''Nuestro secreto: mantener la calidad a lo largo del tiempo''

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El que toma un vino López sabe que no tendrá sorpresas, no habrá disparidad de cosechas o de calidad entre botellas. Creo que ése es nuestro secreto, poder mantener la calidad a lo largo del tiempo», sostiene Eduardo López Laurenz, cuarta generación a cargo de Bodegas y Viñedos López. La historia del vino es inseparable de la de la familia que lo produce: los López llevan 108 años al frente de su bodega y, tal como lo expresa Eduardo, la clave parece ser el sostenimiento de una misma línea, más allá de cambios de época o modas.
La bodega López es todo un emblema para Mendoza. Ubicada en la capital provincial, es la de mayor tamaño en la producción de vinos finos y un ejemplo para el mundo de los emprendedores. En diálogo con Ambito del Placer, Eduardo López Laurenz, actual gerente de la firma -junto con su hermano Carlos-, repasó parte de la historia y el presente de la empresa iniciada por su bisabuelo, José López Rivas, en 1898 y continuada por las sucesivas generaciones que integraron José Federico López y Carlos Alberto López, actual presidente.
Periodista: ¿Cómo fue el origen de la bodega?
Eduardo López Laurenz: Mi bisabuelo llegó desde Málaga a los 18 años con, como se suele decir, una mano atrás y otra adelante. Así logró fundar una bodega desde la nada. Por las historias que cuentan, mi bisabuelo era un tipo muy emprendedor. La orientación de la bodega hacia la calidad la dio luego mi abuelo (José Federico). Ese fue el origen de lo que hoy es la bodega, ya que él marcó el rumbo. Las transiciones igualmente siempre fueron muy suaves, porque mi tío y mi padre trabajaron cerca de 30 años junto con mi abuelo.
P.: ¿Cómo siguió este vínculo entre familia y empresa?
E.L.L.: Mi abuelo tuvo cinco hijos. Dos varones y tres mujeres. Los dos varones fueron los que siguieron con la bodega. Después, en 1995 se hace una nueva separación de familias. De los cinco hermanos, tres quedaron en la bodega y dos no.
P.: ¿No hay riesgo de que el crecimiento de la familia genere rupturas?
E.L.L.: En parte sí, porque cada línea familiar tiene cinco hijos y por el lado nuestro ya hay 16 nietos. Todos no van a poder trabajar. Muchas veces la desaparición de las empresas es por problemas de familia, ya que tal vez no todos tienen los mismos intereses y se generan estructuras que luego no son eficientes.
P.: ¿Cómo definirías el rumbo que lleva la empresa?
E.L.L.: Es el mismo desde el principio. En la década del 90 se presentaba todo lo extranjero como mejor que lo nacional. En el tema bodegas pasó algo muy parecido. Venían al país desde Francia, California o Italia para decirnos lo que había que hacer. Hoy te encontrás con vinos commodities, que no sabés si son argentinos, chilenos, australianos o californianos. Perdimos el terroir, el estilo. Justamente fue eso lo que nosotros mantuvimos más enérgicamente, a pesar de que las modas iban totalmente para el otro lado. Hoy tomás nuestros vinos y podés decir que no tienen nada que ver con la mayoría de los que están en el mercado. El que toma un vino López sabe que no tendrá sorpresas, no habrá disparidad de cosechas o de calidad entre botellas. Creo que ése es nuestro secreto, poder mantener la calidad a lo largo del tiempo.
P.: ¿No han variado sus métodos de producción?
E.L.L.: Por supuesto que desarrollamos líneas que podían acompañar la moda, pero las líneas clásicas no cambiaron. Son aquellas que se caracterizan por la utilización de toneles grandes, cuando la mayoría de la industria usa una barrica de 200 litros. Básicamente se trata del tiempo que le damos y el añejamiento en toneles grandes.
P.: ¿Esto cómo se traduce al gusto del consumidor?
E.L.L.: Se trata de hacer vinos más suaves, más fáciles de tomar, con los que se pueda disfrutar el vino y la comida, y que no sean productos con tanto potencial, con tanto aroma, con tanta estructura que al final se diga: «O tomo el vino o como».
P.: ¿Cómo es su vida en relación con la bodega?
E.L.L.: Estoy siempre acá, todo el día, y divido el trabajo con mi hermano Carlos. Yo soy contador y él es ingeniero agrónomo, así que tenemos tareas bastante distintas. En Buenos Aires está mi padre, que poco a poco va delegando tareas, aunque sé que eso es difícil para él, como para cualquier padre.
P.: ¿Qué otras actividades realiza?
E.L.L.: Me gusta jugar al polo. Lo hago en el Club de Campo de Mendoza, los fines de semana. Mi padre también jugaba y a mí siempre me gustaron los caballos. Es un cable a tierra importantísimo. Tenemos un equipo con el que jugamos algunos torneos, como el de las bodegas, que es en noviembre. Durante una época también jugué al golf, y ahí no me iba mal; jugué algunos campeonatos nacionales y llegué a tener 5 de handicap.
P.: Y cuando tiene tiempo libre, ¿a qué lo dedica?
E.L.L.: Viajamos bastante con mi familia. Al menos una vez al año, nos gusta ir a Miami o a Nueva York. Ahora queremos pasar una Navidad o Año Nuevo en la nieve. También nos gusta mucho la playa, el Caribe. Además, en fines de semana largos a veces vamos a esquiar dentro de la provincia.
Entrevista de Pablo Domini

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