La llamada del dinero

Secciones Especiales

Por MICHAEL WEISKOPF

Cuando la gigante de las comunicaciones Global Crossing presentó la declaración de suspensión de pagos la semana pasada dio la impresión de que estábamos ante el Enron de los demócratas. Los republicanos, que han quedado escaldados por lo sucedido con Enron, subrayaron con satisfacción el hecho de que más de la mitad de los 800.000 dólares que Global Crossing ha dado en contribuciones políticas fue a parar al Partido Demócrata en la pasada campaña electoral. Asimismo, el Partido Republicano puso en el candelero la cuestión de cómo el presidente del Partido Demócrata, Terry McAuliffe, logró sacar un beneficio de 18 millones de dólares de sus inversiones en acciones de Global Crossing.

Pero a medida que se conocen nuevos detalles sobre el caso, resulta que los republicanos tienen tanto de qué preocuparse como los demócratas. Hay que considerar, por ejemplo, lo que parece haber ido a parar a los bolsillos del presidente George Bush con las acciones de Global. Hace cuatro años el antiguo presidente Bush padre dio un discurso a los clientes de la compañía en Japón. En lugar de cobrar los honorarios de 80.000 dólares, Bush recibió un paquete de acciones. El Wall Street Journal informó en 1999 que el valor de las acciones era entonces de 14 millones de dólares. En una recepción que tuvo lugar recientemente en la Casa Blanca el actual presidente Bush vio al presidente ejecutivo de Global Crossing, Gary Winnick, entre los asistentes. Winnick ha dicho a sus amigos que el presidente se volvió hacia su mujer y le dijo: Ese es el tipo que le dio las acciones a mi padre. El mayor de los Bush no quiere aclarar si vendió las acciones, o cuando lo hizo. Actualmente los títulos de la compañía no valen prácticamente nada.

Bush y Winnick aseguran no recordar lo que hablaron en la recepción, pero es imposible olvidar la relación tan estrecha que mantuvieron el copresidente de Global, Lodwrick Cook, y la familia Bush. Cook es uno de los miembros del consejo de administración de la biblioteca presidencial de Bush padre. Durante la campaña presidencial del hijo contribuyó 325.000 dólares al Partido Republicano. Además ha estrechado sus lazos con la Administración actual. Diversas fuentes han informado a TIME de que Cook se reunió con el secretario de Comercio, Don Evans, en junio pasado para discutir un asunto pendiente de la anterior Administración de Clinton: la tasa de 7,2 millones de dólares que tuvo que pagar la compañía por instalar el cableado de fibra óptica por medio de una reserva marina en el estado de Washington, en el noroeste del país. En agosto, los asesores de Evans mostraron su disposición a suspender temporalmente el pago de la tasa mientras examinaban el tema y ofrecieron a Global la posibilidad de proponer una tasa menor. De momento no se ha tomado ninguna decisión.

Los conexiones políticas de la compañía le han dado acceso también a otros altos cargos del Gobierno de Bush. Cook ha declarado a TIME que se reunió con el vicesecretario de Defensa John Stenbit en octubre pasado para pedirle que se volviera a incluir a Global Crossing en un procedimiento de adjudicación de científicos especializados en temas de defensa. Anteriormente Global había ganado el contrato de 400 millones de dólares, pero problemas burocráticos obligaron a su cancelación, una decisión de la que Cook se quejó ante Stenbit.

Global Crossing también viajó con Evans a Rusia en su primera misión comercial, un viaje que tuvo lugar en octubre y en el que se pudo reunir con líderes políticos y de los negocios de aquel país. Global fue una de las empresas de telecomunicaciones representadas en la misión, que estaba compuesta de 14 miembros, seleccionados de entre 76 solicitudes. Pocas semanas antes de la selección, Global dio 50.000 dólares al Comité Nacional Republicano, y dos semanas después otros 50.000. El portavoz de Evans dijo que la elección de Global para el viaje a Rusia y la decisión de revisar el pago de la tasa mediombiental en Washington no tuvieron nada que ver ni con política ni con dinero. Cook también negó dicha conexión.

Los lazos entre el Global Crossing y el Partido Republicano son igualmente fuertes. Winnick ha prometido dar 1 millón de dólares para la construcción de la biblioteca presidencial de Bill Clinton, y ha contratado a varios consultores ligados a dicho partido, entre los que están un antiguo asesor de Al Gore, Greg Simon, y una antigua ayudante del fiscal general, Anne Bingaman, quien es, además, esposa del senador por Nuevo México Jeff Bingaman.

El presidente del Partido Demócrata, Terry McAuliffe, dice que los beneficios obtenidos con las acciones de Global Crossing son fruto de una inversión de 100.000 dólares, aunque, al igual que Bush padre, tuvo la oportunidad de adquirir la participación antes que la empresa saliera a cotizar en Bolsa en 1998. Los inversionistas pequeños, al igual que los acreedores y los empleados, que se han visto atrapados por el colapso financiero de la firma no pueden por menos que envidiar el oportunismo de McAuliffe y el de Cook y Winnick, que entre los dos vendieron acciones por valor de 750 millones de dólares durante los tres últimos años. Los dos copresidentes son muy diferentes.

Cook tiene un porte elegante y aristocrático, mientras que Winnick es un típico neoyorquino de Long Island, a quien le gusta gastar el dinero tanto con sus amigos como con los políticos. Hace dos años, después de zamparse unos perritos calientes y unas hamburguesas con papas fritas, Winnick se llevó a Cook y al anterior presidente de Global, Tom Casey, a un concesionario de autos extranjeros, según ha podido descubrir TIME. En 30 minutos compró un Rolls Royce para Cook y un Aston Martin para Casey. Es posible que esa generosidad esté bien en el mundo corporativo, pero en esta era postEnron, los políticos van a aprender que eso también tiene su precio.

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