''Viví una época de príncipes y reyes, cantantes y playboys''

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Escribe Luis Beldi

Madrid y Marbella son ciudades tan mías como Buenos Aires: viví en ambas», cuenta José Lata Liste. Cada una albergó a Mau Mau, la disco que creó con Alberto, su hermano gemelo.
Apenas responde la pregunta, en la cara de Lata Liste se insinúa una sonrisa suave, hecha de nostalgia porque sus relatos poblados de toreros, príncipes, reyes, cantantes, actores y playboys son de una época que no vuelve más.
La vida de José comenzó a ponerse intensa a partir de los años 60. «Con Alberto, mi hermano, teníamos Costa Norte, en Vicente López, que era una boite como tantas otras, de mesas altas y veladorcito. No estábamos contentos con ese negocio».
Una noche de 1963 José y Alberto comenzaron a imaginar Mau Mau. Eran gemelos pero no pensaban igual: uno era el complemento del otro. «Nosotros trabajábamos las ideas como si fuéramos cocineros: las amasábamos toda la noche».
La suma de reuniones le dio forma a la disco, a la que bautizaron inspirados en una canción que estaba de moda en esos años: «Papa um mau mau».
«La idea -cuenta José- era que Mau Mau fuera como un lujoso living de una casa y más grande que las boites. Por eso pensamos en amplios sillones, mesas bajitas y capacidad para cuatrocientas personas.»
En 1964 se inauguró. La salida a la calle Arroyo de la antigua casona se transformó en la entrada de la disco con reglas absolutamente arbitrarias para decidir quiénes podían entrar. Hacía falta algo más que traje y corbata para atravesar la entrada que custodiaba Julio Fraga. La puerta dura fue la clave del negocio. Ser aceptado en Mau Mau era una referencia para cualquier persona.
«Fraga no aceptaba el dinero que le ofrecían para que los deje entrar, pero recibía propinas cuando salían. Al final de una noche lo llamé y le dije que me mostrara cuánto había hecho. Vació todos sus bolsillos, desarrugamos los billetes y contamos ¡tres mil dólares!»
Entre los que padecieron el rigor de «Fraguita» estuvieron el ídolo del rock en Francia, Johnny Halliday, y su mujer Silvie Vartan. Johnny no pudo entrar porque estaba en zapatillas y Silvie por su minifalda y el mal gusto para vestir. «Hicieron un fuerte escándalo pero no pasaron».
Halliday se fue al hotel y regresó sin Silvie, pero con saco y corbata. «Se pasó la noche en el bar tomando un whisky atrás de otro. Después, en un estado calamitoso, tomó sin permiso una moto de alta cilindrada.»
Las correrias
de JOHNNY

«Johnny, moto», le decía a Fraga en la puerta. Los esfuerzos para impedirle que subiera fracasaron. Johnny aceleró con la rueda delantera en el aire, recorrió unos metros y terminó adentro de la fuente de Arroyo con la moto con las ruedas girando en el aire tirada en la vereda.
La disco trascendió a Buenos Aires, aunque no eran los años de la globalización y las comunicaciones. En 1970 Mau Mau abrió en Madrid y al año siguiente en Marbella.
«Vi crecer a Madrid, donde viví 25 años. Primero fue un desarrollo lento, después regular y al final extraordinario», recuerda. En Madrid se casó con María Teresa Villanueva y nació su hijo José Ignacio.
En 1967, cuando llegó a Marbella invitado por su amigo Dominguín, no existía Puerto Banus. Lata Liste era huésped del torero en su finca «Andujar Jaen», donde vivía con su esposa, la actriz italiana Lucía Bosé.
«Fue una persona definitiva para armar Mau Mau en Marbella. Dominguín era un nombre muy fuerte en España y abría todas las puertas. Una tarde lo escuché hablar por teléfono con tres presidentes: era un ídolo absoluto, parecía que todo le resultaba fácil.»
Al matador lo conoció en 1965 en Buenos Aires, una noche que fue a bailar a Mau Mau con unos amigos. Se quedó varios días más y nunca dejó de ir a la disco.
«Dominguín fue arrogante en la vida y en el ruedo, pero una gran persona. Tenía carisma e inteligencia, que lo hacían un tipo encantador, por eso fue universal. Cuando llegó a Hollywood estuvo con Deborah Kerr, sedujo a María Félix, Ava Gardner y Lauren Bacall.»
