Un pequeño país multifacético

Secciones Especiales

Escribe Carlos Burgueño Enviado especial

No es un dato nuevo que Holanda es uno de los pocos países del mundo donde se pueden ver de cerca dos facetas sociológicas muy determinadas en el mundo desarrollado: la visión conservadora y la liberal. Como tercera visión habría que mencionar la voluntad de convertir la economía del país en algo moderno, prolijo y de manejo ortodoxo. Este país es uno de los pocos en el continente europeo que hace un culto de esta posición política-económico-social, al punto de convertirla en una postal para la presentación del Estado ante el mundo. Holanda se define a sí misma como una nación liberal, próspera y en permanente crecimiento y con un ejemplar y estable comportamiento político.
Entonces, ¿cuál es la mejor opción para poder acercarse a esta realidad holandesa? Una muy buena opción es dedicar algunos días a recorrer con tiempo y estudiar detenidamente el corredor que se forma entre la capital sociocultural del país, Amsterdam; la política, La Haya, y la económica, Rotterdam. Las tres ciudades, en extraña simbiosis, lograron marcar el ritmo del destino holandés, en un camino de comunicaciones de no más de 150 kilómetros. Se trata de una doble vía (por autopista o por ferrocarril) de intercambio permanente de personas dedicadas a todo tipo de actividades: políticas, económicas, turísticas, sociales y culturales, que van marcando el ritmo de vida de Holanda. Una visita detenida, que incluya, además del recorrido por las tres ciudades, el disfrute del transporte o las autopistas holandesas, puede dar la imagen de sobre cómo puede crecer y desarrollarse un Estado en un pequeño territorio.
Amsterdam
Probablemente pueda definirse como la ciudad más liberal del Primer Mundo. Siguiendo esta definición, es una de las localidades más cosmopolitas de un continente que de por sí se define como tal. Lo mejor es, entonces, tomarse dos o más días enteros y comenzar a circular por las calles y los canales de Amsterdam para confirmar esta definición.
Algunos de los destinos donde los aires liberales de los que vive Amsterdam pueden percibirse son los siguientes:
Si se opta por un recorrido cultural, la primera opción (que demandará más de medio día) es el Rijksmuseum, el museo más importante del país, que cuenta con casi un millón de objetos y 1,2 millón de visitantes anuales. Lo notable del museo es que se trata de uno de los pocos de toda Europa donde se muestran obras de todas las épocas, hasta de la actualidad. Además, es uno de los más visitados por los jóvenes y por las más diversas culturas (incluyendo las asiáticas, las europeas del Este y las orientales), de las que se nutre el país. Lo mismo, pero dentro de un recorrido temático, puede vivirse en otros dos museos: el Van Gogh Museum y el Museo Rembrandt, ambos orgullos de Amsterdam. El valor agregado del primero es que, además de las obras de Van Gogh, se incluyen cuadros de Toulouse Lautrec y Paul Gauguin, contemporáneos y en algunos momentos amigos del autor holandés.
La caminata incluye un paseo por los canales que rodean y cruzan toda la ciudad. En este capítulo clásico hay una novedad. Desde 1995 se abrieron nuevos canales, el Branstasgracht, el Lamonggracht, el Majanggracht y el Seranggracht, que entrecruzan la isla de Java y que fueron diseñados a través de un concurso para jóvenes arquitectos. Otra novedad es el barrio Nieuwmarkt, reciclado en los últimos años en un proceso que no terminó aún y que remite al antiguo barrio judío de la ciudad.
Cualquier recorrido que pretenda mostrar al visitante el carácter liberal de Holanda debe culminar en el Vondelpark, el más grande de la ciudad y sobre el que se inspiró el diseño del Central Park neoyorquino. Cuanta con caminos, bicisenda y espacios para realizar conciertos al aire libre y proyecciones de películas. En verano, la procesión de artistas callejeros, en los costados de los caminos, y la presencia de famosos, en el anfiteatro, es constante. Además se programan permanentemente conciertos de jazz, música étnica (incluyendo tango y candombe uruguayo) y rap.
Obviamente, lo que termina de darle color a la liberalidad de Amsterdam son dos factores que la propia ciudad explota luego turísticamente: el consumo sin restricciones de marihuana y la prostitución.
La Haya
De Haag en el original holandés, representa la capital política y administrativa del país. Aquí se encuentran las principales instituciones del gobierno holandés, incluyendo los palacios reales, además de todas las embajadas de los países con representación en este Estado. También eligieron este lugar para ubicarse la petrolera Shell (la empresa más grande del país), muchos de los mayores estudios de abogados europeos y la sede de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) que depende de las Naciones Unidas. Se encuentra, además, muy cerca de una de las mejores playas que puede ofrecer el Mar del Norte.
Por lejos, se la considera la ciudad más clásica y formal de Holanda, casi como la contracara de Amsterdam, pero en íntima convivencia con la capital del país. Es aquí donde, a principios del siglo pasado, eligió instalarse definitivamente la monarquía holandesa, y, como consecuencia de lo anterior, donde tiene su residencia la princesa Máxima.
