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“Si la economía crece 1,5% en 2018, será una buena noticia”

• ENTREVISTA A DANIEL ARTANA
En la tradicional entrega, el economista jefe de FIEL consideró que no estuvo claro cómo operó el Banco Central durante la turbulencia, estimó un menor crecimiento para este año y niveles de inflación similares a los de 2017. Rechazó la idea de que el país esté cerca de vivir un contexto similar al de 2001. “La decisión de ir al Fondo tiene algún riesgo, ya que se está usando la última carta”, observó..

1| Metas de inflación

Es bastante obvio que no se va a cumplir la meta del 15%. Ya era bastante difícil antes de las turbulencias cambiarias que tuvimos en las últimas semanas. Después de la depreciación del tipo de cambio, algún traslado a los precios va a haber. Este año me parece que vamos a terminar unos 10 puntos por encima de la meta, en niveles similares a la inflación del año pasado. Desde el comienzo, el Gobierno fue poco ambicioso en lo fiscal y muy ambicioso en materia de reducción de inflación. Había que financiar el déficit en el exterior, lo que explicó el atraso cambiario tras la unificación, que se vio interrumpido por las elecciones del año pasado, cuando la expresidenta lideró las encuestas en algunos estudios para la provincia de Buenos Aires, que en parte tiene que ver con esta inconsistencia. El proceso debe ser más armonioso. Nunca ha quedado muy claro cómo se habían calculado las metas y cuál era la consistencia macroeconómica de estas. Igual, cuando hicieron la corrección el pasado 28-D, siguieron poniendo una meta muy optimista, a mi juicio.

2| Déficit: fiscal y de cuenta corriente

El déficit fiscal y el de cuenta corriente están muy relacionados en la Argentina. Hay literatura empírica y teórica que indica que no son sustitutos perfectos. Hubo distinguidos colegas que dijeron que no tiene mucho que ver un aspecto con el otro, señalando que si mejoraba el plano fiscal, los agentes van a esperar menos impuestos futuros, volviéndose entusiastas y van a consumir más, de modo que van a terminar desahorrando lo que el Gobierno se ahorró en un primer momento. Yo no creo que esto funcione en la práctica; habrá alguna sustitución, pero parcial. Uno no puede ver el resultado externo de un año para identificar el problema, sino que hay que analizar el proceso. En el artículo IV del FMI llegaron a la conclusión de que Argentina tendría un nivel cómodo del déficit de cuenta corriente en torno al 2,5% del PBI, y el año pasado llegó a 5%. Si yo voy a corregir el rojo gradualmente, tengo que hacer un análisis para ver qué número voy a necesitar para financiar el proceso. Yo había calculado que en tres o cuatro años se iban a necesitar unos u$s100.000 millones. La apuesta que hizo el Gobierno de que íbamos a tener este financiamiento fue riesgosa y no salió bien porque ahora nos obliga a hacer más rápido lo que no se hizo en el primer año de gestión de Macri para alcanzar la consolidación fiscal.

3| Negociaciones con el FMI

El Gobierno hizo la cuenta de que no tenía asegurado el financiamiento y va a necesitar fondos para el próximo año y medio. Para financiar el déficit de cuenta corriente, la economía va a necesitar unos u$s50.000 millones, pero la inversión extranjera directa aporta poco y se financia con préstamos a los sectores público y privado. Si uno mira la pata fiscal, en la proyección para 2019, Argentina tenía un déficit primario e intereses menos lo que le iba a aportar el BCRA de unos u$s26.000 millones, cifras que van a modificarse, tras la depreciación y el cambio de metas fiscales. A esto se le sumaban unos u$s22.000 millones de amortizaciones, lo que indica que el año que viene el Gobierno iba a tener que ir a buscar un financiamiento importante. La tasa que ofrece el FMI te permite acceder a un préstamo a un menor costo, pero la decisión de ir al fondo tiene algún riesgo, ya que está usando la última carta. Si Argentina busca seguir en el sendero de una convergencia gradual, va a requerir de financiamiento más allá de 2019, lo que requiere de un programa de mediano plazo para que uno vea que tanto el déficit fiscal como el de cuenta corriente se van cerrando. Reducir el déficit fiscal es la madre de todas las batallas en la Argentina, pero históricamente, el país siempre ha perdido por goleada.