José lo iba a ver torear y a la noche visitaban los «tablaos» flamencos. Cuando José lo recibía en la Argentina, iban al lugar preferido de Dominguín: San Martín de los Andes.
Fueron amigos hasta 1996, cuando Dominguín murió en un accidente donde la muerte pareció tomarse venganza del hombre que la desafió con éxito en cada corrida de toros. En la última partida, le negó la gloria de un final heroico: el torero se mató al caerse de una escalera.
El Cordobés fue el otro matador amigo. «Era lo opuesto a Dominguín. Rompía con toda la ortodoxia y hasta le pegaba trompadas al toro en algún pase. En Mau Mau saltaba por los sillones, se abrazaba con todo el mundo. Era simpático e inimputable.»
Lata Liste recuerda a Marbella antes de construirse Puerto Banus. «Era una época de refinamiento. A pesar de que era un pueblito pesquero, iba gente maravillosa de todo el mundo.»
Recuerda que Grace Kelly estuvo en la inauguración de Puerto Banus, porque «el arquitecto que la diseñó fue el mismo que reformó Montecarlo»
.
José se reunía con sus amigos en la «La Giralda» y después comían en «El 31», donde la cocina era mediterránea, o en «Pepito», en Puerto Banus.
«Todos vestían elegante. Las mujeres de largo y los hombres con buenas camisas. Si había alguna gala, se agregaba el blazer».
Para José ese refinamiento se terminó con la invasión de los árabes, que «se ponían corbatas elegidas por daltónicos, porque creían que así eran elegantes».
«Llegaron de la mano de Adnan Kashogui, que vino con su yate Navila. Las obras de arte del barco no existían, era todo trucho, los únicos que tenían pinturas valiosas eran Niarchos y Onassis», dice.
Recuerda una noche que cantó tangos a dúo con Aristóteles Onassis a bordo del «Rampager», un barco de 40 metros de Ricardo Sicre, amigo íntimo del príncipe Rainiero de Mónaco. «Aristóteles hablaba castellano como vos y yo, con acento porteño».
Entre los espectadores de ese improvisado dúo estaba Cristina, la hija de Aristóteles, la actriz Elsa Martinelli, Ira Furstenberg, la princesa Dewi Sukarno; el actor Lloyd Bridges, de «Caza submarina», y Esteban Peicovich, el periodista argentino.
Pero esos días pasaron y Marbella dejó de ser un lugar para pocos. «Hace 18 años caminaba por Puerto Banus y saludaba a todo el mundo. Hoy, que lo frecuentan 250 mil personas, apenas me saludo con alguno».
nueva marbella
José, junto con el príncipe Alfonso von Hohenlohe, Menchu Escobar, dueña de «Menchu», el bar más famoso de la Costa del Sol, Pepe Moreno, desarrollador inmobiliario, Pilar Banus y Jaime de Mora y Aragón, hermano de la princesa Fabiola, fueron reconocidos en los diarios como los hacedores de la nueva Marbella.
Allí se concentraba la gente más divertida del mundo. Reinaldo Herrera, suegro de Carolina Herrera y habitué de Mau Mau en Marbella, lo guió por la noche de Nueva York. «Era un playboy en silencio», dice José. «Ibamos a todos lados, en especial a Morocco». Lata Liste se asombró cuando fueron a Club 54 porque «adentro valía todo, droga, sexo y rock and roll, pero el negocio les duró poco».
Para José, «Nueva York es evolución y mucho se lo deben a los italianos que triunfan en esa ciudad que están adelantados en la moda y el diseño».
París es otro de sus destinos preferidos. Recuerda una frase: «Todos quieren ir al cielo, menos los argentinos, que queremos ir a París». Disfruta caminar por la capital francesa, visitar a sus amigos y sentarse en Café le Theatre. Para comer elige Ami Louis, «el bistró más encantador, donde sirven el mejor foie del mundo y una carne a las brasas tan buena o mejor que la argentina». Lata Liste acompaña estos platos con un Sauvignon L'angelus.
También disfrutó la noche londinense, la más clásica, en «Annabelle», la disco de su amigo Max Everly. «Max la bautizó con el nombre de su esposa, que la decoró como la Alhambra de Granada. Comenzó siendo un restorán, pero después se armó el ambiente y se hizo club privado para poder funcionar hasta la una y media, si no, debía cerrar a la medianoche».
