10 de enero 2002 - 00:00

HECATOMBE ARGENTINA <br>Un nuevo presidente asumió en medio de violentas protestas ¿Podrá con la crisis?

HECATOMBE ARGENTINA Un nuevo presidente asumió en medio de violentas protestas ¿Podrá con la crisis?
"Actualmente, las instituciones argentinas no disponen de ninguna alternativa a Duhalde dentro del sistema", comenta el asesor político argentino Felipe Noguera. "Pero Duhalde no va a tener más que una sola oportunidad para cumplir este objetivo". Esto significa, nada menos, que sacar de la bancarrota total a la tercera economía de Latinoamérica. Después de una de las crisis más largas y más debatidas de la atribulada historia de la Argentina, el país está quedándose sin dinero rápidamente. Cientos de miles de salarios y jubilaciones se están pagando (en parte o en su totalidad) con bonos que no están respaldados sin respaldo financiero. Las cuentas bancarias de los particulares han sido parcialmente congeladas para evitar que los bancos se queden sin efectivo. Medio millón de argentinos se han visto expulsados de la economía oficial, y el índice de desempleo roza el 19%. Asimismo, la Argentina ha dejado de pagar su deuda externa, que asciende a 132 mil millones de dólares. Esto ha causado enorme preocupación en el mundo por las posibles repercusiones que podría provocar en otros países dependientes de préstamos del circuito financiero internacional y con mercados incipientes, así como para sus prestamistas y para lospaíses vecinos y socios comerciales de la Argentina. Pero a pesar de las dimensiones de lo que ya se considera como la peor catástrofe socioeconómica de la historia reciente de Latinoamérica, ni la administración Bush, ni el Fondo Monetario nternacional se han pronunciado sobre posibles ayudas económicas para la maltrecha nación. Con objeto de calmar los ánimos, la primera medida que ha adoptado Duhalde después de asumir el cargo ha sido nombrar a un gabinete de Gobierno integrado principalmente por políticos veteranos, en su mayoría peronistas. La cartera más importante del gabinete ministerial, la de economía, se la ha adjudicado a su viejo colaborador Jorge Remes Lenicov, un congresista que fuera ministro de economía en el gobierno de Duhalde en la provincia de Buenos Aires.
El ministerio de relaciones exteriores cayó en manos de Carlos Ruckauf, una figura clave dentro del partido peronista que dimitió como gobernador de la provincia de Buenos Aires para poder asumir su nuevo cargo. En el gabinete hay también un antiguo magnate del sector textil, José de Mendiguren, que recientemente presidió la Unión Industrial Argentina. Su primera tarea consistía en recabar el apoyo del congreso y de los empresarios a su plan económico de rescate, del cual depende por completo la nueva presidencia de Duhalde. En el marco de este plan se adoptarán diversas medidas, como la tan temida devaluación del peso, así como la concesión de mayores poderes al Gobierno para que pueda sacar rápidamente propuestas económicas por decreto.
 
