La luz roja se enciende en los depósitos mundiales

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El gasto actual de combustibles fósiles es de tal magnitud que conviene ponerlo en perspectiva, para que nos demos cuenta de lo que estamos haciendo al planeta. El petróleo consumido y que se quema en el planeta Tierra equivale al del chorro que saldría por una tubería de dos metros (si la viscosidad del petróleo lo permitiese) a cerca de 150 km/h, las 24 horas del día y los 365 días del año.
El gas natural quemado anualmente, equivale a un cubo de 14 kilómetros de lado, si estuviese a presión ambiental.
El carbón que se quema cada año son unos mil doscientos millones de camiones de cinco toneladas cada uno. Esto es, aproximadamente una tonelada por persona sobre la Tierra y año.
La madera consumida anualmente, si se pusiese en volumen ocuparía una altura como la de la Torre Eiffel (300 m) y tendría 3,5 km de lado.
Si lo que los organismos internacionales llaman «reservas probadas» pudieran, digamos, hasta duplicarse, como algunos optimistas sugieren cuando se les enfrenta a este terrorífico cuadro, fuese por arte de magia o por una sobreexplotación de los yacimientos existentes o por una desesperada búsqueda y afortunado hallazgo de nuevos yacimientos, está todavía por ver si debería quemarse todo el combustible fósil y nuclear que conocemos en las reservas actuales y el que podamos encontrar y si el planeta, los seres vivos, en definitiva, lo pueden aguantar, no sólo por la contaminación adicional de partículas, que crecerá de forma exponencial, según se utilicen las reservas menos puras, sino también porque consumir es calentar y de lo que se trata es de no calentar más el ambiente.
Las búsquedas frenéticas de franjas bituminosas o de carbones varios para convertirlos en petróleo son otro ejemplo de huida hacia adelante que sólo prolonga la agonía de las reservas unos años más, para dejar el planeta mucho más contaminado de lo que ya está y aumentarán exponencialmente el efecto entrópico; esto es, el esfuerzo energético extra y los efectos secundarios que costará al planeta Tierra poner estos combustibles tan impuros en condiciones de ser usados por motores de combustión interna.
Para los irreductibles optimistas que siguen pensando que sus gobiernos «ya sacarán algo a tiempo», se debe insistir, una y otra vez, en que cualquier cosa que produzca energía, produce
calor y contaminación y los lanza al ambiente y se trata, precisamente, de evitar esto, no de perpetuarlo.
La deplorable actuación de las principales potencias industriales en las últimas conferencias mundiales sobre medio ambiente y su posterior absoluto desprecio a las recomendaciones, son un segundo sombrío indicador de su nula voluntad para resolver este delicado asunto y de que sus voluntades apuntan más a resolver esto por la vía de las armas, aunque sepan de antemano que el pan de hoy que se comerán quitándoselo a los demás, sea el hambre de mañana para ellos mismos.

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