Maravillas que no dejan de deslumbrar

Secciones Especiales

El Calafate reúne un conjunto de maravillas naturales tan espectaculares que desde hace ya tiempo vienen justificando a muchos turistas extranjeros realizar un viaje a la Argentina, aun desde los más remotos puntos de la Tierra, con el único fin de visitar esa zona que el famoso escritor y viajero inglés Bruce Chatwin definió como «la mágica Patagonia».
Las especiales características de la región hicieron que en 1981, hace ya 26 años, la UNESCO la declarara Patrimonio de la Humanidad.
Enormes glaciares en eterno movimiento, coloreados en todas las gamas del blanco al azul profundo, desprenden frente a los ojos de los visitantes la prodigiosa desmesura de bloques helados del tamaño de rascacielos, que luego permanecen flotando en los grandes lagos de aguas de cambiantes matices turquesa, como témpanos de caprichosas formas.
Este paisaje glacial se encuentra enmarcado por los cerros de la cordillera andino-patagónica, de laderas cubiertas de bosques y estepas, que con las diferentes estacio-
nes van pasando del verde al rojo, al amarillo y al blanco; al cubrirse de brotes, de hojas, de flores, de frutos, de hojas secas, de nieve...
Visitantes de todos los rincones del mundo se acercan a El Calafate día tras día, y la experiencia les resulta conmovedora, emocionante, sin dudas única y, por suerte, repetible.
No es extraño ver a alemanes, españoles, ingleses, franceses, japoneses, italianos, canadienses, estadounidenses y de muchas otras nacionalidades (no falta toda la gama de los latinoamericanos, de los mexicanos a los chilenos y argentinos) parados juntos, en silencio, contemplando, por ejemplo, el Glaciar Perito Moreno, y conmovidos hasta las lágrimas.

MAGNIFICENCIA
«Las sensaciones son muy fuertes; uno se siente pequeño y grande a la vez, los ojos no alcanzan a abarcar tanta belleza, y los centenares de fotos y las horas de video no sirven más que para recordar, pero son insuficientes para reflejar la magnificencia de lo visto», admite Ray Fellner, fotógrafo californiano.
Acaso por eso, los calafateños no dudan en proclamar, como lo ha hecho un destacado dirigente de esa comunidad: «Nuestro orgullo es cuidar y preservar lo que tenemos para ofrecer al mundo. Amamos la maravillosa tierra en que vivimos y queremos que todos los hombres del mundo la conozcan. Por eso, trabajamos para que el crecimiento y el desarrollo de nuestro lugar sea sustentable. Queremos que las futuras generaciones disfruten de la naturaleza que nos rodea tal como se la puede ver hoy, y tal como la vio el primer ser humano que alguna vez la pisó. Desde El Calafate bregamos para que las Areas Naturales Protegidas se multipliquen y se respeten, para que nuestro pueblo crezca unido, ordenado y pintoresco, para que la comunidad se capacite en la vocación de servicio y para que cada vez haya más seres humanos en nuestro planeta que puedan llorar de emoción frente a un gigante de hielo».

Datos
El Calafate es una simpática y pequeña «villa turística», con un nuevo aeropuerto internacional, que la acerca a tres horas de Buenos Aires y la comunica con el mundo, ligada con la capital de la provincia de Santa Cruz por 300 km de ruta asfaltada y con el Parque Nacional Los Glaciares por 50 km de camino que está siendo pavimentado y que constituye un paseo en sí mismo, a través de la estepa patagónica.
En la localidad existe un muy bien equipado hospital regional, servicios de comunicación con la más moderna tecnología y unos 6.000 habitantes preocupados por el bienestar de los visitantes.
En El Calafate se encuentran todos los servicios para que la estadía de los turistas sea cómoda y segura.
Hay alojamientos para todos los gustos y presupuestos, desde hoteles cinco estrellas hasta campings, hay restoranes y confiterías para cada paladar (muchos de ellos ofrecen las grandes especialidades patagónicas, de los platos de trucha, ciervo y jabalí a la famosa patisserie).
Existe un amplio conjunto de agencias de viajes que organizan innumerables paseos y excursiones.
Se vuelve casi inevitable la visita a las casas de artesanías para llevarse de regreso suvenires y productos regionales. La constante presencia de jóvenes ha hecho que no falten las actividades nocturnas.
Además, y esto es fundamental, hay una población atenta y amable, preparada para recibir y satisfacer todo requerimiento de los visitantes.
La calidad y la calidez de los servicios de El Calafate son la antesala para disfrutar de la contemplación de los increíbles paisajes y de actividades como caminatas, cabalgatas, trekking (incluso sobre el hielo), navegación por los lagos, vuelos en globo aeroestático, visita a las históricas estancias patagónicas, patinaje sobre hielo (en la temporada de invierno), visita a sitios de arte rupestre, excursiones en vehículos 4x4, paseos en cuatriciclos y bicicletas, campamentismo, una visita a la pintoresca localidad vecina de El Chaltén, junto a los cerros Fitz Roy y Torre.

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