Una fiesta clásica de la beneficencia

Secciones Especiales

Acertaron los organizadores de la cena anual solidaria de la Fundación que colabora con el hospital de agudos del barrio de Palermo Dr. Juan A. Fernández, al bautizar a la reunión como «Una noche para armar». La propuesta fue que los 400 asistentes con su colaboración económica ayudaran a armar un rompecabezas que una vez concluido otorgara actualización instrumental a un hospital que es famoso por su calidad asistencial. Pero lo de la «noche para armar» superó el mero objetivo de la recaudación de fondos.
Todo comenzó a las 8 de la noche con un cóctel en el hall del salón del tercer subsuelo del hotel InterContinental. Y como es su costumbre, Mirtha Legrand, ex presidenta de la Fundación Fernández y actual Presidenta Honoraria de esa institución, no se detuvo a estar de palique con los que se abalanzaban a saludarla. Pasó al comedor, yendo directamente a su mesa (obviamente, la principal) e interesándose por con quiénes compartiría la cabecera, sugiriendo cambios protocolares en el orden de los asientos y en la decoración (pidió que se corriera un candelabro que desde su lugar le impedía ver el escenario). Apenas instalada, la «Chiqui» se vio acosada por una constante peregrinación de admiradores que se filtraron a saludarla y conseguir una foto exclusiva con «la señora de los almuerzos». Ese fue el comienzo de una serie de elementos necesarios para armar el puzzle de cotilleos que hace a un encuentro social que se precie.
Como a las 12 de la noche el día se volvió 9 de Julio, o sea de celebración patria, los conductores (una desfalleciente Andrea Frigerio que parecía salida de una gripe y un siempre eficiente Eduardo Gálvez) le pidieron a Raúl Lavié que entonara el Himno Nacional con un conjunto de personas que representaban a distintos sectores de nuestra sociedad y que enarbolaban carteles que formaban la palabra Ar-gen-ti-na. El «Negro» Lavié, integrándose a la moda de ofrecer versiones propias del Himno, lo hizo de un modo tan personal, mezcla de tango y blues, que impidió que los asistentes pudieran acompañarlo, o que lo hiciera cada uno por su lado.
Cuando el imitador y empresario teatral Miguel Angel Cherutti irrumpió remedando a Néstor Kirchner, rápidamente se dio cuenta que había provocado estupor e inmediatamente pasó a cantar como Diego Torres, Enrique Iglesias, Fito Páez y Vicentico superando la situación y cosechando aplausos.

ALEGRIA DE AYUDAR

Cuando vino el momento de los discursos de quienes compartían la mesa principal, donde hablaron Jorge Lemus, secretario de Salud de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, jefe de Gabinete porteño, el gerente general del hotel InterContinental y la siempre amena y graciosa Mirtha Legrand, se destacó Miriam Bagó, presidenta de la Fundación Fernández, hablando en forma sencilla, informando de logros y propósitos, y evidenciando la emoción que le provoca su compromiso social. En una mesa de la segunda fila, Juan Carlos Bagó no dejó de aplaudir las palabras de su mujer. Martín Cabrales, en una mesa donde estaban Bartolomé Mitre y Juan Archibaldo Lanús, sostuvo que la filantropía, para serlo realmente, debía ser como la practicaba Juan Bagó, sin estridencias, silenciosa. En la mesa donde estaba Enrique Llamas de Madariaga una mujer, que sobresalía por su elegancia, no paraba de criticar el menú elegido, la distancia entre plato y plato y que llegaran fríos.
En tanto, en la mesa de los miembros del show business y sus cónyuges, tras pasar revista a la farándula, se detuvieron en el enfrentamiento de Celina Rucci y Gerardo Sofovich en el programa de Tinelli, y Cherutti sostuvo fervorosamente que él había contratado a la vedette mucho antes que saliera ganadora de «Bailando por un sueño». En ese momento Valeria Lynch se levantó para ir al escenario a cantar su clásico «Cada día más» y convocó a los asistentes a iniciar el baile.
El conductor Eduardo Gálvez le dijo a Andrea Frigerio: «Esto confirma que con alegría también se puede ayudar».
Máximo Soto

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