Hazañas sin límite para los bellos paisajes argentinos

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Escribe Pablo Domini

Por tierra, por agua o por aire, los espíritus curiosos cada vez se animan más a convertir las vacaciones en experiencias de fuerte impacto para la sensibilidad corporal. Con mayor o menor cuota de riesgo, la apuesta tiene nombre propio: turismo aventura, y es desde hace tiempo uno de los sectores que más ha crecido dentro de la Argentina en el mercado de viajes, impulsado por la gran demanda ejercida por turistas extranjeros y el progresivo crecimiento del público local.
Este espíritu de aventura que retoma hoy la industria del turismo acompañó al hombre durante gran parte de su historia. Muchas veces alimentado por la sed de conquista territorial, impulsó hazañas de viajeros y adelantados de los reinos de Occidente, quienes fundaron la mayoría de las ciudades de nuestro continente. El mercader veneciano Marco Polo se erige también como ejemplo, en este caso como poético exponente del avance del comercio a escala mundial, en el nacimiento de la burguesía.
Pero fue tal vez la Inglaterra victoriana del siglo XVIII la que generó a los hombres que recorrieron la geografía de continentes y regiones desconocidos con un afán más cercano al de los viajeros y turistas actuales. Fue entonces cuando personajes como Richard Burton y John Speke exploraron los territorios del Africa ecuatorial en busca de las legendarias fuentes del Nilo, produciendo increíbles relatos que luego retomó el genial Joseph Conrad para escribir su famosa obra «El corazón de las tinieblas».
La génesis de la antropología moderna es también deudora de estos hijos de la reina Victoria, así como el género de relatos de viajeros, que encuentra en Albert Camus a uno de sus mejores exponentes en el siglo XX.
Lugar y actividad
Para satisfacer esta búsqueda de aventura, la actividad del turismo reúne hoy dos condiciones necesarias: un lugar que brinda el atractivo natural y una actividad, configurando un viaje cuyo propósito es integrarse, tomar parte, antes que recorrer al estilo tradicional.
Este tipo de turismo comenzó a ganar mucha popularidad en los años 90 entre los viajeros jóvenes y solteros que querían «experimentar» las vacaciones antes que pasarlas sentados en un ómnibus de turismo. La franja se fue extendiendo y hoy son personas de todas las edades y extracciones sociales las que van en busca de la acción.
Las actividades de aventura son muchas y variadas. La caminata o trekking es la más popular de todas, coinciden los operadores, ya que es accesible para todos los estados físicos y, en la mayoría de los casos, no requiere de un entrenamiento previo. Entran en este grupo de opciones, también denominado como «turismo agreste», el rafting, cabalgatas y excursiones a bordo de vehículos 4x4.
Están luego las consideradas de carácter extremo, más vinculadas con el deporte y más cerca del alcance de personas entrenadas o, en algunos casos, especialistas en la materia. Se trata aquí de mountain bike, montañismo, canyoning (descenso de cañones o barrancos siguiendo el curso de un río, utilizando sólo el cuerpo), kitesurf (surf impulsado por una vela similar a un paracaídas), buceo, bunging jumping, canopy (tirolesa), paracaidismo, aladeltismo o heliski (esquí extremo, llegando a picos inexplorados a bordo de un helicóptero), entre otros.
La popularidad de estos viajes de aventura se dio junto con una diversificación de la oferta, que abarca la mayor cantidad de opciones posibles para satisfacer a un público de todas las edades, tanto local como extranjero.
Estos últimos representan aproximadamente la mitad del mercado, dependiendo de la época del año, y en su gran mayoría «se trata de norteamericanos, holandeses, alemanes e italianos», informa Carolina Mac Auliffe, de Kallpa Tour Operator, agencia mayorista receptiva que trabaja únicamente con turistas del exterior.
Mientras tanto, los argentinos se animan cada vez más y año a año aumenta su participación. «Se notó un crecimiento del público local, que se sumó a los extranjeros. El aumento de pedidos por excursiones de aventura se aprecia mucho desde hace tres años», indica Gerardo Flores, de la agencia Huala, especialista en aventura en la región patagónica.
El escenario es la geografía completa de la Argentina, ya que todas las regiones del país tienen sus opciones para el turismo aventura, especialmente la patagonia, haciendo honor a su carácter mítico de terreno inexplorado.
Los destinos privilegiados por los extranjeros son las localidades santacruceñas de El Chaltén y Calafate, Ushuaia y la Ruta 40 en su tramo patagónico, explica MacAuliffe, que también señala que «desde la Argentina también se ofrecen destinos chilenos, como el Parque Nacional Torres del Paine», una opción muy pedida.
Los argentinos, en tanto, suman otras opciones como «Bariloche, los parques nacionales Talampaya (La Rioja) y Sierra de las Quijadas (San Luis)», señala María Luz Guarrochena, de la agencia Agreste, que trabaja particularmente con el público local.
También existen lugares muy puntuales donde se dan cita montañistas locales y extranjeros, entre los que se destacan el cerro Aconcagua y el volcán Lanín, con temporadas que se inician en noviembre y octubre, respectivamente. Salta es otra elección muy difundida durante todo el año, con recorridos de caminata y cabalgata que conducen principalmente por el circuito de los Valles Calchaquíes.

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