Un gasoducto para mejorar la cara de la crisis

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En plena crisis energética, el gobierno encontró una válvula de escape a las presiones en el sector industrial y a las dudas en el exterior e inauguró en Neuquén un gasoducto que enlaza el yacimiento El Portón con Loma de La Lata, ambos operados por Repsol YPF. Para el gobierno, intentó ser una señal de que el estrangulamiento en el abastecimiento se está resolviendo y esta obra -diseñada en su momento con el doble propósito de llevar más gas al mercado interno o a Chile- cayó como anillo al dedo, horas después de que también se hubiera acordado con Repsol YPF y Petrobras que los combustibles no aumentarían, por lo menos en el plazo inmediato.Hasta el remoto rincón del norte neuquino llegaron el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido; el secretario de Energía, Daniel Cameron; el gobernador de Mendoza, Julio Cobos, y el vicepresidente de Exploración y Producción de Repsol, Miguel Angel Remón Gil, para una ceremonia que no pudo estar exenta de alguna rispidez política: el gobernador neuquino, Jorge Sobisch, por esos momentos fuera del país, se molestó porque no se lo esperó y tampoco permitió que estuvieran sus funcionarios o el vicegobernador, Federico Brollo. Una situación demasiado obvia para resultar inadvertida, que De Vido atemperó -cuando se le consultó- con algunas frases diplomáticas.
El nuevo ducto ya permite la incorporación de más de tres millones de metros cúbicos diarios al sistema nacional, que en breve serán 4,3 millones; costó 15 millones de dólares; tiene 50 kilómetros de extensión y 20 pulgadas de diámetro, y se conecta con el Gasoducto del Pacífico, que a su vez parte desde Loma de La Lata, el yacimiento más importante del país. Esta conexión permite que el gas de El Portón pueda viajar hacia las cabeceras de los gasoductos Neuba II y Centro Oeste (en Loma de La Lata), o hacia Chile. La dirección que se le imprimirá será hacia el mercado interno. El ministro De Vido estimó que, por lo menos por dos años, el país necesitará todo el gas que se produzca para atender lo que llamó "una crisis de crecimiento", antes de tener saldos exportables. En realidad, el gasoducto Transneuquino, como se lo bautizó, representa 20 por ciento de las previsiones que tiene el gobierno para poner, en pleno invierno, 20 millones de metros cúbicos adicionales diarios en el mercado, según este detalle:
 Cuatro millones del Transneuquino.
 Diez millones que quedarán liberados en las centrales térmicas que utilizarán el fueloil importado de Venezuela.
 Cuatro millones que comenzarán a llegar de Bolivia, de los cuales 3 millones los importa Repsol YPF.
 Dos millones que se dirigirán al mercado interno, en lugar de exportarlos a Brasil por el gasoducto a Uruguayana.
De Vido aprovechó la ocasión para dar noticias frescas y alentadoras, según la visión oficial. Dijo que hasta ese momento, el consumo de gas se había reducido en siete millones de metros cúbicos diarios, producto del plan de ahorro lanzado el mes pasado, a pesar de que a esta altura del año las temperaturas son sensiblemente inferiores a las del año pasado. Reforzó la noticia con un dato que le acercó Cameron: dijo que de los 117 millones de metros cúbicos que había demandado el mercado (a través de las distribuidoras) 24 horas antes, el sistema había podido entregar 107 millones. Este resultó un déficit exiguo comparado con los casi 30 millones de metros cúbicos que habían faltado a principio de esa misma semana. Básicamente, ésa es la franja de déficit con la que opera actualmente el mercado: entre seis y 28 millones de metros cúbicos diarios. Según las cuentas del gobierno, si en junio se pueden poner esos 20 millones reunidos un poco de aquí y otro poco de allá, no debería haber problemas importantes. El ministro ratificó los costos que tendrá este operativo para enfrentar la crisis. Se remitió a los cálculos que había hecho el ministro Roberto Lavagna y explicó que se deberán gastar (o invertir, como prefirió) unos 2.000 millones de pesos. Unos 700 millones serán destinados a que los sectores sociales de menores recursos no sufran el impacto directo del aumento del gas (que irá recuperando sus valores normales hacia el año que viene). Estos subsidios serán, básicamente, a través de la llamada «garrafa social» y la no aplicación de aumentos sobre consumos pequeños. Otros 700 millones son los que deberán pagarse por las importaciones. De Vido resaltó la actitud de Venezuela, que aunque vendió el fuel oil a precios internacionales, lo hizo en condiciones muy favorables (20% a los 45 días de la llegada del barco y el resto en 12 cuotas, con bajo interés).Otros 600 millones de pesos serán destinados a obras de infraestructura, tanto para el transporte de gas como de electricidad.
Otro de los anuncios fue que en junio se darán los detalles para la potenciación del gasoducto del NOA y la duplicación de la capacidad de transporte del gasoducto General San Martín, que movilizará hacia Buenos Aires el gas (abundante) de la Cuenca Austral. En este sentido, De Vido descartó la propuesta que había partido desde el gobierno neuquino, de construir un nuevo gasoducto, el Neuba III, desde la Cuenca Neuquina. (Ver aparte).
Una suerte de suavización de un discurso oficial que inicialmente era muy duro contra las empresas, pareció el énfasis que puso De Vido en señalar que la crisis actual no podía ser prevista. El ministro desafió a que se encontrara algún trabajo que anticipara un crecimiento del PBI de 1% en enero «pero con más del 35% por ciento de crecimiento en el consumo energético». «Esto no lo podía prever nadie», dijo. Por eso insistió en calificar a la actual situación como «una crisis de crecimiento».

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