Si las inversiones energéticas son costosas las tarifas serán altas

A la corta o a la larga los costos de generar energía eléctrica son pagados por la población, con tarifas altas si se pretende que las tarifas que pagan los consumidores cubran todos los costos, o con déficit fiscal que lleva a la emisión monetaria o al endeudamiento del Estado. Es decir que siempre es la gente quien termina pagando los costos. Por esta razón es esencial para tener una buena política energética definir planes de inversión que tengan la mejor relación beneficio-costo, bien medida incluso de los efectos positivos o negativos que impactan fuera del sistema de precios, es decir las externalidades.

Todo indica que en los próximos años seremos un país abundante en gas, ya que comenzó un periodo de aumento en la producción de no-convencionales, principalmente shale gas en Vaca Muerta. Las estimaciones que realizan las autoridades energéticas apuntan a nada menos que la duplicación de la producción de gas en los próximos 5 años.

Tengamos en cuenta que podremos exportar gas a buenos precios a nuestros países vecinos (Chile, Brasil y Uruguay), pero no será tan rentable para nuestra producción de gas el acceso a los grandes mercados regionales por su lejanía geográfica a la cual hay que añadir los costos de licuefacción y posteriormente los de gasificación. Esto nos indica claramente que una buena decisión es expandir el mercado interno, por ejemplo con inversiones en generación de energía eléctrica que utilicen gas.

Al mismo tiempo nuestro país tiene un alto potencial hidroeléctrico sin explotar, que permitiría casi triplicar la actual producción de esta energía limpia. Las posibilidades de generación hidroeléctrica están bien distribuidas regionalmente, ya que se ubican en la zona andina y también en la Cuenca del Plata.

No olvidemos que uno de los mejores proyectos hidroeléctricos del mundo, por su bajo costo por KWH generado, se ubica aguas abajo del Iguazú (Pindo-i), en la provincia de Misiones. En la actualidad estamos explotando apenas un tercio de nuestro potencial hidroeléctrico.También existen buenas perspectivas para las nuevas energías renovables, solar y eólica, con un importante aporte a las economías regionales debido a su localización geográfica. Es notable el sostenido descenso en los costos de este tipo de energía debido a los avances tecnológicos.

Es importante prestar atención a los costos de inversión de cada tipo de energía eléctrica, ya que son fundamentales para determinar los niveles tarifarios requeridos para cubrirlos con el esfuerzo de los consumidores, salvo que se pretenda cubrirlos con déficit fiscal. Según los escenarios energéticos presentados por el entonces Ministerio de Energía y Minería en diciembre del año pasado, las relaciones de costos de inversión por KW son las siguientes tomando como referencia la energía nuclear, que es la más costosa de todas.

El costo de inversión del KW nuclear es 4,8 veces mayor al costo eólico y 6,6 veces mayores al costo de inversión del ciclo-combinado de gas y del solar fotovoltaico. La comparación de costos con la energía hidroeléctrica depende en cada caso de las características físicas de las obras, pero a título de ejemplo, señalemos que el costo de inversión nuclear por KW es nada menos que el triple del costo por KW de Pindo-i.

Si incluimos además los costos de operación también resulta que, en todos los casos el KWH generado más costoso es el nuclear.Señalemos que nuestro país ocupa un lugar destacado en el mundo en materia nuclear, ya que se han realizado durante muchos años importantes avances en investigación y desarrollo, por esta razón es importante fortalecer aún más estos programas tecnológicos que propicia el Estado argentino, ya que es considerable el capital humano acumulado por tantos años en el área nuclear, pero esto no exige de ninguna manera realizar inversiones de gran magnitud donde los costos son mayores a los beneficios.

No olvidemos que países que logran aumentar su PBI y mejorar el nivel de vida de su población, lo hacen cuidando muy bien la forma de elegir las inversiones de toda su infraestructura, procurando maximizar la relación beneficio-costo. Invertir nuestros escasos recursos fiscales, que no nos sobran si tenemos en cuenta nuestras carencias en pobreza, salud y educación, en proyectos con costos mayores a sus beneficios es una carga negativa para toda la población.

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