9 de marzo 2007 - 00:00

Hay empresarios extranjeros que quieren conocer el país volando

El mundo empresarial de altísimo poder adquisitivo, es, según Carlos Colunga, el target del mercado de los vuelos privados.
El mundo empresarial de altísimo poder adquisitivo, es, según Carlos Colunga, el target del mercado de los vuelos privados.
Conozco Europa, América, Rusia, China, Japón... visité lugares maravillosos. Me gusta especialmente el turismo relacionado con la naturaleza, los desiertos, las islas vírgenes. Cuando uno llega a Galápagos, Islandia o Alaska, lo primero que piensa es si volverá alguna otra vez. Son culturas muy diferentes a la nuestra. Seguramente, cuando en estos destinos exóticos hablo de la Argentina, muchos aún piensan en los gauchos. Y, cuando acá digo Alaska, algunos asocian con los esquimales. Pero en realidad las ciudades son como Buenos Aires, y hay tantos esquimales como por aquí gauchos». El comandante Carlos Colunga hace más de cuarenta años que está vinculado a la actividad aeronáutica y es director de Macair Jet, una compañía aérea especializada en vuelos charter, ejecutivos y sanitarios. Confiesa: «Comencé a trabajar a los 18 años. En esa época existían sólo televisores en blanco y negro que, cuando dejaban de funcionar, había que golpearlos un poco de costado. Los aviones también eran un poco así. Salíamos a volar con un lápiz labial porque, como no había radares, debíamos hacer marcas en el parabrisas para orientarnos. Recuerdo que algunos aviones estaban restringidos por autonomía de aceite, no de combustible. Teníamos que descender para cargarlo. En esa época, en las terrazas o techos de las estaciones de ferrocarriles escribían el nombre del pueblo. Era una necesidad para seguir las rutas aéreas. Había que volar bajo y anotar a qué hora uno había pasado por ese pueblo. Reconozco que alguna vez, después de perder la orientación por una tormenta fuerte, bajé para preguntar dónde estaba. Uno llegaba extenuado, pero satisfecho».

Periodista: Los aviones ahora son más seguros. ¿Usted extraña aquella época?
Carlos Colunga: Hoy todo es electrónico, automático, por computación. A los 150 metros del despegue, se pone el piloto automático y lo sacan cuando ya aterrizó. El avión vuela solo, esquiva las tormentas, prende los sistemas, saca el tren de aterrizaje. Esto no es volar. Es como tener a los pilotos dentro de un estante de vidrio, con la leyenda «Sáquelo en caso de emergencia».

P.: Si hay una emergencia, ¿cree que el piloto joven se desenvuelve cómodo?
C.C.: Sí, porque están muy entrenados. En nuestra empresa realizamos adiestramientos muy seguido. Cuando practicamos volar como si estuviéramos «en emergencia», yo revivo aquella época. Pero, por supuesto, que en la actualidad la aviación es mejor, más segura.

P.: ¿Siempre voló con aviones de porte pequeño?
C.C.: Sí, porque soy español y, cuando quise ingresar a una línea aérea, no pude hacerlo porque, como eran estatales, tenía que ser argentino. Mi única alternativa fue la aviación privada. Este trabajo es muy diferente. El piloto debe cargar combustible y ayudar a los pasajeros a guardar la maleta. Pero también tiene sus beneficios. Uno viaja a lugares increíbles, conoce gente muy interesante...

P.: ¿Personas importantes? ¿Famosas? ¿Alguna anécdota?
C.C.: El target de este mercado es el mundo empresarial de altísimo poder adquisitivo. No viaja mucha gente de la farándula y si lo hace es porque son invitados. Podría contar un montón de anécdotas muy graciosas. Pero, en esta profesión, uno también se pone en contacto con situaciones de vida, con culturas, que modifican la propia escala de valores. En Cuba, un joven de unos 26 años me propuso limpiar la parte de abajo del avión. Como yo no estaba muy convencido, se ofreció a hacer el trabajo y cobrarlo sólo si a mí me había gustado su desempeño. Me pareció justo. Al otro día volví y juro que el avión brillaba. Había hecho un trabajo perfecto. Le pregunté cuánto le debía. Y me contestó que le pagara lo que yo quisiera. Ese trabajo en Estados Unidos se abona alrededor de 40 dólares. Me pareció correcto pagarle esa cifra. No porque estuviera en Cuba iba a pagar menos. Pero me contestó que no lo podía recibir porque su salario de un mes eran 10 dólares, y que le parecía desmesurado ganar en un día el sueldo de cuatro meses. ¡Increíble! En cambio me pidió si le podía regalar «ese» ramo de flores que veía en el tablero del avión. Me dijo que se acercaba el Día de la Madre y que jamás le pudo regalar flores a la suya. Es decir, que cambiaba cuatro salarios por un ramo de flores... Por supuesto le pedí que acepte ambas cosas. Otro país que me impactó fue Haití. Es uno de los más pobres del mundo, el promedio de vida es de 26 años. Por eso las madres piden por favor que te lleves a sus hijitos. Saben que si alguien acepta le estarían cambiando la vida a esos nenes. Es muy fuerte.

P.: ¿Vuela a destinos lejanos? ¿Cuáles son los viajes habituales?
C.C.: Hoy la mayoría de nuestros pasajeros son empresarios extranjeros que desean conocer la Argentina en un lapso específico. Nuestro servicio es muy valorado porque las líneas aéreas no respetan mucho los horarios y no tienen disponibilidad en algunos vuelos o rutas. Nuestro avión, en cambio, está a disposición de la gente. Aquí no hay tiempos muertos esperando la salida de un vuelo. En tres días se pueden conocer los destinos más importantes del Sur o del Norte. Viajar de Bariloche a El Calafate y después a Puerto Madryn para ver a las ballenas. Trabajamos también para países de la región. Ahora nos piden mucho viajar de Machu Picchu, Perú, a las cataratas del Iguazú. No existe ese producto. Machu Picchu es uno de los destinos más visitados del mundo. Hicimos un estudio de mercado y descubrimos que gran cantidad de esos turistas desearían conocer nuestras Cataratas. Pero, para llegar deberían viajar a Lima, de Lima a Ezeiza, de Ezeiza a Aeroparque y recién a Misiones. Podrían tardar 3 días. Nosotros los llevamos en una hora y media. Lo mismo sucede con la quebrada de Humahuaca, en Jujuy. El Norte argentino podría captar muchísimo más turismo. Nosotros vimos esa posibilidad y ofrecemos este producto.

Entrevista de Silvia Montenegro

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