''Viajar es una pasión que no pienso abandonar''

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Unos años atrás le hice un reportaje a Kirk Douglas y cuando le pregunté cuál era la película que más le había gustado, me respondió: 'Los films son como los hijos, aunque sea de una forma diferente, a todos se los quiere mucho igual'. Y así sucede con los viajes. Todos los lugares son ideales para mí, porque cada uno tiene su particularidad», comenta Enrique Llamas de Madariaga, periodista con 40 años de carrera en distintos medios de comunicación, ahora dedicado a «Radio Rivadavia» (durante este año por la mañana, pero en 2007 volverá a la tarde, de 17 a 19), y a quien le encanta viajar desde que era muy pequeño y sus padres lo llevaban («Fue de niño que se me despertó esta pasión que no pienso abandonar», confiesa). Su profesión le ha permitido recorrer 54 países, realizando notas para la agencia «United Press» y para programas periodísticos argentinos. Hay lugares a los que ha llegado numerosas veces (Egipto, siete; China, cinco; además de los países clásicos de Europa, y los Estados Unidos). En esas repeticiones hubo vueltas por placer, en las que fue llevando por tandas a su numerosa familia.
También tuvo la posibilidad de ser parte de momentos históricos (estuvo en Chile cuando se incendió el Palacio La Moneda, y el cuadro que Salvador Allende tenía en su despacho se lo llevó para regalarlo). Este periodista (que nunca se planteó ser otra cosa, porque es «lo único que sé hacer», comenta humildemente) tuvo curiosas oportunidades: como tener de cicerone a quien sería el presidente de Francia, Jacques Chirac, que lo llevó a recorrer París cuando era su alcalde, o el mismo ser guía de Jorge Luis Borges cuando el escritor quiso conocer el interior de Grecia y él se ofreció a llevarlo.
Esas son sólo algunas de las historias que tiene para contar este hombre, para quien viajar debe ser un placer no una búsqueda de contrastes, porque para eso ya está nuestra realidad, y que en su propia vida no conoce el límite, porque siempre busca un horizonte, y a tal vez a eso se deba su preferencia por las llanuras.
Periodista: ¿Cuáles son los lugares que visitó que más lo cautivaron?
Enrique Llamas de Madariaga: Si me sorprendés, de entrada diría Roma, que para mí es una ciudad fascinante, pese a la voluptuosidad y a veces a algunos toques de prepotencia que tienen los italianos. Para cultura, indudablemente están París y Nueva York; para descanso, las playas de la Riviera Maya; para un descanso más social y más ajetreado, la Costa Azul de Francia. Como un recuerdo muy particular, puedo citar Puerto Empedocles, en Sicilia, donde la temperatura del agua en ciertas partes es la temperatura del ambiente, entonces cuando vas entrando al agua sentís que estás cambiando de elemento, no de temperatura. No me gustan los lugares con mucha nieve, creo que son buenos como paisaje, pero no disfrutás plenamente de la naturaleza. Como clásicos, tuve una gran desilusión con Tahití. Esperaba encontrar algo mucho más romántico, más lleno de sueños. Como lugar dentro de Estados Unidos, me gusta la zona de Key Biscayne por la tranquilidad -no Miami-, y me encanta la atmósfera de Berlín y de Sevilla.
P.: ¿A qué países que visitó por trabajo no hubiese viajado por su propia cuenta?
E.Ll. de M.: Me sorprendí con Costa Rica. Fui por trabajo y me pareció fantástico. Fue un lugar de ensoñación, de contrastes y como yo siempre tengo cosas libradas al agua o al mar o a los grandes lagos, tuve una gran alegría de conocerlo. Nunca hubiera ido por mi cuenta a Corea del Norte, y fui dos veces. Lo mismo pasó con Corea del Sur. De la India no tengo el mejor recuerdo. Ahora sí fui hace poco y la vi distinta, pujante. Pero pasa lo mismo que en China. Hay 200 millones de personas que tienen acceso a la cultura, a la técnica, al dinero, y hay 900 millones que siguen viviendo en la misma pobreza. Te deslumbran 200 millones, pero los otros 900 millones están ahí implacablemente. Sí después de haberlo conocido hubiera vuelto al Himalaya por turismo, porque es una cosa totalmente distinta. El interior de China también me pareció fascinante. Fui además a Belice y a Haití, pero no me dio ningún placer, porque me mostró una realidad de América muy contrastante. Sí me sorprendí bien en Dominicana. Sobre todo por los paisajes que tiene.
P.: ¿Y en la Argentina?
E.Ll. de M.: En la Argentina me atrae la zona del Norte, de Purmamarca, y en el Sur, la de Bariloche. También me gustan mucho los lugares de La Pampa, esas llanuras inacabables. Creo que La Pampa es mi paisaje. Después me gusta buscar paisajes similares. Yo he encontrado una respuesta en eso: ¿por qué la gente de Siria, del Líbano o de gran parte del mundo árabe va a La Rioja, a Catamarca? Hay una gran similitud. Hay lugares de Siria que son La Rioja, lugares del Líbano que también. No me gustan los sitios con mucha nieve, creo que son buenos como paisaje, pero no disfrutás plenamente de la naturaleza. No me gustan los lugares con mucha montaña, por eso me gusta mucho el paisaje de Mendoza, que tenés montaña pero también llanura. La montaña es una especie de escenario que te encierra, te limita. Por eso te estoy diciendo que mi visión es de horizonte, de pampa.
P.: ¿Con cuánto tiempo planea sus viajes?
E.Ll. de M.: Pienso permanentemente en eso. Ahora ya sé dónde voy a ir estas vacaciones, y estoy planeando el del otro año, de 2007/2008, porque el viaje es como los picnics cuando estábamos en el colegio secundario, se disfruta más organizando la fiesta que la fiesta misma. A mí me pasa mucho eso. Entonces si yo sé que en abril voy a estar en tal parte, ya lo estoy disfrutando, estoy organizando el tiempo, las comidas y los lugares y lo que puedo descubrir allí. Lo estoy disfrutando dos veces, primero al organizarlo y después al hacerlo. Ya tengo la agenda de 2007. Y después tengo que sumar lo que pueda salir de sorpresa, porque a veces los viajes también tienen eso, es como un enamoramiento, te enamorás, y decís me voy, me voy, y llegás a cambiar planes para irte.

Entrevista de Andrea Fernández

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