Neuquén abre frentes para seguir en carrera

Secciones Especiales

Escribe Miguel Toledo

Durante décadas fue emblemática por ser la principal productora de petróleo, gas y energía eléctrica del país. Desde los años 60 en adelante, su desarrollo económico se basó en estas actividades, de las que sigue dependiendo casi exclusivamente. Un Estado rico por el ingreso de regalías y una actividad privada dinámica por la inyección de recursos a todo nivel la erigieron como la provincia de mayor crecimiento económico y poblacional durante años. Sin embargo, su industria petrolera comenzó a declinar paulatinamente a partir de 1998, cuando alcanzó su pico histórico de producción. Desde entonces, la disminución de la extracción se ha ubicado en el orden de 5% anual, y la tendencia continúa.
Sigue siendo la principal productora, pero la característica de Neuquén es que sus yacimientos, que fueron los más productivos del país, son a su vez los más maduros y ya ingresaron en una fase de agotamiento natural.
Por otro lado, la provincia se ha sentido perjudicada por el congelamiento de los precios del gas y un sistema de cálculo de regalías petroleras sobre la base de precios internos regulados; y no según los internacionales, como entiende debiera suceder. Cuando estas dos pinzas comenzaron a cerrarse, Neuquén ya tenía consolidado un modelo caracterizado por un fuerte gasto público, especialmente en sueldos estatales, que hoy le resulta difícil equilibrar.
Casi en coincidencia con la gestión del nuevo gobernador, Jorge Sapag, Neuquén tiene hoy abiertos tres frentes por los que aspira a reposicionarse como productora de energía: la construcción de la central hidroeléctrica Chihuido I, la renegociación masiva de las concesiones petroleras y la posibilidad de explotar un nuevo tipo de reservorios de gas, que los geólogos conocen como "gas tight", y que, con un poco de suerte, podría hasta duplicar sus actuales reservas.

Gas tight

Es relativamente nueva, incluso a nivel mundial, la explotación de este tipo de gas "no convencional", que básicamente es gas alojado en formaciones de arenas muy compactadas (de allí su nombre «tight»-compacto) de baja permeabilidad. En Estados Unidos, el desarrollo de estos yacimientos comenzó en la década del 90 y ahora casi 20% del gas total producido viene de éstos. Tan nuevo es todo esto, que en general las empresas que pretenden explotar estos reservorios han empezado por "copiar", desde el punto de vista técnico, las experiencias de sus colegas americanas. A priori, se sabe que el gas tight está presente en las cuencas Neuquina y Austral, aunque es prematuro dimensionar cuánto hay. De cualquier manera, las perspectivas son alentadoras.
Sin embargo, no es fácil extraerlo. Requiere no sólo soluciones tecnológicas nuevas, sino, fundamentalmente, un marco jurídico y de mercado que estimule estas inversiones. En otras palabras, requiere referencias de precios para el gas que hoy no se dan.

Renegociaciones de contratos

La posibilidad de recuperar estas reservas no convencionales de gas dependerá en gran medida de lo que suceda con el segundo frente que tiene abierto Neuquén: la renegociación masiva de los contratos petroleros.
La semana pasada, el gobierno neuquino firmó un decreto por el cual abre un registro para todas las empresas que quieran comenzar las negociaciones para seguir en cabeza de las actuales concesiones, que vencen en su mayoría entre los años 2015 y 2017.
La provincia tiene claro, por un lado, la oportunidad de llevar aliento a su renta pública, ya que estas readjudicaciones implican el pago de derechos o canon, pero, sobre todo, el compromiso de nuevas inversiones.
También parece tener claro Neuquén que el sistema de fijación de regalías no puede mantenerse rígido, en especial cuando se trata de áreas de riesgo o, como el caso del gas tight, de un nuevo tipo de exploración y explotación que no existía cuando se definieron los contratos originales.
Neuquén tiene la oportunidad casi histórica, se diría, de definir modelos de avanzada concepción, poniendo sobre la mesa tanto el tema de regalías flexibles (no necesariamente más bajas, según los casos), como las concesiones por horizontes productivos, como se hace en Canadá, donde una empresa puede tener derechos para explotar ciertas formaciones geológicas, mientras que otra lo tiene para explotar formaciones más profundas, ambas compartiendo el mismo espacio superficial.
La Cuenca Neuquina parece encajar en estas posibilidades, porque es una cuenca compleja, que tiene formaciones productivas superpuestas y cada una de ellas con claras diferencias petrofísicas y, en consecuencia, que demandan respuestas e inversiones diferentes.

Chihuido I

En la última semana, la provincia avanzó sustancialmente, luego de firmar un acuerdo con el gobierno nacional, en la posibilidad de concretar, finalmente, el viejo proyecto hidroeléctrico Chihuido I, sobre el río Neuquén. Se llamará a licitación para obtener propuestas (se asume que tanto la provincia como Nación aportarán fondos) y se prevé que para el año próximo se comiencen los trabajos.
Este proyecto tiene una larga, rica y azarosa historia. Su última oportunidad perdida fue durante el gobierno anterior, cuando la administración provincial abrazó decididamente el proyecto Chihuido II (imaginado inicialmente como un compensador del primero), en circunstancias tan polémicas que terminaron por sepultarlo, al menos en los términos en los que estaba planteado.
Chihuido I fue imaginado por Agua y Energía Eléctrica en la década del 70, pero perdió entonces la batalla en la consideración del gobierno nacional frente a Piedra del Aguila (1.400 MW). El proyecto original se llamaba "El Chihuido" y era una obra monumental, de 1.800 MW. Con el paso del tiempo, este proyecto se fue achicando, aunque debe hacerse notar que aún existe toda la documentación y estudios que hizo AyEE para el proyecto "grande", sobre todo los geológicos, planimetría, etcétera.
Durante la gestión del gobierno anterior, la empresa Cartellone presentó una propuesta para construir Chihuido I, pero esta iniciativa no fue alentada. De cualquier manera, es el último proyecto que se conoce y consistía en una represa de hormigón rollidado (no materiales sueltos como erróneamente aparece en un informe de prensa de la provincia), con 370 MW de capacidad total con dos turbinas Francis y una generación prevista de 1.700 MWh/año.
Y algo especial (que se verá ahora cómo piensa encararse en el nuevo llamado a licitación): el proyecto preveía la construcción de un canal de riego por gravedad, Lolol Co, hasta Cutral Có.

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