Previsiones 2002: Lo que nos espera

Secciones Especiales

(TIME) -- Intentar predecir el futuro siempre es una tarea arriesgada. Quienes pronostican suelen actuar como generales que planean la próxima guerra a partir de la anterior, es decir, miran hacia adelante en función de lo que ya ha sucedido. El año pasado los planificadores militares del Pentágono se concentraron en idear sistemas de defensa antibalística para contener ataques nucleares siguiendo el ejemplo de la Guerra Fría, pero no fueron capaces de impedir ni predecir la utilización de aviones comerciales como misiles dirigidos, como sucedió el 11 de septiembre. Los corredores de Bolsa de las torres del World Trade Center que especulaban con el precio del petróleo, el oro y la carne de cerdo nunca hubieran imaginado que el futuro de los mercados volaría directamente hacia ellos una soleada mañana. Pero a pesar de tantos imponderables y sorpresas, en esta Edición Especial intentaremos, una vez más, vaticinar cómo va a ser el mundo durante este año.

Los lectores atentos de TIME recordarán otros artículos y ensayos en los que hemos hecho un repaso de los acontecimientos y tendencias que considerábamos más significativos. El contexto político del año pasado estuvo marcado por una confusa elección presidencial en Estados Unidos; el económico, por el colapso bursátil del sector tecnológico. Nos preocupaba el liderazgo de un presidente que no contaba con el respaldo de la mayoría de la población, y nos preguntábamos si el colapso de las empresas tecnológicas sumergiría al mundo entero en la recesión. Tuvimos razón sobre el peligro de la recesión, pero nos equivocamos en cuanto a sus causas y soluciones. Fue Osama Bin Laden, y no George W. Bush, quien inclinó la balanza hacia la desaceleración económica.

Para predecir lo que sucederá este año hay que lograr un delicado equilibrio entre lo obvio y lo inesperado. Por supuesto, nadie podría haber presagiado lo que sucedió el 11 de septiembre; la brutalidad de los terroristas que destruyeron los símbolos del cielo de Nueva York fue tan impredecible como inimaginable. Sin embargo, se pueden intuir algunas consecuencias de aquel horrendo episodio.

En muchos sentidos la marcha de la historia no se verá afectada por lo que se ha dado en llamar "la primera guerra del siglo XXI". Aunque haya sido descomunal y devastador, el ataque del 11 de septiembre no fue otra cosa que un episodio a gran escala de algo que los terroristas vienen haciendo contra Estados Unidos y sus aliados desde hace años. Los israelíes sufren atentados con bombas cada semana, y los estadounidenses han padecido ataques similares a sus embajadas de Dar es Salaam (Tanzania) y Nairobi (Kenia), y a un barco de guerra amarrado en el puerto de Adén (Yemen).
Probablemente veamos más ataques terroristas este año, tal vez de la magnitud del ocurrido el 11 de septiembre. Todavía quedan vivos suficientes elementos de Al-Qaeda -incluyendo a Osama Bin Laden, el architerrorista por excelencia- y es de suponer que algunos, en algún lugar, ya planean el próximo ataque. Pero incluso si no ocurren atentados de Al-Qaeda, existen potenciales focos de violencia en lugares como Cachemira, donde India y Pakistán siempre parecen estar al borde de la guerra, y Filipinas, donde Estados Unidos colabora con la presidenta Gloria Macapagal-Arroyo para eliminar la amenaza de la organización terrorista Abu Sayaaf.

No es menos cierto que en 2002 también habrá respuestas enérgicas ante estos ataques. Podemos esperar que la "guerra contra el terrorismo" de Estados Unidos continúe, cobrando diferentes formas en lugares que van desde Afganistán y Filipinas hasta, quizás, Iraq o Somalia, y poniendo en peligro la vida tanto de soldados como de civiles. En el 2002 la preocupación por la "seguridad interior" estadounidense significará más colas en los aeropuertos y tediosas esperas en los controles fronterizos.

Este año la política continuará marcada por lo impredecible. La popularidad actual del presidente Bush es del 90 por ciento, la mayor en la historia de la república. Pero en Europa, muchos líderes están lejos de disfrutar de ese grado de aprobación. El canciller alemán, Gerhard Schröder, quien se presentará a la reelección en septiembre, ha visto reducido su respaldo electoral por la persistente crisis económica. En Francia, el primer ministro Lionel Jospin y el presidente Jacques Chirac probablemente se enfrenten en las elecciones presidenciales a partir de abril -aunque Jospin se ha visto afectado por la mala situación económica gala y Chirac por acusaciones de corrupción. Asia también tiene algunos líderes debilitados, y acaso se presenten situaciones de inestabilidad en Indonesia y Malasia.

