Los huéspedes exigen estadía ''à la carte''

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En mi juventud tuve la oportunidad de viajar bastante, conocer muchos lugares y fue así que nació mi pasión por la hotelería. Pero cuando entré en este mundo no fue para quedarme fijo en un solo
lugar sino para conocer nuevos destinos, personas, culturas y poder aprender de esas culturas. Y es ese aprendizaje de lo local lo que me permite idear la forma de trabajar en cada lugar, sin imposiciones preconcebidas».
Yves Giacometti, gerente general del Four Seasons Buenos Aires, llegó hace casi cuatro años de París. Fue sólo una casualidad, ya que, pese a haber nacido en la capital francesa, desde hace más de dos décadas anda por el mundo de la mano de Four Seasons.
Houston fue su primer destino; en Venezuela abrió un hotel; después estuvo en México y Montreal. Ahora desde Buenos Aires, también dirige el Four Seasons de Carmelo.

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El interés general por las leyes lo llevaron a estudiar primero Derecho, para luego hacer una maestría en management.
«En ese momento no tenía muy en claro lo que quería, y cuando maduré y me ubiqué un poco mejor, fue donde me di cuenta que me gustaba el turismo, sobre todos los hoteles». Sobre ese mundo, cómo ve a la Argentina y cuál fue su experiencia con las estrellas de rock giró esta entrevista con Ambito del Placer.
Periodista: ¿Cuál fue su primera impresión sobre Buenos Aires?
Yves Giacometti: Yo viajo siempre sin preconceptos. Y fue en ese marco que me impresionó muchísimo encontrar un país tan europeo en América latina. Hoy todavía hay mucha gente que no sabe de eso. Cuando llegan los turistas se admiran porque se dan cuenta que este país es un poco como el suyo, a pesar de estar a miles de kilómetros de donde viven. La manera en la que te reciben aquí, con los brazos abiertos, te hace sentir muy bien. Se nota el interés de los argentinos en todo, porque apenas saben que uno es de otro país ya quieren saber cómo es ese otro lugar. Si uno viene con ideas preconcebidas sobre las forma de comer, de vestir, de beber, entonces ya se empieza mal porque cuando se viaja es cuando se descubren cosas.
P.: ¿Y qué cosas usted descubrió?
Y.G.: Cada país tiene mucho para ofrecer y se puede aprovechar si no viene con la idea de conocer algo nuevo. Si uno viene a trabajar aquí e intenta imponer cualquier forma de pensamiento, se comienza mal, además de mostrar una falta de respeto ya que la gente siempre tiene muchas cosas para enseñar. En la Argentina la calidad humana es increíble, es un país con una alta capacidad para superar los retos. Los jóvenes que trabajan en el hotel quieren aprender de todo, desde computación hasta inglés, y esa es una característica que no vi en ninguno de los lugares en los que estuve.
P.: Pero seguramente habrá encontrado otras cualidades...
Y.G.: En Venezuela y México percibí ese deseo de aprender, la gente es muy receptiva. Estados Unidos es más tradicional, no ofrece muchas sorpresas. Nuestra cultura está basada en tratar a los demás como deseas que te traten. Al principio suena un poco cursi, pero cuando lo vives y lo transmites se convierte en algo sencillo que te permite sacar lo mejor de las personas. En Francia la gente no tiene fama de ser muy agradable ni receptiva... pero con esta concepción como empresa en París logramos que se piense lo contrario.
P.: Usted llegó a la Argentina cuando el país estaba comenzando a recibir una mayor cantidad de turistas, ¿cómo vivió la evolución?
Y.G.: Cuando comenzó a haber mayor estabilidad y después de incrementarse los problemas con el terrorismo en Europa, la gente comenzó a buscar nuevos destinos. Y fue en ese momento que se presentó la Argentina, con una infraestructura hotelera más grande, más imponente. Allí comenzó a llegar toda clase de turistas de diversas partes. En Four Seasons en especial recibimos a corporativo y de placer, y es casi la situación ideal porque nos permite trabajar todo el año con distintos mercados. Estados Unidos y Europa tienen muchos vuelos directos y todos están completos. Pero ahora estamos en una etapa muy distinta. Hay algunos problemas, como el tema de los radares, que no da buena impresión afuera. Es una fuente muy importante de ingresos para el país, pero si los turistas comienzan a encontrar que tienen siempre demoras y cancelaciones, entonces comenzarán a ver con otros ojos al país. Y eso no es bueno.
P.: ¿Cree usted que existe un huésped más exigente?
Y.G.: En Buenos Aires hay un muy buen nivel de hoteles, mucha oferta. El viajero puede encontrar su hotel en base a sus necesidades y a su poder adquisitivo. Nosotros somos del grupo de los hoteles cinco estrellas, pero hay muchas estancias, bed and breakfast y hoteles en el interior del país que merecen que la gente vaya a conocerlos. Los huéspedes corporativos vienen para tener una estadía productiva. Generalmente tienen poco tiempo para hacer todo su trabajo y nosotros tratamos de facilitarles todo ese proceso. El mejor logro es cuando un huésped vuelve, porque además ya sabemos qué es lo que quiere. El huésped es cada vez distinto, sí exigen que uno no se equivoque. Busca que se le haga su visita lo más fácil posible. Si quiere ir a un museo, hay que decirle qué es exactamente lo que hay en ese lugar, cuál es el mejor horario, el mejor día, si hay visitas guiadas bilingües. El viajero que llega aquí es profesional, estuvo por todo el mundo. Es una persona que no sólo viene para disfrutar de la piscina, sino que viene para educarse. Nos da la responsabilidad de educarlos, de que les expliquemos cómo es este país, cuáles son las mejores cosas que pueden hacer. Cuando uno sabe sus gustos, puede armar una estadía «à la carte» para el huésped. Eso es lo que quieren.

Entrevista de Andrea Fernández

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