Francia tiene hasta un ''vino desalcoholizado''

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Escribe Rubén Amón de «El Mundo Vino» de España

El vino sin alcohol equivale a una corrida de toros incruenta, a un partido de fútbol cero a cero, a una salida romántica que termina con besos en la mejilla, pero unos cuantos bodegueros franceses se han arrojado a la arena para comercializarlo sin miedo a despertar de la tumba a San Vicente, patrón de los viticultores y referencia sagrada de la cultura mediterránea. Sacrilegios al margen, la iniciativa adquirió su carta de naturaleza en el Salón Internacional de la Alimentación (SIAL) de París, aunque algunas enotecas parisinas ya se han avenido a colocar las botellas entre las estanterías de los burdeos y los borgoñas.
Por ejemplo, Marquis de la Jonquière, cuyo propietario, Gael Luce, dice que el producto en cuestión ha despertado la curiosidad en el barrio porque es una alternativa sugestiva para gusto de embarazadas, ancianos, observantes del Corán, espadachines de la salud, público en edad escolar, diabéticos y bebedores arrepentidos.
«La botella y la etiqueta son absolutamente iguales que las del vino. Tiene el tapón de corcho y el color de la bebida es muy similar al de los distintos varietales. También el olor recuerda a un tinto, a un blanco o a un rosado, según los casos. Ahora bien, y esto es lo esencial, ni se lo puede llamar vino ni se lo puede considerar un simple mosto. Estamos delante de una bebida nueva», explica el maestro Gael Luce con ademanes didácticos.
La definición más adecuada sería la de vino desalcoholizado. Quiere decir que la materia prima de las botellas consiste realmente en un vino convencional, aunque el alcohol se evapora después de someter el líquido resultante a un proceso de condensación a baja temperatura.
De esta manera, las botellas salen al mercado con un porcentaje de 0,3 de grado, y se reduce hasta en cuatro veces el número de calorías respecto de un vino tradicional. Objetivo cumplido: beber sin emborracharse y sin engordar, tal como exige la cultura pujante de la salud y de la asepsia.
«Nuestra bebida es una verdadera alternativa», explica Patrice Girin en nombre de la cooperativa Uccoar de Carcassonne y de sus 1.500 productores asociados. «No queremos robarle consumidores al vino, sino darles una posibilidad a quienes no pueden o no quieren beber por salud o por decisión. El zumo de uva está demasiado lejos de sus expectativas. El vino desalcoholizado, en cambio, supone una experiencia parecida.»
La campaña se ha realizado en cooperación con el Instituto Nacional de la Investigación Agroalimentaria. No era fácil obtener los aromas ni los matices de un vino al uso, pero los científicos franceses sostienen que la base del producto es suficientemente compleja e interesante como para obtener en el futuro vinos desalcoholizados de mucha calidad.

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