En cuanto a los negocios y la economía, las acciones de tecnología permanecerán bajas, aunque los inversionistas estadounidenses continuarán confiando en una recuperación "con una curva en forma de 'V'". Pero cuidado con Japón; si su crisis económica empeora y el yen continúa devaluándose, las acciones de empresas japonesas afectarían al mercado bursátil, y la 'V' podría convertirse en 'U'. Pero la situación económica no puede atribuirse exclusivamente a los ataques. Todo, desde la cotización del flamante euro hasta el colapso de la economía argentina, tiene raíces muy anteriores al 11 de septiembre.

El terrorismo que sufrimos en 2001 también ha hecho que la gente se sienta más insegura. El temor a viajar disminuyó el número de pasajeros, derivó en ayudas de miles de millones de dólares para las aerolíneas y afectó seriamente al turismo. Probablemente este año quiebren más aerolíneas. La caída en el índice Dow Jones es otro síntoma de este afán de evitar riesgos; nos sentimos más seguros guardando el dinero bajo el colchón que invirtiéndolo en el mercado de valores. Incluso la industria del entretenimiento evitará correr riesgos, lo que significa que habrá más de lo mismo en el teatro y en el cine: vendrán las partes dos, parte tres, parte cuatro... incluyendo la nueva película de Harry Potter, la segunda parte de la trilogía El señor de los anillos, y nuevas versiones de clásicos conocidos con éxito garantizado.

Pero no todos los cambios serán para peor. Este año también presenciaremos algunos cambios positivos. Podríamos titularlo "el año de las consecuencias inesperadas". Recuerde cuántas expectativas pesimistas que siguieron al 11 de septiembre no pasaron de ser meras ilusiones. Hablábamos del fin de la libertad, de la muerte de la ironía, de la destrucción de la autoconfianza estadounidense en un cataclísmico fin del "Siglo de Estados Unidos". Hoy, apenas cinco meses después, la libertad triunfa hasta en uno de los lugares más improbables: las calles de Kabul. Los agoreros presagios de que la ironía moriría no eran más que exageraciones. Una vez superado el impacto inicial, recuperamos nuestro sentido del humor, nuestra conciencia del intrínseco optimismo de la condición humana. Una vez secas las lágrimas, en los programas televisivos estadounidenses de medianoche podían escucharse chistes sobre Bin Laden: "A este Osama bin Laden quién lo entiende: tiene 300 millones de dólares, 26 hijos, cinco esposas. ¿Y qué es lo que odia? Las exageraciones del estilo de vida estadounidense..."

En lugar de perder la confianza y retraerse al amparo del aislamiento, los estadounidenses resolvieron con firmeza derrotar a las fuerzas del terrorismo y la intimidación. Un alcalde de Nueva York a punto de terminar su mandato infundió ánimo a su ciudad e inspiró al mundo con su ejemplo. Un presidente en minoría, a quien muchos juzgaban incapaz de gobernar la nación, respondió a los ataques con acciones militares calculadas, deponiendo al régimen talibán y liberando a Afganistán de las garras de una opresión medieval. Casi todo el mundo libre -y la mayoría del mundo islámico- aprobó sus medidas.
Los temores de que se produjera la muerte masiva de civiles y una represalia feroz por parte de los musulmanes nunca se materializaron.

Y en cuanto a nuestro temor a volar, es probable que el mundo no vea secuestros de aviones en mucho tiempo -otra consecuencia inesperada del 11 de septiembre-. Los secuestros de aviones solían ser una herramienta fundamental de los terroristas, pero ahora serán casi imposibles de llevar a cabo como resultado de las mejoras en la seguridad y de la vigilancia del público. El heroísmo de pasajeros como Todd Beamer, que viajaba en el vuelo 93 de United Airlines que se estrelló en Pensilvania, da la pauta de que potenciales secuestradores se las tendrán que ver con la furia de los otros pasajeros. Gente como Beamer ha comenzado una nueva tendencia: personas comunes y corrientes pueden ser héroes y celebridades.
Otro azote tan letal como el terrorismo -el tráfico de drogas - también se vio afectado a consecuencia de los ataques y la posterior guerra en Afganistán. Los bombardeos dañaron gravemente a uno de los principales exportadores de heroína; los controles fronterizos están obligando a los narcotraficantes a esconder cientos de toneladas de drogas en lugares como Tijuana o Teherán por no poderlas despachar. Los productores peruanos ya están dejando de cultivar coca y dedicándose a las amapolas y el opio para suplir la demanda de heroína, pero de todas maneras en el 2002 se verán menos vidas sesgadas por la adicción a esta droga, en gran medida gracias a Osama Bin Laden.

