''Se derrumban las ideas elitistas''

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¡Viñedos en una terraza de Palermo Hollywood! ¡Y cada uno con su respectivo cartelito: Malbec, Cabernet Sauvignon, Bonarda! Esa es la primera sorpresa al llegar a la sede porteña de la Bodega Lurton, en el coqueto Pasaje Convención, y observar por el amplio ventanal del despacho del director comercial, Sergio Bernasconi.
Bernasconi sonríe y explica que esas plantaciones son el modo de ratificar el emblema de la empresa, una bodega con más de 200 años en siete históricos chateaux en el sur de Francia. Emblema que sostiene que «encontrando el terroir se pueden hacer vinos de calidad en cualquier parte». De hecho, Lurton está haciendo «el mejor Tannat de Uruguay»... en Montevideo.
En la Argentina, Lurton fue la primera bodega en instalarse en el Valle de Uco, Mendoza, y en la actualidad tiene fuertes perspectivas de continuar creciendo, ampliándose, expandiendo sus viñedos. Acaso como parte de ese proyecto hace más de dos años tomó para la empresa a Sergio Bernasconi, un especialista de carrera, un licenciado en Administración de la UBA, que realizó cursos de posgrado en la Concordia University de Chicago, que desde sus comienzos en el mercado laboral se dedicó a productos de consumo masivo, y en los últimos 17 años estuvo directamente ligado a la comercialización de vinos y licores, pasando, entre otras empresas, por Flichman, Seagram y Bols. Dialogamos con Bernasconi sobre la situación en la Argentina de la bodega francesa que se presenta como «coleccionista de medallas».

Otra vision

Periodista: ¿Qué fue lo que más le atrajo para entrar en la Bodega Lurton?
Sergio Bernasconi: Una visión muy diferente respecto al vino: considerar que en cualquier lugar donde la vid pueda crecer en condiciones normales se pueden hacer excelentes vinos. Hay muchas regiones de la Argentina que están viciadas de nulidad porque se dice que el vino tiene que venir de Mendoza, de San Juan, de la zona de Cuyo. Mentira, se hacen excelentes vinos en Neuquén, en la Patagonia, en La Pampa, en el Uruguay. El vino lo trajeron a América latina los misioneros para poder celebrar misa, y así empiezan, a partir del siglo XVI, a proliferar las vides por todos lados. El Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) tiene desde principios del siglo pasado una oficina en Mar del Plata, porque por ese tiempo había viñedos por toda la provincia de Buenos Aires, como había vino en Córdoba. Después un cierto elitismo hizo creer que había ciertas regiones que eran las únicas para hacer vino, cuando las uvas, en condiciones normales, pueden crecer en los más diversos lugares y producir excelentes vinos. Un ejemplo de esto es Canadá, en la zona de Columbia Velley hacen un ice wine, que es el vino del hielo, que lo cosechan a la madrugada, con la helada y es un vino de postre que es un elixir.

P.: ¿Existe Jacques Lurton o es un nombre de fantasía?
S.B.: Lurton es una familia francesa que tiene una historia de cinco generaciones dedicadas al vino, y la cabeza abierta para hacer cosas diferentes y lograr las mejores sensaciones. Lo que tiene esta industria, a diferencia de otras, es su diversidad, una gama de productos que se adaptan a los más variados momentos y menús, enalteciendo la comida. Entonces ¿por qué nos vamos a privar de sentir, de probar, de gustar de sabores diferentes?

P.: Lurton en la Argentina está en el Valle de Uco...
S.B.: Era una zona frutera, pero no de uva. Cuando se instaló Lurton, fue la primera bodega en hacerlo, los tildaron de locos. Posteriormente se instalaron en esa zona de Mendoza montones de bodegas reconocidas. Los emblemas de Lurton son: «coleccionistas de medallas» y «productores de vino por el mundo» porque está establecida, además de en Francia con sus siete chateaux -entre ellos, uno que perteneció al Barón de Montesquieu- en la Argentina, en España (en región de Toro y de Rueda), en Portugal (en el Valle del Douro), en Chile (en el Valle de Colchagua) y en Uruguay (en Las Violetas, cerca de Montevideo). En la Argentina siempre estamos estudiando establecernos en alguna otra región menos explotada, porque el país es muy rico en zonas y climas.

P.: ¿Se trata de una bodega internacional o multinacional?
S.B.: Es una bodega con sedes en Bordeaux y en Languedoc que utiliza en todas sus bodegas el concepto del terroir que no sólo es el terruño sino el clima, el suelo, las condiciones de la cercanía del mar o las montañas, el modo de evolución de las viñas. Ese criterio no nos impide estar permanentemente actualizados en tecnología. Desde la vendimia anterior tenemos una tribadora que hace una selección mecánica de los granos por densidad y por tamaño, que minimiza el error del ojo humano. La trajimos de Francia y es la única que existe en Sudamérica.

Brindar placer

P.: ¿Cómo arriba Lurton a la Argentina?
S.B.: Jacques y François (Lurton) empezaron en la década del 80 asesorando a bodegas como Catena. Esto los llevó a viajar con frecuencia a la Argentina y a Chile. Descubren el terruño, el potencial y les maravilla lo que encuentran. Además, los seduce la posibilidad de hacer vinos libremente sin los corset de las estrictas normas francesas y europeas. Y con el glamour de un vino que es un producto que tiene saber y cuidado francés. El vino forma parte de la cultura gala, allá es impensable que alguien coma sin vino. Y las cepas que empleamos para elaborar vinos de alta gama son las variedades más representativas de la Argentina: el Malbec y el Cabernet Sauvignon. Si bien estamos en wineries y restoranes, Lurton tiene un claro sesgo exportador, 65 por ciento de lo producido en nuestro país va a países escandinavos, Gran Bretaña, Europa central, Canadá, Estados Unidos y Japón. Con las distintas bodegas que tenemos por el mundo hay presencia de nuestros vinos en más de cuarenta países.

P.: ¿Quién dirige Lurton en nuestro país?
S.B.: Desde principios de 2007 el director general es Guillaume Martineau, quien comenzó siendo director técnico y enólogo de la bodega. Desde hace cuatro años vive en la Argentina y reside en Mendoza.

P.: ¿Cuáles son los proyectos de Lurton en la Argentina?
S.B.: En el Valle de Uco tenemos una bodega de 3 millones litros de capacidad y está prácticamente al límite, así que lo que estamos evaluando es cómo seguimos evolucionando, si con otra bodega o ampliando la capacidad, que ya tuvimos que ampliar hace un año. Estamos, también, buscando viñedos y terrenos fuera de Mendoza, pero todavía no hubo nada que nos satisficiera. La idea siempre es crecer, tratando de hacer cosas diferentes, no hacer siempre el mismo Malbec, el mismo Cabernet. Tratando de buscar cosas que disfrutemos como consumidores. Nosotros tomamos los vinos por placer y hacemos vinos que nos agradan primero como consumidores. Sostenemos esa idea central que son las posibilidades que ofrece el vino de hacer cosas diferentes. Y, lo esencial, brindar placer, dar placer para brindar.

Entrevista de Máximo Soto

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