Mendocinos y turistas merecieron algo más

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Escribe Osvaldo Sorbara (enviado especial)
Mendoza - Si en algo no hay ninguna duda es en que la Fiesta Nacional de la Vendimia es el acontecimiento artístico, turístico e industrial más importante del país (y posiblemente de América latina), por su espectáculo, organización y convocatoria. No es fácil movilizar a más de 300 mil personas, y es un mérito muy importante que fueron logrando los organizadores y gobiernos a través de los años. Los más de mil policías que custodian el orden, de día y de noche, por las avenidas. La impresionante organización en torno al anfiteatro es cada año impecable.
En cambio, si nos detenemos a analizar, después de participar durante muchos años en esta fiesta, en el carrusel y la vía blanca, vemos que decae la presentación de los carros vendimiales. Es difícil imaginar que los alicaídos municipios aporten dinero cada año, pero estos últimos dos años algunos empresarios de la industria vitivinícola, en permanente crecimiento, o de otros sectores, bien podrían haber aportado «a su reina departamental» un apoyo más notorio; las 250 mil personas que están en las calles entre mendocinos y turistas merecían algo mejor en el 70º aniversario.
Hace más de 15 años veíamos cómo la gente de la bodega Giol había construido un carro íntegramente con botellas, donde se manifestaba creatividad, ingenio y una notable calidad en la presentación.
Con el paso del tiempo, estos carros se fueron descuidando, pero, afortunadamente, no en todos los casos. Hubo este año quienes se destacaron, como la gente de la bodega López, que presentó un carro original y de real calidad, sin duda el mejor de la noche. Y tuvieron un premio adicional, su soberana Soledad Reina, representando a Maipú, fue elegida Reina de la Vendimia.
En la Serenata de las Reinas, en el hotel Hyatt, promocionada por los organizadores como exclusiva para invitados especiales y como cóctel de gala, fue extraño ver gente vestida con bermudas y ojotas. El personal del hotel no dejaba pasar ni a los embajadores, quienes caminaban de una vereda a otra para poder acceder, señalándole los guardias un ingreso tras otro, mientras que había otros invitados que ingresaban con una especie de ticket parecido a un boleto de colectivo. Fue la del hotel una reunión aburrida, falta de espectáculos, con autoridades e invitados separados en distintas zonas. Un error de organización.
Otro error fue el de la gente que coordinó a los 60 periodistas locales y extranjeros, quienes, acreditados, no contaban con sus credenciales. Coordinaban jóvenes en algunos casos inexpertos que no conocían ni por dónde se debía ingresar al anfiteatro.
Eso sí, la fiesta mayor en el anfiteatro Frank Romero Day, con más de 30 mil espectadores, deja siempre poco margen para el error. El espectáculo de 600 artistas en escena es, según todos, «majestuoso», y si bien «Tierra mágica» tuvo un argumento moderno, distinto, por momentos un poco extraño, que no todos comprendieron, la iluminación y el sonido fueron excelentes, el vestuario brillante, con una gama muy extensa de colores, en tanto que la escenografía fue poco creativa en general en los 2.000 metros cuadrados de escenario, y la coreografía presentó fallas muy visibles de coordinación.
Los 14 mil dólares en los fuegos artificiales estuvieron como siempre muy bien invertidos; sorprendieron y, como siempre, maravillaron.

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