Entonces echemos un vistazo al futuro en 2002. ¿Se capturará a Bin Laden? ¿Lo matarán? ¿Pakistán e India irán a la guerra... o a la mesa de negociaciones? ¿Habrá recesión o recuperación económica? ¿El señor de los anillos será más taquillera que La guerra de las galaxias? ¿Quién sabe? Nosotros seguro que no. Pero estamos dispuestos a poner sobre la mesa nuestras predicciones...

•¿La nueva guerra santa?

Cachemira es el epicentro de lo que puede ser una nueva jihad para los fundamentalistas islámicos


(TIME) -- Durante décadas, Cachemira ha sido zona de conflicto entre India y Pakistán, dos encarnizados rivales con arsenales atómicos. Ahora promete convertirse en el próximo campo de batalla para los muyaidines que fueron derrotados en Afganistán y se trasladaron a Pakistán.
Pervez Musharraf, el presidente paquistaní, ha comenzado a perseguir a los extremistas islámicos de su país, arrestando a casi 2.000, aunque sabe que no puede sobrevivir políticamente si abandona la causa de Cachemira. Los paquistaníes y otros partidarios de la jihad consideran que Cachemira es una tierra islámica en manos de infieles -en este caso, hindúes- porque es la única provincia india con mayoría musulmana.

La enemistad de los dos países, que se han enfrentado en tres guerras a causa de Cachemira y cuyos Ejércitos se encuentran destacados en la frontera, tiene su origen en 1947, cuando los británicos crearon Pakistán, una nación independiente para los musulmanes y Cachemira, que entonces estaba gobernada por un rey hindú, decidió permanecer dentro de la India.
Si el esfuerzo de Musharraf por mantener a raya a los terroristas en Pakistán es genuino, los habitantes de Cachemira deberán enfrentar la lucha ellos mismos. Sin embargo, como los cachemiros nunca se han mostrado excesivamente belicosos, la guerra ha sido entablada por paquistaníes y afganos entrenados en los campamentos de Al-Qaeda a mediados de los años 90.
India espera encontrar una solución política. Los cachemiros, por su parte, están molestos con el gobierno indio, y muchos respaldan la secesión. Ahora Nueva Delhi intenta desesperadamente ganar el apoyo del público para negociar acuerdos de paz con líderes rebeldes y colocar a un gobierno que sea aceptado en este atribulado valle. Hasta ahora los esfuerzos han fracasado, y Nueva Delhi continuará echándole la culpa a Pakistán por incitar a la rebelión.

Pero pensándolo bien... Estados Unidos podría considerar que la resolución -o al menos la estabilidad- del problema de Cachemira es vital para su lucha contra el terrorismo. Con la correcta combinación de presión e incentivos estadounidenses, Cachemira finalmente podría ver el final de una violencia que se ha cobrado más de 30.000 vidas. -Meenakshi Ganguly

Mientras en los Estados Unidos...

Ahora que George W. Bush comienza su segundo año en la presidencia, los estadounidenses y el mundo esperan mucho más de él de lo que esperaban cuando llegó a la Casa Blanca con una ayudita de la Corte Suprema. Bush ha pasado a ser un líder legítimo, dueño de gran popularidad en su país y de un respeto internacional envidiable. Eso significa que se espera que enfrente -y resuelva- todos los problemas que atraviese su nación en 2002.

El primero de ellos es la guerra contra el terrorismo. Tarde o temprano Bush será considerado responsable por no haber encontrado, asesinado o atrapado a ninguno de los paradigmáticos "malos" -Osama Bin Laden y el mulá Omar. Además está el asunto de la "Fase 2". Bush ha prometido que atacará a otras naciones que respaldan al terrorismo, pero cualquier ataque contra Iraq produciría una fractura en la coalición antiterrorista. Sin embargo, los desafíos de Bush son incluso mayores en el terreno doméstico.

