9 de junio 2006 - 00:00

''Lo más fantástico de mi trabajo son los viajes''

Iván de Pineda abraza al veterano actor Ricardo Passano durante la filmación de “Cuando ella saltó”.
Iván de Pineda abraza al veterano actor Ricardo Passano durante la filmación de “Cuando ella saltó”.
Es muy posible que Iván de Pineda haya logrado en el último lustro el récord de viajero argentino por el mundo. El modelo hispanoamericano más cotizado en el universo fashion internacional -que cada vez que tiene oportunidad busca demostrar que para ser modelo no es necesario ser una tonta marioneta- ha utilizado sus viajes para hacer turismo cultural en sentido amplio. En la charla pasa de recomendar que para comer las mejores pastas en Nueva York hay que ir al restorán de la familia Johns a comentar la novela de Arturo Pérez-Reverte, que volvió a releer durante su último viaje, o destacar una muestra que considera imperdible en un museo de París. Luego de haber trabajado para Kenzo, Moschino, Versace, Hugo Boss, Yves Saint-Laurent, entre muchos otros, Iván de Pineda empezó a aparecer por TV. Comenzó siendo notero del programa «El rayo» para, últimamente, ser el conductor de «Habitación 414». Ahora se apresta, en una nueva aventura, a ser el protagonista de la película «Cuando ella saltó», que ha comenzado a filmarse.
Periodista: ¿El más cotizado modelo internacional argentino es español?
Iván de Pineda: Nací en Madrid hace 28 años y llegué a la Argentina a los 8 años, y 8 años después inicié una carrera como modelo que me llevó a recorrer el mundo. Tengo una dualidad que me honra. Me siento orgulloso de haber nacido en España, un país con una historia tan rica donde tengo mis raíces, mucha parte de mi familia. Y, a la vez, tengo la maravillosa suerte de ser mitad argentino y pertenecer a un país increíble; más allá de todos nuestros problemas, uno de los mejores países del mundo. Cuando me preguntan, me pongo arrogante y digo que tengo lo mejor de dos mundos.
P.: ¿Empezó a hacer turismo a los 16 años?
I. de P.: Un turismo obligado, con poco de turismo, que no sabía que me iba a llevar a dar tantas vueltas. Al principio era como un juguete nuevo. Iba a conocer lugares que había soñado, me pagaban el pasaje, la estadía y, encima, ganaba honorarios. Mi primer viaje fue Miami-Nueva York-Londres, para hacer fotos para L'Uomo Vogue, y duró un mes y medio. A partir de ahí viajé por América, Europa, Asia, Africa, el mundo. Y todos los lugares tienen cosas admirables.
P.: Por ejemplo, Milán, donde hizo buena parte de su carrera.
I. de P.: Milán es todo: el Duomo, La Scala, el Castello Sforzesco, Via Montenapoleone, Corso Venezia. Es una ciudad para ponerse los tenis y salir a caminarla. Caminar es tan esencial como interactuar con la gente, sólo así se entiende por qué actúan de determinada manera, su idiosincrasia, y se puede compartir su cultura. La otra clave para un buen viaje es mantener despierta la curiosidad. Cada ciudad tiene su identidad, y hay que conocerla. Al bajar del avión uno tiene que sentir que comienza una aventura, y no porque vaya a ser un remedo de Indiana Jones.

VIAJERO EMPEDERNIDO
P.: ¿Puede hacer turismo teniendo tanto trabajo?
I. de P.: Siempre me pongo como una obligación tener, por lo menos, un día para mí, para no sentirme mal, para no sentir que he desaprovechado el viaje. Claro, a veces me toca hacer Buenos Aires un día, Tokio dos días, Nueva York un día, París un día, y de vuelta a Buenos Aires por dos días. En una semana estaba en cuatro ciudades antípodas y, a la vez, top. Eso cambia la mente, se aprende a comprender y a aceptar las diferencias. Claro, a mí me gustaría viajar alguna vez por placer, porque vivo haciéndolo para trabajar. Pero no soy desagradecido, si-empre digo que lo más fantástico que me ha dado mi trabajo son los viajes.
P.: ¿Por qué señaló a Buenos Aires como un destino top?
I. de P.: Buenos Aires ha sembrado su mitología por el mundo. Recuerdo que fotógrafos geniales como Richard Avedon, Bruce Weber y Mario Testino me preguntaban cosas muy concretas de la Argentina, sobre lugares y gente. Hablaban de Evita o del tango, pero también de un barrio o de un artista. Siempre sorprende que gente así se interese tanto por nosotros. Creo que eso se debe a que la Argentina tiene una mística especial en el mundo y a que hemos tenido grandes embajadores sin embajada: Borges, Cortázar, Luis Angel Firpo, Fangio, Leloir, Mildstein, Vilas, Maradona, figuras que nos representaron en el mundo de forma colosal.
P.: ¿Es por eso que ha crecido tanto el turismo en nuestro país?
I. de P.: Antes la Argentina era un destino muy caro. En un café yo gastaba acá más que en París o New York. La oportunidad que ofrece hoy el país nos va a beneficiar a la larga en un montón de cosas, y ya nos ha servido mucho. Eso ayudó a sortear esa barrera que es la lejanía, la cantidad de horas de vuelo a la que europeos y norteamericanos no están acostumbrados. Es notable que ahora se atrevan a venir, que queden fascinados y que lo transmitan a sus amigos, y que vuelvan. Yo que he estado en todas las grandes ciudades de la región, Buenos Aires es incomparable. Tiene lo colonial junto a lo posmoderno, corredores arquitectónicos de notable elegancia, hoteles y restoranes de primera línea, amplísima gama de espectáculos, gente amigable, donde hay mucha que habla inglés. Si yo fuera un turista extranjero, Buenos Aires sería uno de mis destinos favoritos sin lugar a duda.
P.: ¿Su trabajo de modelo lo ha hecho adicto a los viajes?
I. de P.: Ya soy un viajero empedernido, si no viajo durante un tiempo, siento la imperiosa necesidad de hacerlo. Además, tengo la suerte de que con el trabajo no paro. De paso, lo siento, pero me tengo que ir a Santiago de Chile a hacer un desfile.
Entrevista de Máximo Soto

Dejá tu comentario