Nostalgias londinenses fundaron la rica historia de Catamarca

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Londres de la Nueva Inglaterra fue el primer nombre que tuvo en su historia Catamarca. Así fue bautizada en su fundación, cuando corría el año 1558 y Juan Pérez de Zurita decidió homenajear a Felipe II, cuya esposa María Tudor era inglesa.
Claro que la historia no se detuvo allí, y la provincia norteña fue objeto de otras dos fundaciones posteriores: la primera a cargo de Pedro Ramírez de Velazco en 1591, quien al igual que Pérez de Zurita eligió el valle de Quinmivil; y la segunda a manos de Fernando Mendoza de Mate de Luna, el 5 de julio de 1683, en el lugar en que hoy se encuentra la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca, es decir los faldeos del Ambato, sobre la margen derecha del Río del Valle.
Lejos de su origen «londinense» -la ciudad de Londres sigue existiendo y es una de las más antiguas de la Argentina-, el vocablo Catamarca, con el que hoy se conoce a la provincia y su capital, proviene de una voz quichua que significa «fortaleza en la falda», en referencia al emplazamiento geográfico de la ciudad.
Hasta 1821, Catamarca permaneció unida a Tucumán. Hubo que esperar hasta el 25 de agosto de ese año, día en que Nicolás Avellaneda y Tula, quien presidía los destinos de Catamarca a nombre de la República de Tucumán, convocó en la Casa Municipal a lo más selecto de la sociedad catamarqueña. Fue entonces cuando declaró que Catamarca y su territorio eran tan libres como todos los demás pueblos constituidos en provincias.
A 185 años de estos hechos históricos Catamarca tiene bien delimitada su actividad dentro del concierto de ciudades argentinas. Se trata de una ciudad con importante comercio, líder en exportaciones mineras, con una muy activa vida cultural. En materia turística, Catamarca es fiel exponente de la cultura y la geografía del Noroeste, con una amplia cantidad de propuestas:
c Balcones del Valle. Situado en el sudeste de la geografía catamarqueña, el Valle Central es el punto casi exclusivo elegido por los turistas para comenzar su visita a Catamarca. Formado por los departamentos Capital, Valle Viejo, Fray Mamerto Esquiú y Capayán, esta región brinda al viajero en recorrido histórico y paisajístico, que ofrece como puntos culminantes los balcones de la Cuesta de El Portezuelo y el impactante dique Las Pirquitas.
c Cumbres Nevadas de Aconquija. A 1.350 metros sobre el nivel del mar se arriba a Aconquija, uno de los lugares más bellos de Catamarca. La villa está asentada a los pies del cerro homónimo, de permanentes cumbres blancas. Las estancias del lugar brindan una amplia oferta de actividades de turismo de aventura, como safaris fotográficos, cabalgatas y pesca de altura.
c Cumbres y valles de Ambato. Bajo la imponente presencia del cerro El Manchao (4.400 msnm), los paisajes de Ambato se aunan en un circuito de pintorescas villas turísticas con muy buena infraestructura para el visitante. Ideal para el turismo alternativo y la práctica de enduro, mountain bike y parapentismo, el recorrido llega hasta el dique Las Pirquitas, el más grande de la provincia, apto para todo tipo de deportes náuticos.
c Las Huellas del Inca. Pró-xima a la localidad de Londres se encuentra el Shincal de Quimivil, un parque arqueológico monumental construido y habitado por los incas entre 1470 y 1536, respetando el trazado urbano de Cuzco. Enmarcado por un extraordinario paisaje, comprende más de un centenar de recintos agrupados en edificios monumentales.
c Paisajes y poblados de la Puna. Ubicada en la Región Andina, la Puna es uno de los sitios más despoblados de la tierra, y uno de los más enigmáticos y sorprendentes. Enclavada a más de 3.500 msnm representa la zona más virgen de Catamarca. En su morfología volcánica ostenta numerosos conos de más de 600 metros, campos de lava y cerros con médanos ideales para recorrerlos a bordo de una camioneta 4x4, enduro, mountain-bike, andinismo y, además, realizar safaris fotográficos y pesca de altura.
c Paso de San Francisco. El corredor internacional Paso de San Francisco representa una vía singular de integración e intercambio económico, turístico y cultural con el Océano Pacífico. Las estrechas gargantas rocosas por donde pasa la ruta son magnificadas por una multitud de cerros de más de 6.000 metros de altura, que hacen a esta zona, conocida como de «los seismiles», la segunda más alta del mundo después del cordón del Himalaya. La ya prometida construcción de un hotel de lujo en esta zona aumentará la accesibilidad en esta poco explorada región de la Cordillera de los Andes.
c Sierras y lagos del Este. En el trayecto predomina un verde de vegetación exuberante ya reconocible desde los
estratégicos paradores de la Cuesta del Portezuelo, la postal más típica de la provincia. Las villas turísticas del Este cuentan con microclimas y atractivos recursos naturales. A su vez, los numerosos diques de la zona ofrecen una excelente pesca.

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