4| Crecimiento para 2018

Es difícil hacer proyecciones ahora porque va a depender del momento donde se empiece a normalizar la tasa de interés, que va a llevar un tiempo. Vamos a tener un tercer trimestre donde la economía probablemente no crezca. Antes de todos estos líos, proyectábamos un crecimiento del 2,5%, producto de la sequía, pero en promedio, si este año termina en 1,5% será una buena noticia. Y si uno hace las cosas bien, puede retomar el ritmo de crecimiento el año que viene.

5| BCRA durante la turbulencia

El Banco Central trata de operar con todas las herramientas que tiene; no se lo puede limitar porque en algún momento tuvo problemas políticos con las operaciones de futuros. Ahora, en el transcurso de la crisis no me quedó muy claro cómo estaba interviniendo, ya que en un principio dio a entender que buscaba poner el foco en la inflación de mayo, que se esperaba alta, pero luego no quedó muy claro el objetivo. En la primera parte del año, el BCRA había agregado un instrumento temporalmente aparte de la tasa, con la venta de reservas para estabilizar al tipo de cambio en torno a los $20, para usar un número redondo. Esto se justificaba porque se había detectado que la depreciación del tipo de cambio entre noviembre y febrero había tenido algún impacto sobre la inflación core. Pero cuando se desató la turbulencia, uno entró en otro juego, con la salida de capitales de los países de la región y la depreciación de las monedas. No entendí por qué vendieron u$s1.475 millones a una paridad del $20,20, por ejemplo. Quizás pensaron que el fenómeno podía ser transitorio, pero no quedó claro el objetivo porque vendieron divisas en un contexto donde el precio crecía, hasta que luego puso la orden de u$s5.000 millones a $25 y el público entendió que había un techo de corto plazo. Eso, junto a la colocación en pesos del Ministerio de Finanzas, ayudó a calmar las aguas. La pregunta es por qué no lo hicieron antes, pero a veces es fácil opinar ex post.

6| Principales riesgos externos

Está el riesgo de que siga subiendo la tasa del Tesoro de EE.UU. Hay informes de bancos que siguen la coyuntura norteamericana que indican que esto puede no haber terminado acá y que se puede apuntar a una tasa de interés más alta. Hay un debate muy interesante sobre la tasa de interés real a la cual converge la economía americana. Hoy en día, si se mira ajustada por la inflación de EE.UU., está por debajo del 1% anual, cuando históricamente se ubicó 3 veces por encima de esta cifra. La pregunta es: ¿convergemos a un número de la historia o vamos a niveles más bajos? Aunque crezca un poco, con una inflación del 2% en el largo plazo, tendríamos mayores subas en las tasas, que podrían ser de entre medio punto o un punto adicional. La segunda cuestión es que nos ha complicado que la recuperación en Brasil viene más lento de lo que se esperaba. También está el problema de la sequía, que se verá parcialmente compensado por los precios, pero el año que viene se perderán más de 20 millones de toneladas, que es un número muy importante. Eso también es externo porque es un evento climático que no ocurre todos los años.

7| Diferencias con 2001

Esto no tiene nada que ver con 2001. En su momento, el país tenía una caja de conversión, en un momento donde la situación macroeconómica requería de una depreciación del tipo de cambio real, pero con esta caja no se podía hacer depreciando, sino deflacionando, una mala solución siempre. La economía tenía la mayoría de los contratos definidos en dólares; si se salía de la conversión, se corría el riesgo de que quebraran los bancos y el soberano, lo que terminó ocurriendo en el 2002. Se decidió armar una asistencia especial para los bancos y se terminó en el default de la deuda. Hoy en día no estamos en la misma situación. El tipo de cambio flotante da una mayor ventaja frente a esa situación, pese a que no arregla todos los problemas mágicamente. Además, Argentina estaba en una situación complicada porque había salido de los mercados voluntarios de deuda en marzo del 2000 y tenía cortado el financiamiento. El tercer elemento es que el país había realizado un blindaje que no se había cumplido y había recibido un apoyo muy importante de la comunidad internacional. Y ante el incumplimiento, el FMI dejó de apoyar al país. Ninguna de estas cuestiones está presente hoy en día. Realizar este análisis está comparar peras con tomates. Nunca se terminó de comprender el problema del 2001: era una situación desesperante de falta de plata, pero estamos a años luz de un contexto similar.

Entrevista de Caetano Mohorade

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