Opiniones

Ser madre y el costo de oportunidad

Las empresas deben garantizar que sus procesos de entrevistas no tengan sesgos de género, evitando preguntas como por ejemplo  "¿cómo te arreglas con el cuidado de tus hijos/as?" o "cómo harías en el caso de un viaje?".

En el contexto del día de la madre, queremos proponer una reflexión sobre la magnitud del impacto que tiene la maternidad sobre la inserción laboral de las mujeres.

En principio, hay un dato que nos debería llamar la atención: en Argentina el 94% de los varones con personas a su cuidado trabaja o busca trabajo, mientras que solo el 61% de las mujeres en la misma situación también lo hacen.

Esto responde a los roles de género asignados, es decir formas de actuación y comportamiento que social y tradicionalmente se asignan a varones y mujeres de acuerdo con normas culturales. Dentro de este esquema, las tareas domésticas y de cuidados serían responsabilidad de las mujeres, mientras que “salir a trabajar” y el sustento económico del hogar, sería una responsabilidad de los varones.

Ahora, este mandato de cuidado, ¿nos impacta a todas las personas por igual? Evidentemente no. En el caso de los varones, independientemente de su nivel de instrucción, su nivel de participación en la economía es siempre por encima del 91%. Es decir, ellos siempre “proveen”. Por el contrario, en el caso de las mujeres observamos que esto no es una constante: a mayor nivel de instrucción, mayor es la inserción laboral y menor la brecha. Entre las mujeres y varones con personas a su cuidado, y con nivel de instrucción primaria, la brecha de inserción es de 40%, y entre aquellos que tienen nivel terciario la brecha se reduce al 15%.

Estas diferencias se deben a una multiplicidad de razones, pero la principal es la falta de espacios de cuidado. Si no hay cupos en centros de primera infancia, no hay espacios de recreación y cuidado integrales para personas con discapacidad o soluciones integrales para personas mayores, quién asume la responsabilidad de cuidar, porque es lo que se espera de ella y por no tener otra opción, es la mujer. Además, el factor económico es decisivo: a menor nivel de instrucción, los trabajos disponibles no suelen ofrecer un salario que permita tercerizar el cuidado y además tampoco son lo suficientemente flexibles para conciliar la vida familiar y el trabajo.

En el caso de las mujeres con estudios terciarios o universitario la situación cambia, porque los trabajos a los que puede acceder le permiten buscar otras opciones de cuidado (que en general recae en otras mujeres) y son trabajos que avanzan en opciones y beneficios que habilitan cierta flexibilidad.

En este sentido, y con los cambios que se vienen, uno de los desafíos para los próximos años es implementar un sistema integral de cuidados, asumiendo el Estado su rol como garante de derechos, liberando a las mujeres de la responsabilidad de asumir, casi en soledad, estas tareas. Para que en el futuro, si asume ese rol, sea desde el pleno deseo y no desde la falta de opciones o el mandato no cuestionado.

Para que estas decisiones ya no se tomen en soledad, es necesario comenzar a concientizar sobre la corresponsabilidad en el cuidado. ¿Cual es el rol de los varones en el cuidado? ¿Por qué es importante? ¿Por qué no se reparten las tareas de manera más equitativa?

Las empresas también deben y pueden hacer su aporte al respecto: garantizando que sus procesos de entrevistas no tengan sesgos de género, evitando preguntas como por ejemplo “¿cómo te arreglas con el cuidado de tus hijos/as?” o “cómo harías en el caso de un viaje?”. Porque son preguntas que no harían a un varón padre, ya que asumen que hay alguien detrás que asume esa responsabilidad. Pero también porque esa mujer, que llega a esa entrevista, puede ser que aún no tenga el cuidado resuelto y necesite de ese trabajo para resolverlo.

El cuidado es responsabilidad de todos y todas, y debemos asumirlo para que más mujeres, que necesitan y desean trabajar, puedan hacerlo.

(*) Cofundadora de Grow, género y trabajo

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