Un arte que enseña a dar en el blanco

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Cuando se habla del tiro con arco pocos recuerdan que es un deporte olímpico y la asociación con Robin Hood resulta inevitable. Quizá por un rato, hay muchos que buscan, jugando, ponerse en la piel de aquel que robaba a los ricos para darles a los pobres y se enfrentaba al sheriff de Nottingham.
Tampoco dejará de estar presente la imagen de la manzana de Guillermo Tell. Y hasta, acaso, el flechazo amoroso que dispara Cupido. Pero, lejos de todas esas leyendas, la arquería es un deporte que está en constante suma de adeptos y no sólo por remedar a personajes legendarios, sino porque es considerada una actividad que ayuda a la concentración, a la puesta en foco para llegar a un objetivo (incluso es usado como training por algunas empresas), y también, aunque es considerado un deporte individual, permite hacer amigos. Esos, por lo menos, son los fundamentos que da José María Vildoza, director de la escuela de tiro con arco Otendor. Este instructor, que alguna vez intentó recibirse de psicólogo (fue en el tercer año de la carrera que se dio cuenta de que no podía ejercer esa profesión), siempre supo que dentro suyo había «algo» relacionado con transmitir y enseñar.
Desde hace 13 años se dedica a la arquería. «Antes hacía aikido, pero había algo con el arco y la espada, las armas del caballero, que me llamaba la atención. Para muchas personas esos arquetipos son muy fuertes. Cuando dejé mi carrera comencé a investigar cómo era ser instructor, ya que en ese momento era un círculo muy cerrado, elitista. Y a partir de allí inicié mi camino.»

EN FAMILIA
Hoy Otendor es una de las mayores escuelas de tiro con arco de la Argentina, a la que se acercan personas de todas las edades. Incluso familias enteras que lo practican, como es el caso de Santiago Reñasco, quien comenzó en mayo del año pasado junto con su hijo, y ahora se sumó su hija. «Vengo dos veces a la semana. Soy médico y hay días en los que, aunque haya trabajado mucho, vengo igual. Siempre quise hacer tiro con arco, y una vez, cuando estábamos de vacaciones en San Bernardo, fuimos a un lugar donde se lo practicaba y nos encantó. Cuando volvimos a la Capital, mi hijo no paró hasta convencerme de encontrar una escuela para aprender.»

OBJETIVO
El caso de Darío Gandolfo Médica fue diferente. «Además de ser director de una empresa, soy profesor de artes marciales. Y esto de dar al objetivo, al blanco, es parte de mi historia, es parte del camino que estoy buscando. Decidí hacerlo hace muy poco, hace diez días. Esto también es la búsqueda de uno mismo, de su propio desarrollo.»
«También se da el caso de muchos empresarios que siempre lo tuvieron como materia pendiente y ahora tienen tiempo y quieren empezar. Después de comenzar a practicarlo se dan cuenta de que están más tranquilos, que rinden más en el trabajo y en su ámbito familiar porque se quitan el estrés», comenta Vildoza.
a.f.

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