Un film transformó al Pinot Noir en estrella

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De la Redacción del Diario
En la película de Alexander Payne « Sideways», conocida en la Argentina como «Entre copas», cuando Miles (Paul Giametti), un escritor frustrado y un tanto neurótico, pondera las cualidades del Pinot Noir para seducir a Maya (Virginia Madsen), difícilmente se haya imaginado que a quien realmente iba a conquistar era al mercado norteamericano de tintófilos.
Según la consultora AC Nielsen, las ventas de esta cepa durante el primer mes posterior al estreno de
«Entre copas» en los Estados Unidos crecieron 22 por ciento respecto de idéntico período del año anterior, un dato no menor si tenemos en cuenta que la demanda vitivinícola norteamericana con ventas del orden de u$s 22 millones por año es la tercera del mundo.
La cepa Pinot Noir, variedad que ya era cultivada por los galos antes de las invasiones romanas, ha sido definida como
«blanca entre los tintos», o también «reina de los tintos», por su delicadeza y su complejidad comparada con el «recio y potente rey», el bordelés Cabernet Sauvignon.
Dado que también ha sido definida como el «non plus ultra del vino», se trata de un codiciado trofeo para iniciados, así como para snobs que, al llegar a comprender la compleja trama de este caldo, habrán alcanzado la cima en materia enológica.
Como la burgundy ya estaba de moda antes de
«Entre copas», y mucho antes que la película ganara el Oscar 2005 al Mejor Guión Adaptado, más que una rampa de lanzamiento ese film fue su frutillita sobre la torta del mercado enológico del llamado Nuevo Mundo, ya que en Europa se producía y consumía en cantidad antes de la puesta en escena de Hollywood.
En los Estados Unidos, a Napa y Sonoma, en California, se les ha sumado Oregon, casi como sinónimo de Pinot Noir, al punto que algunos lo llaman el
«New Oregon Star». En Oceanía, Australia ya ha puesto en marcha la maquinaria de penetración de mercados sobre la base de su relación precio-calidad, mientras que en Martinborough, Nueva Zelanda, algunos exponentes han sido definidos por el gurú Bob Parker como el Romanee Conti -el borgoña más célebre- del New Wine World. En Sudáfrica un corte a base de Pinot, llamado Pinotage, es el emblema nacional, «el Malbec sudafricano», y en Chile, país más retrasado en la materia, se están empezando a despabilar sobre todo en el valle de Casablanca, cuna de los mejores blancos trasandinos.
¿Y por casa cómo andamos?, se preguntará a esta altura más de uno. Por muy buen camino, nos comenta el ingeniero
Adrián Vilaplana, director del sitio argentinewines.com, y catador senior de vinos sudamericanos. A los clásicos más renombrados, como el Primus de Salentein o el Marcus de Humberto Canale, se van sumando nuevas alternativas cada vez más premiadas en el mundo. Dentro de éstas se destacan por sus logros internacionales los de zonas frías y de gran amplitud térmica, como son en La Patagonia Bodega del Fin del Mundo, y Familia Schroeder, ambos del ícono para blancos y Pinot Noir que ya es San Patricio del Chañar en Neuquén. La pregunta final sería: ¿estaremos en presencia de un nuevo Oregon argentino?

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