Sydney: Propuestas de la ciudad que buscó ser la del siglo XXI

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Más de 4 millones de habitantes desparramados en un territorio mucho más pequeño que el de la Capital Federal le dan un brillo especial a Sydney, una ciudad que además de tener atractivos naturales y ser bella por sí misma, tiene algo que la hace más especial aún: es una de las
urbes con mayor concentración de inmigrantes y estudiantes universitarios extranjeros en el mundo
.
Es llamativo ver cómo llegan a Sydney y se distribuyen por zonas, según el país de procedencia. Los brasileños eligen vivir cerca de las playas de Bondi y Manly; los portugueses se congregan en Petershawn. Los chinos, por supuesto, en Chinatown. A pesar de ser la ciudad más importante de Australia y de tener todas las características de gran urbe, Sydney no es caótica. A diferencia de otras grandes ciudades del mundo, se puede descubrir paseando en auto, algo impensado, por ejemplo, en Buenos Aires, en el Distrito Federal de México o en San Pablo. Santiago de Chile es otro caso,
al igual que París, donde si bien
en los últimos años se ha avanza-do en este sentido, es común ver autos estacionados sobre las veredas para dejar espacio libre en las calles.
El centro de la ciudad -que muchos confunden con la capital australiana (es Canberra)- está decorado con largas avenidas y rascacielos. Son edificios con oficinas y comercios.
Para los primerizos, la Sydney Tower es el lugar para ir. Desde la cima se puede observar la ciudad en toda su dimensión.

DESDE EL OCEANO
Otra forma de observarla es desde el océano. Para ello es imprescindible visitar Circular Quay, centro de intercambio entre ferries, trenes y colectivos que conectan los suburbios y la ciudad. Hay mucho lugar para estacionamiento para los que lleguen en auto. Es un área de gran concentración de turistas, con vista imponente al Opera House y al Harbour Bridge. Para que el paseo resulte completo, es recomendable tomar un ferry hacia el otro lado de la bahía para conocer Manly, un suburbio famoso por su playa y estilo de vida. Los ferries forman parte del transporte público, por lo cual son baratos y constituyen la mejor alternativa para ver Sydney desde el agua.
A la izquierda de Circular Quay, y justo antes del Harbour Bridge, existe un lugar llamado The Rocks. Es la parte vieja de la ciudad, inundada de restoranes y bares con una oferta increíble de eventos y presentaciones los fines de semana.
El Opera House impresiona. La historia de este edificio es interesante y larga, llena de controversias, nacionalismo e intriga. Tomó 14 años construirlo, pero muchas veces la construcción fue interrumpida y casi destruida por los que se oponían al concepto. Como sea, se convirtió en el mayor símbolo australiano (después del canguro) y es una de las imágenes más utilizadas por los operadores de turismo para promocionar el destino en el mundo. Y no se equivocan. La arquitectura es impresionante desde cualquier ángulo que se lo observe. De cerca, de lejos; desde la bahía, arriba del puente o parado en el puerto de Sydney, el Opera House se ve imponente.
El puente Harbour Bridge puede ser considerado uno de los más bonitos del mundo. Compone con Opera House un escenario que hace de Sydney una de las ciudades más hermosas del planeta. El puente también es escenario de uno de los tours más fantásticos que puede disfrutar el turista. Es simple: se trata de caminar por el tope de la estructura, de un lado al otro, con protección de los dos lados hasta la altura de la cintura. Si uno levanta la vista sólo observará el cielo en toda su dimensión. No es aconsejable para personas con problemas cardíacos.
Otro imperdible es Darling Harbour, lugar de innumerables atracciones, incluyendo uno de los mejores acuarios de agua salada en el mundo. Impresiona ver de tan cerca a los monstruos de los mares australianos, como el cocodrilo
de agua salada o los tiburones gigantes.
A pocos pasos está el Shopping Centre, desde donde se puede tomar el monorraíl aéreo, que circunnavega la ciudad. Entre las tantas paradas obligadas sobresale The Power House Museum, dedicado a la tecnología, máquinas y todo tipo de invenciones.
Si uno se maravilla con los paisajes serranos que regala el nor-te argentino, quedará exhausto
al conocer The Blue Mountains (Las Montañas Azules),
al oeste de Sydney. La belleza de sus montañas y gargantas no termina de apreciarse nunca.
Los árboles de eucaliptos liberan un aceite fino, que les da a las hojas una luz azul, característica de la región cuando toman contacto con la luz solar. El parque es parte del Great Dividing Range, la más grande cadena de montañas en Australia.

SOL, ARENA Y MAR
Los amantes del mar, encuentran en Bondi (saliendo del centro hacia el Sur) el paraíso de las playas. Sin dudas es la más hermosa de Australia. El agua es transparente y limpia (pero casi siempre fría) y tiene redes de protección para tiburones. La zona está repleta de café, restoranes, night clubes, albergues y moteles, preparados principalmente para estudiantes extranjeros.
Hacia el Norte la alternativa es Playa Manly, donde se puede acceder en ferry desde Circular Quay,
o por un vehículo que cruza el puente por el túnel debajo de la bahía. Manly era un área residencial menos frecuentada que Bondi. Pero en los últimos años la gente se está volcando masivamente y está perdiendo ese mágico encanto de «lugar de vacaciones perfectas». La playa es larga y abierta, con buenas olas para hacer surf. Tiene una calle principal con casas, café y restoranes. Si bien los precios en Manly son más económicos que en Bondi, concurre a estas playas gente de mayor poder adquisitivo. Pero si usted quiere esa tranquilidad que hoy ya no ofrece Manly, deberá recorrer 25 minutos en auto (40 en ómnibus) para acceder a Narrabeen. Ahora sí, relájese y disfrute.

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