La India mezcla lo humano y lo divino

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Lo que algunos llaman «las catedrales del amor» provocan asombro, estupor y fascinación. Los frisos sucesivos que decoran el exterior de los numerosos templos de Khajuraho, hechos en granito o arenisca, forman torres que culminan en una especie de cúpula, minarete o aguja, dentro de un insuperable estilo indio medieval. Y todos están prodigiosamente esculpidos. Y todos muestran con naturalidad e insolencia un verdadero y completo «Kamasutra» en piedra. «Kamasutra» es aquella obra que escribió el sabio Vatsyayana hace dos milenios, para dar instrucciones sobre besos y caricias, técnicas eróticas, recetas afrodisíacas y consejos matrimoniales, y que el siglo pasado llegó a estar censurado, si no prohibido, en varios países. Siguiendo aquel libro las imágenes esculpidas en Khajuraho muestran toda clase de posturas eróticas y, en algunos casos, tienen, por ser sucesivas, un impresionante carácter cinematográfico; al recorrerlas con la vista, parece que tomaran movimiento.

Según algunos expertos, esos templos religiosos de la India fueron construidos para señalar que no sólo el ascetismo y el yoga conducen al nirvana (estado de bienaventuranza o felicidad plena obtenida por la pérdida de la individualidad y la incorporación de la esencia divina), sino que también -como lo propone el espiritualismo tantra-el bhoga o deleite físico lleva a él, y que, además, esos templos muestran la comunión de lo humano y lo divino, de lo sagrado y lo profano. Otras versiones sostienen que esos templos de la sexualidad fueron simplemente erigidos para instruir a los jóvenes brahamanes que vivían recluidos en los templos.

La dinastía chandela, que reinó durante cinco siglos, hasta sucumbir frente al poderío mogol, los hizo construir en menos de un siglo, entre los años 950 y 1050. La leyenda sostiene que fue un rey quien ordenó esas edificaciones en honor a su madre, porque cuando ella se bañaba en un lago fue fecundada por un dios. Más allá de la leyenda, las construcciones muestran el poder de esa dinastía, su capacidad para movilizar una multitud de arquitectos, escultores y artesanos.
Extraña que esos curio-sos templos no hayan sido destruidos por los diversos invasores, especialmente por los musulmanes. Se sostiene que pudieron conservarse gracias a estar alejados de los lugares de combate e invasión, en medio de una selva que hoy ha desaparecido, y que sus estatuas fueron resguardadas por el clima seco y caluroso. Los religiosos del lugar sostienen que es una gracia del dios Vishnu, el conservador, que allí tiene su templo como lo tiene también Shiva, el dios destructor.


MODO DE LLEGAR
Esos templos únicos en el mundo, de los que se ha escrito una cantidad de libros que hoy poblaría una amplia biblioteca, están considerados como Patrimonio de la Humanidad.
Para llegar a Khajuraho se puede partir desde la capital de la India, Nueva Delhi, en un vuelo en avión que sale todos los días a las 10, o tomar el tren Bhopal Express que llega a Jhansi y, desde allí, un ómnibus que recorre el trayecto de 175 kilómetros hasta los templos en unas seis horas. En las afueras de Khajuraho, hay un hotel Holiday Inn, y también los más modestos Candela y Casi Di William. Como en todo sitio turístico, hay lugares para comer, el más aceptable por su menú es Mediterráneo Restaurant

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