Para el FMI, el petroleo es "el gran riesgo" para la economia mundial

Secciones Especiales

Escribe Miguel A. Toledo
El Fondo Monetario Internacional considera que los altos precios del petróleo se convertirán en "el gran riesgo" para la economía global en lo que resta del año y durante todo 2006, según el borrador del informe "Panorama económico mundial" que ha preparado el organismo, en el que ha modificado tanto sus previsiones sobre el comportamiento del crudo como las proyecciones de crecimiento económico de la mayoría de los países.
Hasta hace tres meses, el FMI estimaba que el promedio del precio del petróleo para este año sería de 46,5 dólares el barril, pero ahora cree que finalmente será de 51 dólares. De igual manera, para 2006 la cotización será aún mayor, estimando un promedio de 53 dólares.
«En resumen, los peligros se han incrementado», dice el FMI en el borrador del documento, que augura que no sólo aumentará el precio del crudo, sino en mayor proporción el de los combustibles derivados, ya que a este mayor valor de la materia prima se suman los "cuellos de botella" por la falta de capacidad de refinación en Europa y en Estados Unidos.
Tanto en Estados Unidos como en Europa, el promedio de utilización de la capacidad instalada de refinación supera normalmente 90%.
En la mayoría de los pronunciamientos del último año, el FMI ha apuntado en particular al precio del petróleo al ensayar sus estimaciones sobre el comportamiento de la economía mundial. El precio de los energéticos ha sido siempre un factor importante en las previsiones económicas, pero no el único y ni siquiera el decisivo. Particularmente desde la creación de la OPEP ha habido un razonable equilibrio entre la oferta y la demanda, y en cada oportunidad en que los países desarrollados vieron amenazadas sus economías por falta o altos precios del crudo, los países productores respondieron abriendo más sus cañerías. El mismo director general del FMI, Rodrigo de Rato, reconoció a principios de agosto que el alza en los precios no se debía a un "desabastecimiento", recordando que la OPEP había aumentado "significativamente" su producción en los últimos meses. Rato más bien adjudicó estos precios a la demanda de China, de la India y de Indonesia.