Los relatos de José dan la sensación de que la noche es una sola en el mundo. Que se puede salir de una disco de Nueva York y al instante entrar a una de París, de Londres o de Roma, donde se divierte porque tiene amigos como Fred Bongusto, que cantó 14 años todos los viernes en el Club 84. En la capital italiana se veía con Ornella Vanoni, a la que traía a cantar a Mau Mau de Buenos Aires todos los años. Su disco en Roma era Number One y el lugar para charlar con amigos, Il Greco.
En esos años la noche tenía como protagonistas a una raza hoy en extinción: los playboys. Gunther Sachs, que fue marido de Brigitte Bardot, estaba entre los más conocidos. «Tenía una disco en Saint Moritz que bautizó Drácula y fue un éxito. Organizaba fiestas muy divertidas».
Porfirio Robirosa fue otro de los grandes conquistadores. Sus mujeres debían reunir dos condiciones: ser ricas y hermosas, en ese orden. Se mató manejando su Porsche, en el ocaso, cuando el dinero dejaba de acompañarlo.
TODO EL JET SET
No faltaron playboys excéntricos y desaforados como los hijos de Trujillo, el dictador de República Dominicana. «Radamés fue nombrado coronel del ejército por su padre a los 6 años.» Ramfis fue el mejor amigo de Robirosa, pero la amistad se acabó porque el dominicano salió con su mujer.
Todos ellos pasaron por Mau Mau de Madrid y de Marbella, donde se encontraban con Oscar de la Renta, Valentino, Lola Flores y Carmen Sevilla, entre otros.
No sólo las noches eran divertidas. A José le gustaba cazar y compartió esa pasión con dos príncipes: Bernardo de Holanda, ex suegro de Máxima, y Rainiero de Mónaco. En Africa cazaban búfalos en Kenya y practicaban tiro a la perdiz en cotos de España.
Un día el príncipe Alfonso de Hohenlohe le pidió que lo acompañara a Acapulco para inaugurar su disco Marbella Club y de paso ver si podían armar un Mau Mau. El invitado central en la playa mexicana era Frank Sinatra, que llegó desde Las Vegas en su avión. Sinatra tuvo esa noche la desgracia de resbalar y ser fotografiado en el suelo. Su poder de convicción, que se agotaba rápido, fracasó en la recuperación del rollo. Pasó al plan B: le pegó una trompada al fotógrafo y le rompió la máquina. La policía llegó y le pidió que regresase a Las Vegas al instante para no registrar su entrada a México y evitar que vaya a la cárcel. El poderoso Sinatra se fue directo a su avión.
Años después, los socios que tenía en el hotel y casino Cesar Park de Las Vegas le hicieron a Frank una mala jugada. «Aumentaron el capital y Sinatra debía poner una buena suma de dinero porque si no quedaba en minoría con sus acciones.»
Sinatra aceptó una oferta de 14 millones de dólares para hacer una gira por la Argentina -contratado por Palito Ortega- Brasil y Sudáfrica. «Antes de partir -cuenta José- Frank, que era muy supersticioso, se hizo tirar las cartas por su pitonisa. La mujer le vaticinó que lo iban a asesinar en Sudamérica.» Pero el dinero fue más fuerte que el temor. En Rio de Janeiro y Buenos Aires no pisó la calle. Roberto Viola, que era presidente en ese momento, fue al Sheraton a visitarlo, porque Sinatra no quería ir a Olivos. Tampoco fue al Hipódromo de Palermo, donde se corrió una carrera que llevaba su nombre y debía entregar el trofeo.
José dice que salió indemne de tantas noches de diversión gracias a sus padres, dos españoles que se conocieron en Buenos Aires. «Nos prepararon a Alberto y a mí para eludir las trampas nocturnas, en particular de los vicios.»
Cuando las historias desaparecen queda el presente, y hay que enfrentarlo. La cara de José se ensombrece, como si la noche de hoy fuera más triste que la de ayer. Razones no parecen faltar: «Ahora las disco son para 1.500 personas, con patovicas en la puerta y un lugar al que llaman VIP donde entra cualquiera. No tengo nada que ver con este mundo».

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