Opiniones

Shock distributivo para reactivar

La incidencia sobre los precios internos de la puja distributiva entre trabajadores y empresarios ha sido abordada en numerosas ocasiones por la ciencia económica, principalmente por la heterodoxia, habida cuenta que en el espectro monetarista solo se concibe a los aumento de precios por desequilibrios de índole monetaria. Lo que subyace es la pregunta si el fenómeno inflacionario actual de la Argentina está teniendo lugar producto de una puja por la distribución del ingreso o se explica por factores cambiarios, de costos y la misma inercia. En última instancia, el diagnóstico sobre la dinámica de precios actual, tiene relevancia a la hora de evaluar qué programa se puede aplicar para recomponer la compleja situación de los asalariados en Argentina.

La política económica llevada adelante por Cambiemos desde diciembre de 2015 implicó un desmadre en términos económicos, que llevó a la Argentina a producir cada año menos en relación al anterior (a excepción del año 2017). En 2019 el gobierno de Mauricio Macri cerrará su gestión con una economía 3,7% más chica que la heredada en 2015. Y en este contexto surgen algunos interrogantes.

Por ejemplo, si la aceleración inflacionaria de estos últimos 4 años (que ya acumuló más del 200% de crecimiento de los precios y superó a la de períodos anteriores) fuera producto de una puja distributiva entre capitalistas y trabajadores entonces estos últimos debieran haber avanzado en la apropiación de riqueza en relación a los primeros y debieran también haber experimentado bajas en sus ingresos de menor proporción que la baja que mantuvo la economía en el mismo lapso (para así aumentar su participación en la producción). No obstante, cuando se observa lo ocurrido con los sectores sociales trabajadores, jubilados y pensionados los datos refutan esta hipótesis.

En términos reales (descontada la inflación), la remuneración de los trabajadores registrados del sector privado cayó entre un 10 y un 15% (según tomemos el promedio o la mediana), las jubilaciones promedio cayeron 10% y la mínima 20%. Entonces, si los ingresos de los trabajadores cayeron más que lo que disminuyó la producción total, necesariamente lo que se quedó en las manos de algunos sectores de la clase empresaria indefectiblemente creció en estos años. Con lo cual, hablar de un problema de puja distributiva cuando los trabajadores, jubilados y pensionados han enfrentado semejante caída en sus ingresos reales no tiene el menor correlato con las estadísticas públicas, y mucho menos en un contexto en el que el desempleo aumenta y los asalariados pierden poder de negociación.

Es evidente que no son los trabajadores los que ganaron en la puja distributiva sino más bien algunos sectores concentrados de la economía local (finanzas, energéticas, entre otros). En este punto, proponer el congelamiento de la distribución del ingreso debiera referirse a establecer un freno al avance de algunos sectores empresarios que se vieron profundamente beneficiados por la actual gestión de gobierno y que dejaron a los trabajadores en una situación de vulnerabilidad extrema. Está claro en este escenario, que al mencionar al sector empresario no se está haciendo referencia a las pymes o al empresariado de mayor envergadura que apunta a colocar su producción en el mercado local (que son sectores que también sufrieron las consecuencias del ajuste) sino a aquellos que se beneficiaron del ajuste tarifario, de la valorización financiera y la fuga y tasas de las interés usurarias.

De la misma forma, es relevante cuestionarse sobre las razones que dieron lugar al bajo crecimiento de la Argentina durante los últimos años. En este punto, si nos posicionamos desde una visión heterodoxa y creemos que uno de los sectores del crecimiento económico es el consumo y su estímulo de la demanda agregada entonces la distribución del ingreso progresiva juega un papel central.

Los sectores trabajadores, medios y bajos, suelen gastar una mayor proporción de su ingreso en bienes y servicios en el mercado doméstico (ahorran poco y consumen más en relación a los sectores más adinerados). Debido a ello, no hay mejor impulso a la demanda doméstica que estimular los ingresos de las familias trabajadores y de los jubilados y pensionados. La caída en el ingreso de los hogares anteriormente mencionado explica en gran parte la caída del PBI de los últimos años. Si las familias no demandan, las empresas no invierten, echan trabajadores, cae nuevamente la demanda y este círculo vicioso se retroalimenta.

Con todo, la puja distributiva como forma de explicar los problemas de la economía argentina no tiene asidero en la situación actual. Pudo haberlo tenido en tiempos donde los salarios y las jubilaciones crecían por encima de los aumentos de los precios. Sin embargo, el fenómeno de la aceleración inflacionaria vigente es de otra índole y no se vincula con la presión de los trabajadores sobre las ganancias de las empresas. La centralidad hoy se debe buscar por el lado del desbalance externo y el desmadre cambiario. La suba del tipo de cambio y las tasas de interés extraordinarias convalidadas a los bancos (además de los tarifazos) son las principales causas de la inflación actual.

Del mismo modo, la menor participación de los trabajadores en el ingreso que se dio en este último tiempo funcionó como freno al crecimiento al dinamitar el mercado interno. La capacidad ociosa de la industria y languidez del consumo, son elocuentes. En el contexto actual, hay margen suficiente para implementar una recomposición de los ingresos populares sin generar tensiones distributivas considerables. Hay que ir por un shock distributivo para recomponer niveles de demanda perdidos en estos años.

(*) Director de la Licenciatura en Economía de la Universidad Nacional de Avellaneda e Integrante del colectivo EPPA.

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