ALERTA

En junio, Rato había dado un panorama bastante positivo de la economía, aunque ya lo advertía "opacado" por algunos riesgos a corto plazo. "En primer lugar -había dicho- el precio futuro del petróleo podría seguir siendo una variable de riesgo. Los indicadores económicos recientes llevan a pensar que algunos de los principales países industriales están entrando en un tramo de terreno pantanoso que los obliga a disminuir su marcha, y que en la mayoría de los casos obedece al efecto desfasado del aumento de los precios del petróleo".
Sin embargo, la parte más sustanciosa es aquella en la que tocó dos puntos sensibles de la cuestión petrolera mundial:
 La capacidad de respuesta de la OPEP a una mayor demanda.
 La capacidad de aumento de la producción en países no-OPEP.
 "El mercado de crudo sigue dominado por una firme demanda, sobre todo de Estados Unidos y de China, y los futuros a largo plazo siguen indicando valores altos. Al mismo tiempo, hay muy poca capacidad ociosa en las primeras etapas de la producción petrolera. La oferta está creciendo a menor ritmo en los países que no son miembros de la OPEP, y persiste la incertidumbre acerca de la capacidad de la OPEP para atender la creciente demanda", dijo Rato.
Ahora bien: hasta hace muy poco tiempo se daba por sentado -y aún algunos análisis no especializados en el tema lo asumen- que la OPEP podía, con un simple "abrir de llave", inundar el mundo con petróleo y en consecuencia subir o bajar los precios cuando quisiera. Había unas cuantas razones interesadas en que esto se creyera así. Por el lado del mundo consumidor, una de ellas era desviar la atención del componente especulativo que se enquista en todos los centros de comercialización y muy especialmente en el NYMEX (Nueva York). El propio presidente Bush atacó varias veces a la OPEP por "desabastecer" al mundo industrializado, pese a que en los últimos 20 años la producción de esos países ha venido en aumento. Pero también ha habido cierta "complicidad" por el lado de los países productores y las compañías que operan en ellas, apuradas por anotar reservas, con lo cual los países miembros de la OPEP podían reclamar mayores cuotas de producción y las empresas valorizar más sus acciones. Organismos como el propio FMI y analistas destacados ligados más a los países consumidores que productores, adhirieron, por acción u omisión, a este concepto algo falaz del poder de la OPEP de "abrir o cerrar canillas" cuando quisiera. La "contracultura" a esto no ganaba ningún espacio en los medios importantes. Pero entre 2003 y 2004 algo comenzó a cambiar y, después de mucho girar sobre huracanes, guerras, fríos o calores, huelgas, etc., como explicaciones a la suba estructural del precio del petróleo, se comenzó a admitir la posibilidad de las limitaciones de la OPEP. El Medio Oriente tiene las reservas, pero no la lámpara de Aladino.
Ahora, el director gerente del FMI termina de blanquear la situación al hablar de la "incertidumbre" sobre la capacidad de los países productores de atender la creciente demanda, al menos con el ritmo de ésta. Aunque Rato no ha dejado de ser mezquino en su apreciación, ya que se sabe que no hay tal incertidumbre: la OPEP no podrá atender la demanda creciente en el período proyectado por el FMI en su informe, que va hasta finales de 2006. En el año 2004, cuando el precio del crudo comenzó a dispararse y a impactar fuerte políticamente, todos los países de la OPEP aumentaron su producción (excepto Indonesia) lo máximo que pudieron, con un promedio de 6%. (Se exceptúa del promedio a Irak, que con su 50% de aumento ese año ni siquiera llegó a su producción histórica, luego del hundimiento en 2003.) Pero parecen haber llegado al límite de sus fuerzas. Hay que introducir un breve comentario aquí: en varios países del Medio Oriente se están habilitando nuevas refinerías de gran capacidad, pero esto no debe adjudicarse a una significativa mayor producción petrolera, sino a la transformación "in situ" del crudo, para compensar la no inversión en nuevas refinerías en Europa y en Estados Unidos. Por cuestiones ambientales, los países centrales no quieren más instalaciones de refinación.
Si esto es lo que ocurre en los países "ultraexportadores", la situación en aquellos productores periféricos es aún peor. En primer lugar, porque tienen menos reservas y, en segundo lugar, porque la dinámica de la inversión en exploración, explotación y comercialización es allí mucho más pesada. Sólo un país de Latinoamérica y Centroamérica aumentó su producción petrolera en 2004: Ecuador. (También lo hizo Venezuela, pero ya la hemos incluido en el análisis de la OPEP.) En el resto de los países la producción cayó; y en el caso de la Argentina, lo hizo en 5,9%, respecto de 2003.
Esta franja de países con potencial o con reservas comprobadas (en algunos casos importantes) depende de factores esencialmente políticos para poner en valor sus recursos. Siguen sin atinar a crear las condiciones adecuadas para atraer inversiones, se enredan en debates seudoideológicos paralizantes y dejan que sus instalaciones de producción se vuelvan obsoletas. En la Argentina, Bolivia, Perú, el mismo Ecuador, hay muchos de esos componentes.
En otros lugares del mundo, países fuertemente productores, como Rusia, ya han adoptado la decisión estratégica de producir para ellos. Aunque el pronóstico del FMI sólo llega hasta 2006, ése seguirá siendo el gran panorama del petróleo por un tiempo un poco más prolongado.
Paradójicamente, los mismos temores del FMI pueden ser el paliativo a la encerrona que se avecina: la desaceleración en las principales economías puede enfriar la demanda. Ya hay signos de que China está creciendo a menor ritmo y lo mismo Estados Unidos, los dos gigantes que han tironeado últimamente del carro del crecimiento, y por ello el organismo, a la vez que aumentó el precio estimado del petróleo para 2006, disminuyó la previsión de crecimiento en la mayoría de los países.

Dejá tu comentario