Espectáculos

Serán en el siglo XX las nuevas “Bodas” de Mozart

La perfección y la fuerza de "Las bodas de Fígaro" ("Le nozze di Figaro", primera de las óperas de Wolfgang Amadeus Mozart que integran la llamada "trilogía Da Ponte"), regresan esta noche al escenario del Teatro Colón, en una producción cuyos responsables escénicos son Davide Livermore y Alfonso Antoniozzi y cuya dirección musical está en manos de Roberto Paternostro, recordado por su heroica labor al frente del "Colón-Ring" a fines del año pasado.

Las funciones (que salvo los domingos comenzarán a las 20) de hoy, del viernes 16, el domingo 18 y el martes 20 contarán con un reparto encabezado por Erwin Schrott, Julia Novikova, Mathias Hausmann, Maija Kovalevska, Serena Malfi y Luis Gaeta, en tanto que el sábado 17 y el miércoles 21 los papeles principales estarán a cargo de los argentinos Fernando Radó, Marisú Pavón, Fabián Veloz, Natalia Lemercier, Florencia Machado y Norberto Marcos. Dialogamos con Pavón y Lemercier, intérpretes, respectivamente, de Susanna y la Condesa.

Periodista: Ambas son argentinas pero sus carreras comenzaron y se desarrollaron en gran parte en Europa. ¿Qué significación tiene desde ese punto de vista esta oportunidad en el Teatro Colón?
Natalia Lemercier: Será la primera vez que cante aquí, si bien participé en la producción de "La viuda alegre" en el 2011 pero sólo tenía diálogos. Yo estudié en Santa Fe, quise estudiar en el Instituto del Colón y por razones de no homologación de las materias tenía que cursar todo de nuevo y no quise hacerlo, pero siempre me quedé con las ganas. Después me fui a Europa, me formé allá y hace dos años volví a hacer audiciones. Para ellos fue una sorpresa porque yo era argentina pero casi desconocida. Hubo un intento frustrado con "Cenerentola" que finalmente no pude cantar porque se me superponía con otra producción. Es una gran satisfacción debutar aquí y además con un rol que tengo muy cantado, eso da una gran tranquilidad. Es mi primera incursión oficial en el ambiente lírico porteño.
Marisú Pavón: Yo durante diez años canté en Europa y fui siendo conocida por las grabaciones de música antigua que hacía allá. Después apareció esta decisión casi obligada, si se quiere, porque cuando debuté en este teatro lo hice forzadamente con nada más y nada menos que la Pamina. A partir de ahí fue un camino sin retorno. Yo pensaba antes que me iba a quedar siempre con la música barroca, y hace tres años que no hago casi nada barroco, aunque por otra parte lo extraño.

P.: ¿Esa restricción al repertorio barroco respondía a un gusto personal, a cuestiones técnicas, de temperamento o de oportunidades?
M.P.: Era sobre todo una cuestión de comodidad. Me sentía como en casa en la música barroca, no tenía determinada exigencia y me resultaba natural cantar así. Cuando crucé la puerta me encontré con un mundo totalmente diferente, con otras exigencias vocales y musicales y me tuve que poner en training y actualizarme para estar presente en el medio. Y me sirvió mucho haberlo hecho también para tener conocimiento de otros aspectos musicales, como cuando Marcelo Lombardero me dio la oportunidad de hacer "Ainadamar" (nota: la ópera de Osvaldo Golijov) en el Teatro Argentino y se abrió ese flanco de la música contemporánea. Ahora estoy contenta y nerviosa a la vez porque estoy debutando el papel de Susanna.

P.: Es paradójico porque por lo general Susanna es una de las primeras cosas que canta una soprano.
N.L.:
Es cierto. Hay una cosa importante, y es tener a una buena partenaire. La comunicación entre la Condesa y Susanna tiene que ser total, deben ser dos confidentes, y yo sé lo que es debutar un papel como el de ella, que es el motor de la trama. En nuestro elenco muchos otros cantantes también debutan sus roles, pero saber que se hace causa común y que nos apoyamos mutuamente ayuda a estar mucho más seguro.
M.P.: No siempre se encuentra buena onda y compañerismo en un teatro de esta magnitud, donde todo es muy formal. Pero desde que empecé a cantar este tipo de música todo fue vertiginoso.
N.L.: La experiencia que uno trae es lo que le da el profesionalismo que le permite afrontar esas cosas. Nosotros como segundo elenco tenemos muchos menos ensayos, y eso es justamente un voto de confianza por parte de los responsables, ya que confían en que aún en esas circunstancias podemos afrontar la misma responsabilidad que el primer elenco.

P.: ¿Qué pueden adelantar sobre esta producción?
N.L.:
Está ambientada en los años 20. La historia comienza contada 50 años después en primera persona por Barbarina, la única que quedó viva. Las situaciones no difieren de las que conocemos, excepto por la ambientación, que es en la casa de verano del Conde y la Condesa. Me entusiasma hacerlo en una época distinta al siglo XVIII porque eso nos exige naturalidad total a la hora de actuar.
M.P.: Pienso que la gente se va a sentir más identificada porque hay una cercanía temporal y social. Es una situación cotidiana que le puede suceder a cualquier mujer y a cualquier hombre.

P.: ¿Cómo encaran estos personajes complejos?
N.L.:
Siempre tuve oportunidad de enriquecer con distintos elementos mis interpretaciones de la Condesa. Ella acepta que el marido la engañe y debe tolerarlo por cuestiones de apariencia social, pero en el fondo es una pobre mujer enamorada. Ella organiza con Susanna todas las trampas para el Conde pero no son una cuestión muy divertida, porque en el fondo ella querría que él no cayera y le demostrara que es fiel. Incluso el encuentro furtivo de ella con su marido tiene algo agridulce, porque él la acaricia como hace mucho no lo hace pero porque piensa que es otra. Como toda mujer, piensa que puede cambiar al hombre, que él se va a arrepentir, va a volver, pero no es fácil. Cuando ella le dice "Ya no soy más Rosina" está diciendo que algo en ella se quebró por las heridas que él le provocó.
M.P.: Susanna es el tornillo clave, la que desencadena y arregla todas las situaciones. Yo le encuentro un poco de todo: necesita mutar para solucionar y para enreda. Por momentos es pícara, por otros es seductora, por otros es un personaje complicado por su situación en la que no se siente cómoda y tiene que hacer algunas cosas aunque no quiera. Vamos a ver cómo resulta esa "bipolaridad" de mi Susanna.

P.: Se afirma con frecuencia que Mozart es un autor que deja muy expuesto al cantante. ¿Están de acuerdo con este concepto?
N.L.:
Mozart es difícil para el que no tiene todos los recursos técnicos. Es una excelente escuela de canto. Deja al descubierto si se piensa en cantarlo como se canta Verdi. La técnica es una sola pero el estilo hay que respetarlo. Si uno no está en buenas condiciones físicas puede costar mucho cantar Mozart, pero ahí es donde a uno lo salva la técnica. Yo me siento muy cómoda con su música y sobre todo en este teatro. Es fundamental el ensamble, que por suerte aquí está muy logrado.
Entrevista de Margarita Pollini

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