos superar mañana las 530», disparó.
Decidimos abandonar la casa de Cavallieri para ubicarnos, cerca de la una de la mañana, en la tercera fila del escenario montado en la Plaza Italia, sobre la costanera. El festival recién comenzaba. Trece adolescentes desfilaban una y otra vez ante el jurado y miles de personas las vivaban detrás del vallado. Nosotros, por supuesto, habíamos elegido ya nuestra candidata (todos tenían la suya), lo que hacía más divertido el programa. Antes de la segunda presentación de las postulantes, hicieron su entrada las soberanas visitantes, provenientes de varios puntos del país, para luego dar paso al carnaval goyano, al ritmo de las comparsas Goya Vera, Porambá y Samba Bahía.
El pueblo goyano explotó cuando subió al escenario la actual Miss Argentina, la correntina Beatriz Schulze,
quien viajó con nosotros desde Buenos Aires.
Finalmente la ex soberana Delfina Balestra entregó el cetro a Rocío Macipe, de 16 años, quien fue electa Reina Nacional del Surubí, escoltada por Adriana Giménez y Lourdes Demarchi.
La noche cerró con el recital de Los Tipitos, que además de tocar temas propios, repasaron covers de Andrés Calamaro y rememoraron clásicos de los 80 en un repertorio que incluyó a Gloria Gaynor, Michael Jackson, ABBA, Bee Gees, Kiss, Freddie Mercury y la reina de la canción pop, Madonna.

Espíritu de pueblo

Dormir en la habitación del primer piso de un hotel (Cervantes) enclavado en pleno centro, con ventana a la calle y no sentir más ruido que el ring-tone de la alarma del celular, al mediodía, terminó por romper un mito. El de creer que una ciudad de casi 100 mil habitantes (la segunda más grande de Corrientes) debe tener -casi por obligación- espíritu de gran urbe. Goya es sencillamente una localidad grande con esencia de pueblo muy íntimo.
Mi teoría gana fuerza al llegar a la plaza principal, camino a la costanera. Desde el interior de una camioneta suena el tema «Bombón asesino», de Los Palmeras. Descubro que el auto tiene la ventanilla del conductor abierta pero no hay nadie adentro. No es común ver un taxi circulando vacío en busca de pasajeros. Tampoco se oyen bocinas. No existen los congestionamientos y nadie habla de «horas pico». Decenas de bicicletas y motos de poca cilindrada lucen estacionadas en ambos cordones de las veredas. Nadie toca lo que no le pertenece.
La largada de las 555 embarcaciones que participaron del concurso de pesca acaparó toda la atención el sábado. Incluso la del gobernador de Corrientes, Arturo Colombi. Es un espectáculo único ver navegar a toda velocidad esas lanchas, una pegada a la otra casi separadas por centímetros, mientras miles de personas alientan desde el paseo costanero. Osella precisó que «el municipio está cerrando en estos días la compra de un predio de 5 hectáreas que pertenece al Ejército, porque 'la Plaza Italia queda ya muy chica'».
El concurso batió todos los récord¨s. Participaron 575 equipos y 1.681 pescadores, que lograron 519 surubíes. El equipo triunfador fue integrado por dos correntinos y un entrerriano. El ganador del surubí mayor resultó ser de Paraná, Entre Ríos.
Por la noche volvimos a la costanera, esta vez para ver un desfile de moda liderado por las reconocidas Ingrid Grudke, Jessica Sirio y Dolores Moreno. Una multitud festejó cada aparición del «payaso Mala Onda» (Marcos Gómez) y del actor Jorge Campi, en el papel de Roberto Giordano. Como cierre, el cantante melódico Roque Narvaja hizo un repaso de su trayectoria.
El domingo, luego de la entrega de premios y del sorteo del automóvil 0 km (favoreció a un santafesino) se realizó una cena despedida para más de cuatro mil personas. El asado, un buen vino y nuevos amigos sirvieron para calmar la sensación de congelamiento de mis extremidades. El frío era desgarrador. Entre charla y charla, me entero que doña Gregoria de Oliveira fue una de las primeras pobladoras de Goya. Se hizo conocida vendiendo un queso que ella misma hacía y cuya receta original se fue perdiendo irremediablemente con el tiempo. Aseguran que del sobrenombre de esa mujer salió el nombre de la ciudad. Frente a mí, una sexagenaria cuenta con orgullo que ella vive en «la petit París», reflejo de otras épocas en que Goya recibía artistas famosos en el entonces teatro Elsa, hoy Teatro Municipal.
La historia cuenta que la primera escuela que existió en la zona fue fundada por Camila O'Gorman y Ladislao Gutiérrez, quienes llegaron a Goya para concretar su amor prohibido. Ella era una niña de la alta sociedad; él, un cura tucumano. A pesar de los severos límites que imponían esas circunstancias, los ahogó una pasión que terminó por matarlos por los prejuicios de ciertos sectores tradicionalistas de la sociedad porteña. Finalmente, don Juan Manuel de Rosas ordenó su fusilamiento, aun sabiendo que ella estaba embarazada. La actual iglesia porteña Nuestra Señora del Socorro, en Suipacha y Juncal, fue el despertar de ese amor desgraciado. Los enamorados huyeron de Buenos Aires pretendiendo fugarse a Rio de Janeiro. La escala previa a Brasil fue Goya, pero apenas pudieron estar cuatro meses, antes de ser llevados a Santos Lugares, donde funcionaba la más temida prisión de la mazorca. Poco después fueron fusilados. La historia que iba a convertirse, con el tiempo, en uno de los sucesos más imperdonables del gobierno de Rosas, marcó el comienzo del fin.

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