Devaluar el peso es la decisión más fácil para el Gobierno, pero también la más difícil para el país. El mantenimiento de la paridad entre el peso y el dólar estadounidense ha sido una de las principales causas de la hemorragia financiera que ha venido padeciendo el país. La falta de liquidez de la economía argentina ha llegado a un límite tal que el presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso se ofreció donar medicamentos de primera necesidad, como insulina, antes de que las farmacias que no puedan pagar a sus proveedores tengan que cerrar sus puertas. Pero la devaluación también perjudicará a la población argentina, puesto que verá su poder adquisitivo recortado inmediatamente. La principal meta del plan de Duhalde es reparar la economía protegiendo a la vez los ahorros del ciudadano medio, cosa que no es poco pedir. La semicongelación de las cuentas bancarias indignó a los argentinos, pues consideraban que el Gobierno les estaba prohibiendo el acceso a su propio dinero. Esta medida hizo que la tradicionalmente pacífica clase media del país se encolerizara y se volcase a las calles, provocando la dimisión de De la Rúa el pasado 21 de diciembre. "La clase política no me inspira la más mínima confianza", comentaba Mariano Ferrari, un arquitecto bonaerense de 37 años que desfilabapor la Plaza de Mayo en una de las primeras manifestaciones que el pasado mes acabaron por derrocar a De la Rúa. Era la primera vez en su vida que acudía a una manifestación de protesta, igual que Victoria Robles, de 33 años, que hace sólo un mes abrió un restaurante en el elegante barrio de Palermo Viejo. "De ahora en adelante, los políticos se lo pensarán más", decía. "No nos fiamos de ninguno; son todos más o menos lo mismo".
La prohibición de extraer fondos de las entidades bancarias vino precedida de un aluvión de rumores que apuntaban a una inminente devaluación. Así pues, los rumores se han visto confirmados. Pero los asesores económicos de Duhalde están trazando un plan para amortiguar este golpe, al menos para los argentinos que tienen deudas en dólares. Los nuevos asesores del presidente en materia económica están mascullando la idea de permitir que todas las deudas inferiores a 100.000 dólares puedan convertirse a pesos manteniendo la paridad entre ambas monedas. Duhalde piensa aplicar esta medida también a las deudas de las tarjetas de crédito. "Vamos a tener especial consideración con los ahorros y préstamos de poca cuantía", declara un alto cargo financiero. La complicada misión de Duhalde consta de tres objetivos que deben cumplirse simultáneamente: devaluar el peso, conceder a los ciudadanos acceso a sus ahorros, y evitar que las entidades bancarias se vayan a pique como consecuencia del retiro de fondos y de los pagos de las deudas una vez devaluado el peso. Pero a pesar de la caótica situación del país, la crisis económica argentina no ha causado mayor repercusión más allá de sus fronteras. El país que más preocupado parece por toda la situación es Brasil, el gigante vecino, que es además su socio comercial más importante dentro de la zona del Mercosur. Las exportaciones brasileñas a Argentina disminuyeron a la mitad el pasado mes, comparadas con diciembre de 2000. Mario Mugnaini, director ejecutivo de la poderosa Federación de Industriales del Estado de São Paulo, dice que algunas empresas brasileñas temen que no se les paguen los envíos que ya han fletado, mientras que otras piensan que los consumidores argentinos van a dejar de comprar sus productos sencillamente por falta de efectivo. "El volumen comercial decaerá en los próximos dos o tres meses porque a la Argentina le será imposible obtener crédito", asegura Mugnaini. No obstante, según declara Fred Jaspersen, director de la división latinoamericana del Instituto Financiero Internacional, una asociación industrial de bancos de diversos países radicada en Washington: "En general, en los últimos dos días, e incluso en los últimos meses, los mercados financieros de todo el mundo apenas se han visto afectados por la situación argentina". Los expertos en mercados de capital dicen que la suspensión de pago de la deuda externa argentina y la devaluación del peso son
fenómenos que se esperaban desde hace bastante tiempo, por lo que no han asustado a los inversores lo suficiente como para que dejen de invertir en todos los mercados en desarrollo. Si bien esto puede ser cierto, desde Wall Street hasta Londres y Hong Kong los banqueros llevan ya varios meses siguiendo muy atentamente la evolución de Argentina. Para ellos, el mayor peligro es que la descongelación de las cuentas bancarias provoque una fuga de capital que deje sin efectivo a los bancos, entre los que se encuentran diversas entidades estadounidenses y españolas. Eso podría bastar para que los inversores se alejen de todos los mercados emergentes.

El gabinete económico de Duhalde ha dejado de pagar la deuda externa del país, pero a pesar de esto, el nuevo presidente no parece decantarse por la salida más fácil a la situación, que sería dar la espalda por completo a las responsabilidades financieras externas. Éste ha sido, precisamente, el factor que más ha contribuido a apaciguar a la comunidad internacional. "Esto no significa que mandemos al diablo la deuda", comenta un alto funcionario argentino. "Es que primero queremos poner la casa en orden". Y de hecho, el nuevo Gobierno espera desesperadamente un préstamo de entre 15 y 16 mil millones de dólares procedentes del Fondo Monetario Internacional para poder poner en práctica su plan de rescate. El ministro de economía Remes Lenicov pensaba solicitar personalmente dicho préstamo esta misma semana en Washington.
En la capital estadounidense, lo más probable es que el ministro tenga un tibio recibimiento. En EE.UU. la crisis argentina ha suscitado un pequeño debate sobre si el Gobierno estadounidense debió haber prestado más atención al acontecimiento más importante de una región que el presidente Bush había calificado antes de los ataques del 11 de septiembre como de máxima prioridad para su agenda internacional. A pesar de todas las críticas, el tema de la Argentina no ha dejado en ningún momento de ser secundario. Según Michelle Davis, portavoz del Departamento del Tesoro estadounidense, "nuestro departamento está manteniendo contactos de bajo nivel con los funcionario argentinos hasta que la situación se aclare".
A pesar de que algunos expertos argentinos habían criticado al Fondo Monetario Internacional por apoyar las medidas de los antecesores de Duhalde, la inmensa mayoría de las manifestaciones que han convulsionado a la Argentina en las últimas dos semanas ponen de forma inequívoca la responsabilidad sobre los hombros de toda la clase política del país, acusada de corrupta e inepta. Y esto en sí ya constituye un cambio importante. "Antes la gente tendía a echar el 90 por ciento de la culpa a los factores externos", comenta el escritor y ex ministro de cultura Marcos Aguinis. "Pero gran parte de la culpa debe recaer en Argentina, y en concreto en los dirigentes políticos".

