''Una buena ocasión para que celebremos juntos''

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Los cien años de Punta del Este son una buena ocasión para festejar todos juntos, y olvidarnos un poco de los problemas», comenta el embajador Francisco Bustillo con un guiño de complicidad, que busca recordar la histórica fraternidad de nuestros pueblos, antes de empezar a explayarse sobre «ese balneario nuestro de merecida reputación internacional».
Definir Punta del Este también le resulta difícil al embajador del Uruguay en la Argentina. «Es un balneario con identidad propia, y eso lo hace diferente e irrepetible; su perfil urbano y costero es parte de su enorme atractivo», propone Bustillo, y de inmediato toma en cuenta que «claro, primero habría que descubrir cuál es en realidad el encanto de Punta del Este, eso que nos atrapa a todos los que alguna vez hemos ido por allí». Y Bustillo, casi a punto de iniciar un disquisición ontológica sobre «el ser de Punta del Este», sonríe y comienza una de esas enumera-ciones que recuerdan a las que solía hacer Jorge Luis Borges en sus poemas, detallando los ras- gos que convierten en diferente a esa ciudad balnearia. «Es el encanto de su naturaleza y su arquitectura sincopada, son sus playas y su mar bravío o plácido, son sus atardeceres y su gente, son sus visitantes que a poco andar parecen ser de allí desde siempre, son sus clubes, sus barrios y sus calles, son las orillas, el centro y los arrabales (si es que los tiene), está en sus eventos, en sus distintos lugares de diversión, pero también en los romances estivales que provoca. Todo eso y mucho más, ha ido conformando la identidad tan particular de esa mágica península».

IDENTIDAD PROPIA

El embajador uruguayo, desde que supo que Ambito del Placer iba a entrevistarlo se puso a recordar y a anotar algunos nombres de «gente importante que con su presencia dio a Punta del Este esa identidad propia». Justifica sus anotaciones porque la memoria suele tener demasiadas veces esos devaneos, esas cortinas, esas nieblas justo cuando uno quiere hacer un precisa semblanza. «Entre los visitantes habituales que le dieron fama a Punta del Este uno puede pasar del actor egipcio Omar Shariff al mexicano Cantinflas, de la francesa Catherine Deneuve, a la italiana Gina Lollobrigida, de Maradona y Pelé a los poetas Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Rafael Alberti, Vinicius de Moraes, a los novelistas Bioy Casares y Silvina Bullrich. Y eso no deja de suceder, hoy tiene su residencia en Punta del Este el consagrado escritor británico Martin Amis. Muchos de los lugares por donde esa gente pasó hoy se han vuelto emblemáticos. Por ejemplo, la casa que habitó el gran poeta español Rafael Alberti con María Teresa León, su mujer, 'La Gallarda', hoy se ha convertido en un tradicional paseo turístico. Están sus visitantes permanentes como, por dar algunos nombres, Mirtha Legrand, Carlos Pedro Blaquier, Susana Giménez, Amalita Fortabat, y obviamente nuestro Eduardo Víctor Haedo. Y algunos conocidos magnates brasileños. Fueron famosas las fiestas que daba en su chalet de setenta habitaciones el multimillonario industrial brasileño Gilberto Scarpa. Por eso, aparte de sus encantos naturales, es la gente la que le ha dado el glamour que no ha dejado de reconocérsele. Punta del Este es el lugar de encuentro, de reencuentro, de fusión fraternal de uruguayos y argentinos. Yo, puedo confesarlo sinceramente, mis primeros amigos argentinos, amigos entrañables, los hice en Punta del Este.»
Acaso por la galería de nombres famosos que concluyen en un conjunto de nombres íntimos y en la, acaso buscada, borrosa memoria de uno de esos romances propios del verano (y el competitivo y ya divertido rencor hacia «esos argentinos que nos robaban las más lindas»), el embajador se vuelve concluyente, sentencioso: «Punta del Este, en el fondo son fundamentalmente los recuerdos. Esos recuerdos que hemos construido en forma individual o colectiva y a los que cada tanto recurrimos como algo muy apreciado».
Francisco Bustillo revela que a Punta del Este «en la última década la han empezado a descubrir los mexicanos, que antes no pasaban del Caribe para abajo, y después muchísimos europeos», y eso explica «el boom inmobiliario brutal que hay no sólo en la ciudad, que se extiende cada vez más, sino en los alrededores; y los grandes compradores lo hacen con euros». Para el embajador, el boom de venta de propiedades, y el incremento de construcciones, así como el boom turístico de la Argentina «se debe a que se han derribado algunos mitos, entre otros esos que hacían que los europeos miraran a Sudamérica como una cosa espantosa. Y Punta del Este, esa ciudad que construimos entre uruguayos y argentinos, entre argentinos y uruguayos, es una carta de presentación fantástica de nuestros territorios en el mundo. Y ahora no sólo atraemos a visitantes, también a inversores. Y ahora uno ve llegar, entre tantos visitantes, a millares de cruceristas. Esta situación ha hecho cambiar muchas cosas. Punta del Este tenía como déficit toda le etapa de invierno, pero la temporada estival se ha ido extendiendo paulatinamente gracias a los europeos, a los que ahora en invierno se los puede ver recorriendo la ciudad».
A todos eso el embajador quiere subrayar que «cada vez tenemos más eventos que se marcan como un hito y que de a poco se han vuelto clásicos, como el jazz de Lapataia, la Semana de Cine, la Semana Internacional del Automóvil Sport y Clásico, los remates de caballos árabes».
Como si quisiera concluir con un enigma ficcional, al estilo de esos relatos que dieron fama a Julio Cortázar, el embajador uruguayo desliza en forma sugerente un conjetural: «Yo no sé si uno va y Punta del Este se apropia de uno o es que uno se apropia realmente, ineludiblemente, de Punta del Este; lo cierto es que nuestro balneario tiene esa rara virtud, esa química especial que hace que todo el que pasa no deje de recordar los momentos que pasó allí».

Entrevista de Máximo Soto

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