Un ''médano verde'' de divertidas opciones

Secciones Especiales

La costa atlántica era sinónimo de verano. Quizás, sólo se exceptuaban de esta regla algunas grandes ciudades como Mar del Plata, lugar adonde llegaba la clase pudiente. Otros elegían zonas más distantes, más amplias, como Ostende y Valeria del Mar. Fue así que cerca de ese lugar comenzó a nacer un pequeño espacio de casas de veraneo, entre árboles y médanos que antes de la llegada de los españoles a este continente, era frecuentada por los querandíes. De allí su nombre: Cariló, que en voz indígena significa «médano verde».
Ubicado a diez kilómetros de Pinamar, este lugar fue desde sus comienzos uno de los más exclusivos de la provincia de Buenos Aires. Y su temporada no se remite sólo a los cálidos días estivales, en los que las calles del centro se llenan de personas que van y vienen, que disfrutan del mar y los cuatriciclos en la arena, que caminan por el centro comercial
-donde justo enfrente se está construyendo un shopping- y descansan en su casa.
Poco a poco se fue desarrollando un importante crecimiento hotelero, que ganó su zona. Cada cual en su lugar, parece haber sido la consigna en Cariló. Y fue así que, cerca del mar, comenzaron los proyectos que hoy la hacen un sitio para ir todo el año. Y todos sumaron propuestas para captar a ese público ansioso por escapar a ese lugar en el que las calles de arena detienen la alta velocidad de la gran ciudad.

Juego de ingenio

Fue en ese marco que hace unos años nació una idea. Un matrimonio, el de Franco y Viviana, que había encontrado su lugar de descanso en Cariló se preguntó por qué no ofrecerlo para el descanso de las «almas peregrinas» que querían disfrutar de ese entorno. Y así llegó La Hostería. De a poco Franco, un gran «acopiador» de objetos de todos los estilos, formas, colores y origen, comenzó a llenar los espacios hasta transformarlo en un verdadero hogar acogedor para los días de frío y de relax para los de calor.
Unas grandes valijas, preparadas para embarcar, reciben al turista que busca alojarse en alguno de sus departamentos o habitaciones. Es en realidad una casa, y para muestra de eso basta sólo ver la videoteca de Franco, una de las múltiples exhibiciones de su gran pasión por el cine. Todos los huéspedes pueden pedir prestados algunos de los cientos de títulos que tiene para ofrecer, llevarlos a su habitación y devolverlos al día siguiente, como en un videoclub en el que nadie paga nada. Y si esto no fuera suficiente, hay una sala perfectamente equipada con aparatos de última generación para poder ver una película en pantalla gigante.

REINVENTANDOSE

Si la idea es hacer ejercicio o llegar hasta los balnearios vecinos, hay bicicletas disponibles, que no requieren mayores permisos para su uso. Y si no, la piscina descubierta, o la cubierta, donde funciona el spa. Hay muchos que se acercan sólo para descansar y hacer alguna de las múltiples opciones del spa, desde masajes hasta jacuzzi e inclusive tratamientos adelgazantes, o utilizar el gimnasio con vista al jardín.
Los salones de reuniones, el cine club y hasta una sala especial a la que acceden sólo los amigos, «explotan» de las curiosidades de un hombre que reinventa todo lo que encuentra... como convertir la parte de atrás de una cama en una baranda. Un gran juego de ingenio en un rincón de Cariló.
Andrea Fernández

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