Probablemente la primera relación, al menos en los últimos tiempos, que tiene un argentino con esta ciudad es que representa la sede de la Corte Internacional de Justicia, donde el país llevó a juicio a Uruguay por la instalación de las plantas pasteras de Fray Bentos. Más allá de este caso, resulta interesante conocer el Palacio de la Paz, donde funciona la sede del tribunal internacional. Se trata de un edificio inaugurado en 1913, donación del millonario norteamericano Andrew Carnegie, donde funcionan, además de la Corte Internacional, la Corte Permanente de Arbitraje, la Corte Penal Internacional y la Academia de La Haya, además de cobijar la biblioteca de derecho internacional más importante del mundo. Las visitas son bastante restringidas, pero siempre se abre el Palacio los sábados por la mañana.
La formalidad histórica de La Haya puede apreciarse también en el Binnenhof, el edificio que simboliza la vida política de Holanda y donde residen el gobierno nacional y los despachos reales. Desde allí saludó la princesa Máxima luego de haberse casado con el príncipe heredero Guillermo. No debe obviarse una visita a la Sala de los Caballeros, donde hay una breve descripción de la historia holandesa, incluyendo la mención de la orden de los Oranges.
Si el Rijksmuseum es el símbolo de la multiculturalidad, el Museo Maurithius, el segundo más importante de Holanda y el más grande de La Haya, representa el clasicismo más puro del país. La colección abarca las obras más importantes de los artistas del Siglo de Oro holandés, incluyendo pinturas de Vermeer, Rembrandt, Jan Teen, Frans Hals, Potter y Ruisdael.
Las obras son del período comprendido entre el siglo XV y el XVII.
La visita debe incluir también un paseo por Madurodam, la ciudad en miniatura más grande del mundo, y una forma de conocer en escala todos los secretos de los diseños urbanísticos de Holanda. Se incluyen los canales de Amsterdam, el Binnenhof, con la Carroza Real de Oro; la plaza Dam; los edificios modernos de Almere y Amersfoort; una parte de los trabajos del delta holandés, ejemplo de cómo el hombre puede avanzar sobre el mar.
Finalmente, el recorrido puede terminar en Sheveningen, un pueblo cercano a La Haya, donde se levanta el balneario más importante y elegante del país, sobre el Mar del Norte. Se lo llama el «Montecarlo» holandés y cuenta con varios de los hoteles más caros y lujosos del país. Obviamente, las mejores épocas para conocer estas playas son desde la primavera hasta el comienzo del otoño, cuando, por otro lado, es muy difícil encontrar alojamiento, pero sí espacio de sobra para descansar sobre la arena.
Rotterdam
Así como Amsterdam muestra el costado de tolerancia y liberalidad del país
y La Haya su visión formal y política, Rotterdam es el pulmón económico y financiero de uno de los países más desarrollados y pujantes del mundo. Esta ciudad, situada entre las desembocaduras del Rin y el Mosa, recibe al visitante desde su entrada (tanto si se llega por autopista como por tren) con su principal embajador: el mayor puerto de Europa y el segundo a nivel mundial luego del de Shanghai. Por aquí ingresan las principales importaciones hacia la Unión Europea (UE) y desde aquí se despachan los productos del continente a todo el mundo. La Argentina no es la excepción, ya que, según las estadísticas, Holanda sería el segundo destino para las ventas locales luego de Brasil, ya que se registran como exportaciones hacia ese mercado todas las ventas que tienen como destino Europa.
El puerto es bastante grande como para recorrerlo a pie, pero hay un muy moderno sistema de tranvías que circula por todas las terminales y que permite ver la dimensión de las instalaciones, incluyendo un mar de contenedores de las más variadas procedencias. A la zona portuaria se la conoce como Leuvehaven, y gran parte de los astilleros, dársenas y almacenes fueron reciclados para edificios de oficinas, comercios y viviendas particulares, en un diseño urbanístico similar al local Puerto Madero.
Como ejemplo de lo que representa la zona para la vida cosmopolita de Rotterdam se eligió este lugar para levantar el museo étnico de Holanda, aprovechando un edificio del siglo XIX y en el que se exhiben obras de las ex colonias y exposiciones permanentes de las principales culturas que eligieron este país para vivir.
Frente al puerto, y con sólo desviar la mirada del Norte hacia el Sur, se levanta uno de los centros financieros más importantes de Europa, que concentra gran parte de las transacciones de comercio internacional que se realizan en la ciudad. Es la sede de los principales bancos locales y donde los internacionales levantaron sus edificios, formando un barrio algo anárquico llamado Nieuwe Binnenstad. Prácticamente todas las firmas financieras del globo compiten con sus siglas y símbolos en los pisos más altos de las torres que enmarcan la ciudad. Recorrer las calles de esta «city» durante los horarios de trabajo permite ver de qué manera se desarrolla la vida económica del país. La zona termina en la plaza Kruisplein, donde se levanta la tienda de almacenes Bijenkorf, la más grande del país.
El visitante al que le interese conocer la modernidad de la arquitectura europea no puede dejar de recorrer el Kijk-Kubus, un barrio de no más de cuatro cuadras, diseñado íntegramente con viviendas cúbicas, obra de Piet Blom. No muy lejos, el Kunsthal Rotterdam ofrece exposiciones de arte moderno, cine, fotografía, muestras de cultura no occidentales. A mitad de camino, se recomienda hacer un alto en el bosque de Kalingen, donde aún funcionan dos auténticos molinos y donde los ciudadanos de Rotterdam se dedican a descansar durante
los fines de semana de buen tiempo. En estas oportunidades, nuevamente apare-
ce el despliegue multicultural holandés, con recitales de música étnica de todo el globo y pequeñas representaciones teatrales en varios idiomas, incluyendo el español.

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