El presupuesto de Estados Unidos vuelve a estar en números rojos, y mientras la guerra en Afganistán se disipa, el debate sobre asuntos como el gasto público y los impuestos, la salud pública y la política energética va a acaparar toda la atención de Washington. El factor sorpresa en el juego político es Enron: el gobierno de Bush tiene tantos vínculos con esta compañía quebrada que tarde o temprano el Congreso descubrirá alguno que sea vergonzoso.
Pero pensándolo bien... Si Bin Laden es llevado ante la justicia, las investigaciones de Enron pierden fuerza y la economía se recupera hacia mediados de año, Bush habrá logrado algo que su padre no pudo: mantener los niveles de popularidad ganados durante una guerra y llevarlos hasta una nueva victoria en las urnas. -James Carney/Washington

En Rusia, Putin cierra el puño

¿Y de Rusia que se puede esperar este año? La consolidación de un nuevo "estado de seguridad nacional" en el que el conjunto de organismos de seguridad e inteligencia modele la percepción del mundo que tiene el Kremlin. La imagen que se proyecte capturará la fantasía del presidente Vladimir Putin de crear una policía secreta similar a la Cheka de la época comunista -leal, austera, incorruptible-. Esto no significará una vuelta a los viejos malos tiempos, sino la instauración de un nuevo autoritarismo de terciopelo: algunas personas que se opongan al régimen perderán sus trabajos, y ocasionalmente sus medios de subsistencia.

Algunos podrían pasarse varios meses o años terribles en el anticuado sistema carcelario ruso, pero finalmente serán perdonados. El Estado continuará actuando con hostilidad ante las críticas, especialmente las de los que investiguen las suciedades del sistema y aquellas que provengan de los medios de comunicación. En las distintas regiones rusas continuará la intimidación hacia las estaciones de radio y televisión. Para tal fin los funcionarios locales utilizarán tácticas que han tenido éxito en Moscú, como la presión ante los tribunales por medio de accionistas de los medios que sean favorables a las autoridades.

Podemos esperar también la continuación de la prolongada lucha entre Putin y algunos miembros de la élite política que le ayudaron a llegar al poder pero que ahora se sienten separados del nuevo régimen -en especial la "familia" de Yeltsin-. Putin descubrirá que, como la familia tiene su propia base de poder, le resultará más difícil neutralizarla que intimidar a los medios. Pero pensándolo bien... Podría comprobarse que la policía secreta es incapaz de resolver los problemas del país, o de evitar su propia corrupción. De ser así, asistiremos a una nueva reformulación política. -Paul Quinn-Judge/Moscú.

Una paz muy lejana

La realidad del acuerdo de paz de Oslo ha muerto, víctima de 16 meses de intifada. Este año la mera posibilidad de materializar lo firmado en Oslo desaparecerá. La intifada ha quitado a Arafat la posibilidad de controlar la situación, en parte porque no puede hacer nada contra la violencia y en parte porque a veces parece que desea que todos crean eso.
Ahora los soldados israelíes han vuelto a utilizar las arriesgadas tácticas que usaron durante la primera intifada, buscando enemigos casa por casa y colocando sus tanques cerca de las oficinas de Arafat en Ramallah, donde el líder palestino se encuentra confinado.

Oslo también sufre los embates de las peticiones extremas de los israelíes, que exigen un período de paz de una semana para ponerse a negociar (y de los palestinos armados, que se niegan a aguantar el fuego ese tiempo). Probablemente se produzca una escalada de violencia por parte de ambos bandos.
Arafat ya no parece interesado -tal vez nunca lo estuvo- en el tipo de paz firmado en Oslo. El primer ministro israelí Ariel Sharon siempre odió el Acuerdo de Oslo. Sharon quiere un acuerdo mucho más duro para los palestinos; Arafat habla sobre paz con los enviados de Estados Unidos mientras sus hombres contrabandean armas hacia Gaza que le permitirán aumentar la virulencia del conflicto.

Pero pensándolo bien... Acaso vuelva a haber conversaciones de paz serias. Arafat dice que aún se mantiene en contacto con Sharon, mientras que el principal defensor de la paz del gabinete israelí, Shimon Peres, no deja de luchar por alcanzarla.

-Matt Rees/Jerusalén

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