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Sinatra en el Luna Park, la trastienda de una visita que costó millones

Cómo fue la previa y la estadía de "La Voz" en Argentina. Amenazas y reuniones políticas. La participación del tío de Macri y la deuda de Palito.

“Llévame a la luna

déjame jugar entre las estrellas

déjame ver cómo es la

primavera en Júpiter y Marte”

El comienzo no pareció casual. “Fly me to the moon” en la voz de “La Voz”, y en vivo, era lo más parecido a un sueño al cuadrado para todos aquellos que se dieron cita en el Luna Park el 9 de agosto de 1981. Sinatra cantó la primera y según los testigos preferenciales, los presentes cayeron noqueados en el mismísimo “Palacio del box”. No era una visita más. Una de las figuras más populares del siglo XX estaba en Argentina brindando una serie de shows en un contexto de país todavía absorbido por la dictadura. ¿Pero qué pasó antes de aquel día?

“¡Pirín! ¡Andate a la puta que te parió! le grité, y colgué el teléfono”, cuenta Peter Deantoni en el libro Pappo Made in Usa sobre una llamada que recibió un día de 1981 a las cuatro de la mañana. Claro que quien estaba del otro lado de la línea no era el amigo que el histórico mánager de Pappo imaginaba.

“Excuse me? I don´t speak spanish”, insistió el que llamaba.

Quien hablaba era Bob Kiernan, persona de confianza de Sinatra, y encargado de las luces y el sonido de “La Voz”. Su fin, hablar de producción. La idea era conocer el Luna Park para llevar adelante un show seis meses más tarde. Lo que vino después fue una serie de reuniones operativas, políticas empresariales de las que participaron Palito Ortega, Tito Lectoure y Horacio Malvicino y varios dictadores de época, entre otros. Las exigencias eran varias: desde el escenario en el centro (algo que ya habían realizado en el Madison Square Garden) hasta una serie de pedidos estrafalarios para el camarín: paredes blancas, alfombras negras, lámparas de pie, sillones, etc.

Cuando llegó el día del show, luego de una serie de conciertos que Sinatra realizó en el Sheraton, y a los que asistieron Videla y Harguindeguy, y varias figuras de turno, no todo estaba como era de esperarse. “Para colmo, la noche anterior hubo una función del Circo de Moscú y todo olía a bosta de elefantes”, recuerda Deantoni.

Bob Kiernan se puso firme: “Decile (a Lectoure) que por su bien saque a los elefantes, la bosta y la viruta del circo”. Lo que decía Kiernan no era en sentido figurado. Y eso que Lectoure era bravo. Jilly Rizzo, jefe de seguridad de Sinatra fue más específico: sacó un revólver y se lo puso en la cabeza al dueño del Luna Park.

“Ten minutes! Ten minutes! Do you understand?”.

No hizo falta traducción. Tanta camaradería hubo entre Sinatra y la gente que trabajó para su show, que una vez terminado, “La Voz” le agradeció a Deantoni por su trabajo y le preguntó qué le podía facilitar. La respuesta fue inmediata: la visa para Estados Unidos. A los pocos días, el mismo mánager de Pappo se fue a la embajada con la carta de recomendación que le había firmado Sinatra y al presentarla, escuchó: “Sr. Deantoni: bienvenido a los Estados Unidos”.

Pero no todas fueron anécdotas con final feliz. Se sabe que Palito Ortega, gestor de la visita de Sinatra al país, perdió más de un millón y medio de dólares cuando esperaba ganar más de tres. Sinatra no lo olvidó. Sabía de los problemas económicos del país, y el propio Palito contó luego cómo el norteamericano le devolvió la mano.

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Una relación que había arrancado con Sinatra rompiendo el hielo: “¿Cómo hace para hacer todo lo que hace y tener cinco hijos? Me gustaría conocer Buenos Aires y no estar tan encerrado como en Río de Janeiro”.

Sinatra venía de ofrecer un show para más de 150 mil personas en Brasil. Alcides Gighía, quien marcó el gol con que Uruguay se consagró campeón en el Mundial de 1950, aseguró hace unos años: “Sólo tres personas silenciaron el Maracaná: el Papa, Sinatra y yo”. Un año más tarde, “La Voz” llegó al país con una comitiva de casi 60 personas, entre ellas su mujer Bárbara, y 125 valijas.

Una vez instalado en la suite del Sheraton, lo primero que hizo Sinatra fue pedir que pongan Boca-Ferro en televisión porque quería ver a Maradona. Cuentan Diego Mancusi y Sebastián Grandi en el libro “Operación Sinatra” (de reciente edición) que Sinatra hablaba sin filtros con Ronald Reagan, quien había sido electo presidente de Estados Unidos hacía menos de un año.

Durante las noches de show del Sheraton se sucedieron diversas reuniones. Una de ellas encontró al cantante con Armando Lambruschini, segundo de la Junta Militar al mando de Viola. Estados Unidos había sido clave en la coordinación de acciones y apoyo mutuo entre los países latinoamericanos gobernados por militares. Y en esa lógica de recorrer el mundo y de su gran llegada a los políticos de turno, Sinatra siempre fue acusado de ser parte de la CIA. Y en esa línea, cualquier reunión con líderes de Estado tenía un valor agregado.

En la previa a la llegada de Sinatra se había dado otro encuentro llamativo. Antonio Macri, tío del actual presidente y alto directivo del Banco de Italia y Río de la Plata, la entidad financiera con la que Palito operaba, se encontró con Ricardo Finkel, socio de Palito en Chango Producciones. Al momento de firmar el contrato con Sinatra, el dólar costaba 2.300 pesos ley, cuando llegó “La Voz”, la moneda norteamericana cotizaba en 7 mil.

Sinatra

“Absurdo”, tituló este diario el 16 de junio de 1981 dando la noticia de que Palito había sido sorprendido saliendo del Ministerio de Economía. “Ya son muchos los que saben que detrás de múltiples quejas sectoriales hay exageraciones para sacar ventajas o subsidios. Pero ayer se llegó al extremo de que Ramón Ortega obtuvo una audiencia con el subsecretario de Hacienda, Jorge Berardi, para obtener cambio diferenciado y poder traer a Frank Sinatra. Ante los periodistas dijo este cantante que ‘era su primer intento’ en ese sentido. Así que espera realizar otras gestiones”.

La visita de Sinatra por Argentina no pasó inadvertida para nadie. Y menos para aquellos que tuvieron el honor o la desgracia de cruzarse con todo el entorno del mejor cantante de jazz de todos los tiempos.

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