Las secretas historias de una playa de lujo

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Las secretas historias de una playa de lujo

Quién era José Ignacio se preguntan muchos de los turistas que arriban a ese balneario uruguayo, que como tantos otros comenzó siendo un pueblo de pescadores hasta convertirse en una zona de residencias de lujo. La Punta de José Ignacio, como se la conoce geográficamente, es la prolongación de la costa hacia el océano, que conforma un paradisíaco rincón del Uruguay en el que muchas personalidades del espectáculo han decidido afincarse.

Un poco de historia

Algunos conocedores sostienen que su nombre podría provenir de un antiguo poblador de la zona, llamado José Ignacio Sylveira. Otra versión indica que José Ignacio fue un faenador o un tropero indio de las Misiones Jesuíticas. Esas son sólo conjeturas, pero lo que sí señala la historia como verdadero es que en 1763 el virrey Cevallos creó una estancia a la que llamó José Ignacio. El hecho fue importante para los pobladores de la zona, ya que el lugar les proporcionaba gran cantidad de caballos para poder desplazarse.
Más de un siglo después, en 1877, se inauguró el Faro de José Ignacio con el fin de evitar naufragios en la zona. Con sus más de 32 metros divide la Brava de la Mansa. Fue construido con una mezcla de tierra de origen volcánico procedente de Roma, más dura que el cemento, razón por la que se conserva en perfecto estado.
Recién en 1917, José Ignacio dio el primer paso hasta llegar a convertirse en lo que es. Fue cuando el agrimensor Eugenio Sainz Martínez, propulsor del balneario, realizó el primer loteo de terrenos.

Ayer y hoy

En la actualidad sigue conservando ese toque pintoresco que lo asemeja a una aldea de pescadores, con las barcas en la orilla y los quinchos sobre playa mansa. El balneario es famoso por sus excelentes restoranes especializados en frutos del mar.
José Ignacio, al decir de muchos, es más que un lugar de moda, es la esencia natural, donde se ubica una zona de residencias de estilo informal.
El encanto de este balneario hace que se convierta en el sitio preferido para veranear de argentinos, uruguayos, brasileños y europeos que no han podido resistir el encanto del mar, la calma y las arenas blancas.
José Ignacio ofrece un valor agregado, el estar ubicado entre dos lagunas, Garzón y José Ignacio, propicias para la práctica de deportes como windsurf, canotaje y navegación en pequeños veleros. Pero las actividades náuticas a motor se encuentran prohibidas, a fin de mantener la variada fauna autóctona. También hay un circuito gastronómico con más de 20 restoranes, capilla católica, galerías de arte, artesanías, boutiques de ropa y juegos infantiles en la plaza principal.

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