Duhalde dejó claro a través de su discurso televisado el pasado viernes que entiende claramente las quejas de los ciudadanos. "Fuimos nosotros, los argentinos, y en concreto los dirigentes políticos, los que llevamos a nuestro país a esta situación que hoy nos aflige, nos angustia y nos avergüenza", declaró. También dijo que uno de los problemas fundamentales es que muchos políticos argentinos se han mantenido al margen de los asuntos económicos, que son los que forjan el futuro de toda nación.
Lo irónico de la situación es que el mismo Duhalde es un integrante de pleno derecho de esta misma clase política. El actual presidente fue intendente municipal en las afueras de la ciudad de Buenos Aires, y obtuvo su escaño en el congreso por primera vez en 1987. Dos años más tarde, Carlos Menem lo escogió como candidato a la vicepresidencia. Tras dos años bajo el ala de Menem, su relación con el entonces presidente se enfrió. Duhalde decidió entonces emprender su propio camino, y ganó las elecciones para gobernador de la próspera provincia de Buenos Aires, que es uno de los cargos de más alto nivel en Argentina. Pero, al contrario de lo que él esperaba, aquello no resultó ser ningún trampolín hacia la Casa Rosada, el palacio presidencial argentino. En 1999 Duhalde sufrió la derrota más aplastante de toda la historia de las campañas presidenciales peronistas a manos de De la Rúa. Pero aprovechando el desencanto generalizado de los argentinos con el ahora depuesto De la Rúa, Duhalde regresó a la política nacional el pasado otoño, y logró un escaño en el Senado.
Para entonces, ya se rumoreaba la dimisión de De la Rúa y Duhalde estaba listo para salir a escena. El 30 de diciembre ya había comunicado formalmente a sus compañeros peronistas, que dominaban el Congreso, su intención de ser presidente interino, pero sólo si se le concedía la oportunidad de cumplir los dos años que restaban del mandato de De la Rúa, para no tener que afrontar elecciones el próximo 3 de marzo. En respuesta a las críticas de quienes desconfiaban de sus intenciones, Duhalde rechazó la posibilidad de volver a presentarse a los comicios presidenciales. Además, el presidente ha tendido la mano a extrapartidarios, entre ellos al ex presidente Raúl Alfonsín, que encabeza el importante Partido Radical, y también al Frente País Solidario (Frepaso), liderado por el alcalde de la ciudad de Buenos Aires Aníbal Ibarra. "El país no está preparado para aguantar 60 días a la deriva antes de unas elecciones", comenta Ibarra.

El que sí ha salido perjudicado con todos estos acontecimientos ha sido el ex presidente Menem, que dejó su cargo en 1999 inmerso en una serie de escándalos financieros y que había manifestado su intención de retornar a la Casa Rosada. Menem estuvo bajo arresto domiciliario hasta noviembre, cuando la Corte Suprema lo absolvió de los cargos que se le imputaban como organizador de una red criminal cuyo objetivo era el tráfico ilegal de armas a Ecuador y Croacia. El juicio a Menem pasó a engrosar la lista de acusaciones de que vienen siendo objeto diversos miembros del Partido Peronista desde hace décadas, y contribuyó a que los argentinos no estuvieran dispuestos a conceder a Duhalde demasiado tiempo para llevar adelante sus planes.
La congresista por Buenos Aires Elisa Carrió, que ha protagonizado una cruzada contra la corrupción y que preside a los Argentinos por una República de Iguales, ha advertido que la encolerizada clase media del país está ahora dispuesta a lanzarse a la calle a protestar en cualquier momento. "La gente se ha dado cuenta que tiene el poder para derrocar, no a un presidente, sino a varios, y no va a detenerse", declara.
Así las cosas, ahora a Duhalde le toca convencer a los argentinos de que les conviene más tener a un presidente que otra oleada de disturbios y protestas. Pero la paciencia de los ciudadanos está ya muy mermada, y la desesperación amenaza con apoderarse de la población. Si Duhalde es incapaz de rescatar al país de la bancarrota, tanto el sistema político como la democracia que tanto sacrificio costó pueden vérselas cara a cara con el mayor desafío desde los violentos disturbios de la década del 70.
Informes de Bernard Baumohl/Nueva York; Andrew Downie/Rio de Janeiro; Uki Goñi/Buenos Aires; y Karen Tumulty/Washington

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